Cuando la supernova había arrasado con la tierra, nos dividió en dos grupos. Los sobrevivientes, los que no habían tenido contacto, los que se habían salvado del tipo de la radioactividad energética que había emanado de una estrella que había estallado y su barrido había llegado a nosotros mucho más cerca de lo que debería. Este lado no había sufrido consecuencias en sí, no al menos físicas o dentro de ellos. Podrían haber perdido familiares, amigos, conocidos; otra subdivisión que, a diferencia de las demás, habían tenido un final y ya. Pero después llegaron los anómalos, yo entre ellos, y lo que nos diferenciaba era justamente la energía que ahora corría en nuestros cuerpos y nos daba una ventaja: tener una anomalía que controlaba algo que otros no.
Recordaba cómo la mía se había adaptado en mí. Dolorosa, mi cuerpo peleando contra ella como si fuera una infección, una fiebre descomunal que estaba derritiendo y quemando todo a mi alrededor hasta que tuve que escapar de donde estaba para no lastimar a nadie. No había sido fácil, no tengo el mejor recuerdo del fuego empezando a aparecer en mis venas o desprendiendo de mis poros. Aun así, con todo el dolor que me causó tenerla, mantenerla, cuidarla y que crezca conmigo, no podía imaginarme mi vida sin ella ahora. Era parte de mí, enlazado a mi ser de maneras que no quería ni saber qué pasaría si se desprendía de mí.
Pocas veces había visto el suceso de alguien que perdiera su anomalía o se la quitaran. El tipo que nos había atacado meses después de haber llegado a Costa Norte la primera vez, consumido por su propia energía, y que su brillo se adaptó a alguien más. Murió en el proceso por su propio estallido, quemándose en el proceso sin su anomalía. Marla fue la siguiente; para vencerla, su anomalía tuvo que ser absorbida y, como una carta de reversa, fue usada en su contra para vencerla. Y después a la chica que tenía frente a mí. Olivia había cedido su poder a la misma persona que había adaptado y absorbido otra anomalía. Los tres casos y sólo una persona en común.
Ahora, ¿devolver una anomalía? ¿Sin la supernova? ¿Sin la Supernova?
Volví a parpadear con fuerza. Imposible. Yo hubiese sentido la vuelta de su anomalía, hubiese percibido todo este tiempo el proceso de su energía volviendo. O que al menos un poco de ella había quedado para volver en sí. Alguien tendría que haberlo visto. O sabido. O mencionado. No habría razón para ocultarlo, no cuando significaba una buena noticia.
¿Verdad?
Tironeó de mi brazo en lo que me quedé mirándola por vaya a saber cuánto tiempo. El niño había salido del pequeño cuarto y ella cerró la puerta al segundo que se aseguró que estábamos solos. Se giró hacia mí, manos en alto para que mantuviera la calma, y causó el efecto contrario. ¿Porqué tendría que calmarme? ¿Acaso ella esperaba que me alterara? No estaba en lo incorrecto, mi respiración estaba más pesada de lo normal. Pensando, analizando, no entendiendo.
Olivia se tomó su tiempo para hablar, su voz casi un murmullo. Secreto.
—No es lo que...
—¿Parece? —mi voz apareció de la nada, mi interrupción tomándome hasta a mí por sorpresa. Su corazón bombeaba con fuerza, podía sentir el calor de su cuerpo elevarse en su reaccionar. Nerviosa. Su anomalía, a la que vaya a saber desde cuando había ignorado, fácil de encontrar si me concentraba. Ahí estaba; completa, sana y de vuelta en dónde pertenecía. Tragué pesado—. Parece que tienes tu anomalía de vuelta. No creo estar para nada confundido.
Se volvió a quedar callada, ojos fijos en mí, y asintió. Pero no explicó. No trató de justificar cómo, cuando o por qué. Y eso confirmó una extraña duda en mi cabeza a la cual no quise recurrir, no quería tocar y que me volviera a lastimar cuando estaba todavía en proceso. Me dejé caer contra la camilla detrás de mí, mi pecho y brazos pesados, comprimidos. Sin dejar de mirarla en lo que la pregunta sonó sola.
¿Quién?
Solo había una persona. Que la conocía, que sabía dónde estaba, quien había tomado su anomalía y que podía devolverla. A menos que alguien más pudiera manipular energía, dar anomalías y desarrollar restos de otras. No era cuestión de tiempo y que la muerte de la Supernova hubiese sido el detonante de devolver las anomalías, Olivia habría recuperado la suya meses atrás y no habría sido algo que estaría manteniendo secreto. Que lo estuviera haciendo, que me encerrada en un cuarto por haberla atrapado usándola; todo señalaba a que había una única anómala capaz de hacer algo así. Alguien que se suponía, y yo peleaba por aceptar, que estaba muerta.
¿...verdad?
Mi silencio la incomodó más y tras dejar ir una bocanada de aire, dejó caer sus brazos.
—Empezó hace días. N-No... no sé cómo —dijo, sus ojos cayendo a sus manos—. Un día desperté, como cualquier otro día, y... y no tenía más cicatrices. O dolores. O hasta mi rostro... —señaló sus mejillas—. Toda marca en mí se había vuelto a ir. Y me sentí mejor, como no me había sentido en meses, y supe que... que había... que tenía mi anomalía de vuelta.
Asentí. Era reciente, no tan reciente. Hacía poco tiempo la había visto y la había notado mejor; ¿acaso ya estaba con su anomalía ahí? ¿Por qué no me lo había dicho? ¿Cómo no lo había notado?
—¿Alguien más sabe? —pregunté, las palabras pesadas en mi boca, otras queriendo reemplazarlas y yo empujándolas hacia atrás—. ¿El Doc? ¿Troy?
Negó. Respiré hondo, queriendo preguntar por qué, y ella supuso lo mismo.
—No quiero causar más... dudas. Es extraño, es... es inexplicable —murmuró, sus manos buscando con qué ocuparse y encontrando mechones sueltos de su pelo colorado—. No sé por qué pasó, no se ni cuándo empezó. No sé nada. Y... y aun así...
—Aun así... ¿qué?
Levantó la vista, su cabeza ladeada y me temblaron las manos tanto que me aferré a la camilla en la que me apoyaba.
—Noah —empezó—. Nadie más que Taylin-