La vuelta fue silenciosa. Los tipos no hablaron, balbuceaban con confusión cuando Jacob terminó de arreglar el vehículo donde venían para que Enzo lo llevara de vuelta a Costa Norte. Más armamento dentro de la camioneta nos confirmó que eran Benignos; ¿qué fugitivo hubiese dejado pasar la oportunidad de cargar con algo para defenderse? ¿O con qué se habrían defendido si no había rastro de armas o al menos balas? Volvimos tan confundidos para siquiera saber qué pregunta empezar a hacer.
Enzo siguió de largo con el vehículo una vez que doblamos dentro de Costa Norte. Jacob y yo doblamos hacia el único lugar que podría llegar a sacarnos las dudas en lo que los demás se encargaban de esta gente y se comunicaban con los Benignos. Ya habíamos confirmado por la radio nuestra vuelta, y al llegar frente a la casa del Doc, ya casi terminando de ser remodelada su expansión, Tom y Claire ya estaban ahí.
Tom miró la moto en lo que me sacaba el casco al bajarme.
—Me toca después —señaló la moto. Golpeé su hombro con broma al dejar mi casco y apuré mi paso hacia la casa.
Me sentía inquieto en lo que los cuatro nos adentramos por la casa. Hacía muchas semanas que no había vuelto a pisar ahí dentro, muchos malos recuerdos, y si podía evitaba ir. Pero las refacciones parecían hacerlo distinto y eso ayudó a mi tonto trauma para que sea ignorado. El Doc nos esperaba en su cocina, Troy poniendo el agua en una tetera a calentar para cuando llegamos.
Ambos no se sorprendieron de vernos llegar tan rápido. Doc tomó un sorbo de su te.
—Muy bien —dejó caer su taza y se cruzó de brazos—. Antes de empezar con las preguntas, esperaremos bien a la confirmación de Julia para que nos diga si esta gente es la que los Benignos buscaban...
—Sí era —interrumpí—. Estaban armados hasta los dientes. Sus armas tenían esas marcas raras que tienen ellos y Jacob dijo reconocer a uno de ellos como anómalo que ahora... no lo es.
Jacob se apoyó en la mesada y aceptó la taza que Troy le ofreció.
—Puedo también equivocarme, todos tienen caras de enfermos...
—Lo reconociste al instante —lo señalé—. Entiendo que en tu confusión dudes ahora, pero en el momento estabas bastante seguro.
—No lo sé-
Rodé los ojos. Durante la vuelta no había dicho mucho, seguramente tratando de recordar dónde podría haber sido que habría visto a ese tipo, Mauricio había dicho que se llamaba, controlar el viento hasta 'ahogar a sus víctimas'. Los otros dos no los tenía de rostro y yo tampoco. Por alguna razón, parte de mí se aferraba a esta curiosidad sin sentido, a buscar respuestas a algo que pueda haber sido una confusión. Mis dedos se tensaron, cosquilleando inquietos. Había algo que no me cerraba del todo.
Doc palmeó el hombro de Jacob.
—Ya sabremos. Por el momento solo queda esperar y escuchar lo que vieron y saben ustedes del lugar —volvió al tema. Claire y Tom se sentaron en los taburetes de la mesada. Yo me quedé parado, aceptando uno de las tazas, cada una de distintos juegos, y humeante en mis manos. La calenté más a mi gusto con las palmas de mi mano. Claire me pidió lo mismo. El Doc se apoyó también en la mesada—. Sin rastros, sin nada atrás más que el mismo vehículo, todo el armamento, y tres personas que no recuerdan quién es Erik.
Tom fue el primero en hablar:
—Podría haber sido una trampa que salió mal. Erik ya en sí nos obligó a ir, podría haber sido para un tipi de advertencia hacia nosotros —propuso. Troy agitó su cabeza.
—¿Para qué? No tendría sentido. Tiene todo lo que quiere, nosotros pasaríamos a ser peones. Más empezaría a preguntarme, si es que su historia de perseguir fugitivos es verdadera —aclaró su garganta—. ¿Sabía que venían hacia Costa Norte? ¿Cómo y por qué?
Esta vez, Claire resopló.
—No estuve en la reunión de la madrugada, pero no nos llamaríamos peones en este caso —comentó—. Si hablamos de un juego de ajedrez, los peones son los que se sacrifican. Lo último que haría él es sacrificar el valor de Costa Norte, creo que haría todo lo contrario.
—Amor, nos odian —Tom ladeó su cabeza al hablarle a ella y Claire apoyó su mano en la pierna de él.
—Claramente. Pero la realidad es, somos la segunda ciudad que más ha crecido y sostenido en contra de todo ataque militar. Él tomó la Ciudadela, por eso lo ponemos en primer lugar —explicó, tomándose el tiempo de mirarnos a cada uno al seguir—. Pero para él el juego no parece terminar con solo la ciudadela. Esos son sus peones, los Benignos. Nosotros somos... el caballo.
Doc sonrió, entendiendo a lo que iba.
—Porque no tenemos una barrera que nos detenga, el salto limitado, sí, pero aleatorio en otras circunstancias —asintió. Conocía la estrategia del juego de ajedrez lo suficiente como para saber qué estaban hablando—. Nos quedamos sin nuestra pieza más importante, que protegía al rey que sería Costa Norte, pero seguimos con las demás piezas con valor que Erik... tanto no tiene, si es que tiene fugitivos.
Troy continuó el juego de ellos.
—Entonces, ¿podría hacernos una trampa para ver que piezas nos puede quitar?
Yo entré con una pregunta que escapó de mi boca.
—¿...o verificar cuales piezas realmente nos quedan?
No iba a mentir y pensar que lo primero que cruzó mi cabeza desde que noté la confusión en la gente que habíamos traído, que solo una persona podría haber sido capaz de causar algo así. Imposible, tonta, ingenua y depresiva; así describía mi forma de pensar, la tonta ilusión y la debilidad de no saber dejar ir. Pero la pregunta estaba, y supe que soltarla fue un error. Las miradas de todos se entristecieron, la pena llenando sus irises al momento que todos se giraron a verme.
Peleé para no sonrojarme, para no sentirme avergonzado de traerla siempre a las conversaciones.
—Noah...
—No dije que sea cierto, no me malentiendan —escupí, mirando para cualquier lado excepto hacia ellos—. Pero estamos hablando de alguien loco que está perdiendo. ¿Y si está buscando algo a qué culpar? ¿Fuese nosotros o un... un fantasma de alguien que ya no está?