Nova Era

[̴08~

Yo ya lo sabía.

Ese fue mi primer pensamiento. Que una parte dentro de mí, en lo profundo e ignorada constantemente, siempre lo había sabido. No había hecho falta nada de las pruebas que podría haber pensado después; los soldados, Olivia, Zafira, mi anillo… y ahora su imagen reflejada en una cámara que la había captado de casualidad. Mi inconsciente, aferrado a mi negación, a mi dolor y necesidad de superación, había evitado pensar en esa opción con seriedad y la empujó tan lejos como pudo en los primeros meses. Rozar la idea era doloroso, por todo lo que podría implicar haberme ilusionado en su momento y qué habría hecho.

Con el brazo que seguía presionándome el cuello y el celular aún a centímetros de mi rostro, me pregunté qué tendría que hacer. Cómo tendría que reaccionar. Y sin respuesta, me quedé mirando la pantalla.

Viendo a la Supernova.

Al cuerpo de la única persona por la que yo dejaría que el mundo entero se pudriera.

Taylin.

No. Ella no era. Esa luz, esos ojos, esa expresión vacía... no le pertenecían a mi novia. No necesitaba estar cerca para saberlo. La que estaba en pantalla era solo alguien más usando su cuerpo y su energía. La Supernova.

Aun así, mi corazón se apretó. Mi aire se atoró, un poco por el brazo, un poco por las emociones; y un poco por la culpa. La Supernova había sobrevivido y había estado sola todo este tiempo. Taylin o no… seguía siendo una parte de ella, viéndose como ella.

Mi Tay.

El silencio en la sala era pesado, la noticia rebotando en el aire como una bala que atravesó a todos. Nadie se movió; ni los Benignos que habían venido con Erik, Daniel que presionaba su arma contra el cuello de mi gemelo, o mi propio grupo que nos miraba con tal sorpresa y confusión que yo no tenía tiempo (ni aire) para contestarles. Para decir algo. Haz algo, imbécil. Di algo. Reacciona. Busca aire. Me faltaba el oxígeno por el brazo presionando en mi tráquea… ¿o era la bola de emociones armándose en mi pecho y ahogándome?

Tom, a mi lado, había visto también la imagen. Sentí el cambio de temperatura a mi lado, su sorpresa.

—¿Es…? No… espera ¿…Tay? —boqueó, no dándole importancia al tipo que lo sostenía. Ya nada importaba más que la noticia. Mi hermano jadeó, sus ojos cayendo en mí. No saqué mi vista de la pantalla, no podía, sentía la mirada de todos en mi reacción—. ¿N-Noah…?

Mi única reacción que encontré en mí fue levantar la vista lentamente, encontrándome con el ojo furioso del líder detrás de la pantalla y esperando un movimiento de mí. Que confirmara que era ella, que le dijera que lo sabíamos, como él suponía, o decirle la verdad y confesarle que hasta hacía unos segundos, yo seguía pensando que no tendría que haber manera de que ella estuviera viva.

Jacob, cerca de nosotros y congelado en su lugar, se ahogó en sus palabras:

—N-No… imposible… todos la vimos estallar…

—Nunca encontramos su cuerpo —escupió Daniel—. Sin cuerpo no hay muerto, pero siendo ella, confiamos de más.

—¿T-Taylin está…? —El Doc.

—Quédese donde está, viejo —un tercer Benigno habló. Escuché el ruido metálico de un arma y mis dedos se tensaron.

—Baja ya esa arma, pedazo de inútil — gruñó Enzo y no escuché ningún sonido que siguiera esa orden.

Se empezó a armar un barullo de fondo, preguntas surgiendo, debates, negaciones. Todo lo que yo había atravesado en mi interior los últimos días y había lidiado de la peor manera ahora siendo externo y general, grupal. Quienes habían negado o simplemente ignorado la idea (como yo) de que la Supernova hubiera sobrevivido, que había pistas a nuestro alrededor que habían ignorado (yo no) y que todo señalaba a la persona que más nos había dolido perder en Costa Norte. No presté atención, no podía, solo me mantuve en silencio, el destello de la pantalla repitiendo la luz que me perseguía en sueño desde hace meses y el ojo de Erik fijo en los míos aun esperando algo que no iba a obtener de mí.

Erik pareció entenderlo, no bajando su brazo ni la pantalla, pero empezando a reírse. Presionó más contra mi cuello.

—No… imposible que no haya venido a ti. No esa chica —meneó la cabeza y en lo que su ojo se encendía con su anomalía, me quedé quieto. Esperando algo de ella, que la usara como yo había visto pocas veces que funcionara en otros. Que mirara mi perspectiva y memorias de otra manera. Hasta que noté su frustración y bajó la pantalla del celular para acercarse más a mí, amenazante, y jadeando de la rabia—. Esa cabecita sigue cerrada a mí, fueguito. Sigues protegido por ella.

Siempre.

La palabra me hizo reaccionar, una fuerza en mí que no había sentido en meses y me hallé empujándolo con tanta fuerza. Erik tropezó un poco, no enojado, riéndose y el celular cayó al piso. Todo comenzó a suceder rápido. En lo que Daniel trataba de girar su arma hacia mí, el brazo de Tom abrió paso por su agarre y lo tomó del cuello. Otros Benignos quisieron también ir hacia nosotros; un ademán de Jacob, que también reaccionó en defensa, y las armas que fueran de metal fueron hacia él. Otras eran de plástico, que había seguro tomado de viejos militares, y en lo que se preparaban para apuntar, en un parpadeo raíces habían surgido de algunas plantas dentro. Rápidas y fuertes, Claire recién había llegado y en un ademán había paralizado a gran parte del grupo de Benignos que había entrado a la sala de entrenamiento. Anna se encargó de sacarle las armas plásticas de a saltos.

Froté mi cuello, mi anomalía latente y corriendo por mis venas, buscando salir a defenderme. Le saqué el arma llena de pegatinas a Daniel, que gruñó ante eso con el brazo congelado alrededor de su cuello, y se la lancé a Julia que ya venía encaminada en mi dirección. Meneé mi cabeza, dando un mensaje claro, y volví hacia Erik que se paraba solo donde se había quedado. Nunca había dejado de sonreír, malicioso, divertido ante la novedad, y furioso.




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