Novia Fugitiva

Capítulo 31 El Peso de las Decisiones

El aire en la sala de juntas del estudio se podía cortar con un cuchillo. Víctor caminaba de un lado a otro como un depredador enjaulado, mientras Leonish, Mara, Aron, Diana y yo nos hundíamos en el silencio más denso que había experimentado jamás. Diana estaba sentada a mi lado, aferrando mi mano con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

​Víctor terminó descubriendo el embarazo antes de lo esperado. Bastó con que escuchara a Aron y Leonish hablar de reunirse con Diana para que Leo y ella pudieran, por fin, hablar y poner los puntos sobre la mesa. Parece que los chicos no se dieron cuenta y hablaron de más cerca de Víctor, quien se puso furioso y organizó una reunión de emergencia. Diana no quería estar sola, así que, como prometí, vine con ella como apoyo. Mara también vino, aunque Leo tuvo que suplicarle varias veces; ella aún no le había contado a Diana que había aceptado salir con él y tenía miedo de enfrentarla. Y Aron... bueno, él no pensaba quedarse fuera de la conversación.

​—¿Nadie piensa explicarme qué demonios está pasando aquí? —soltó Víctor, forzando la voz para no gritar, aunque la vena de su cuello amenazaba con estallar.

​—Ni siquiera yo sé qué pasó —masculló Leonish, hundido en su silla. Víctor lo fulminó con la mirada.

​—No es por no creerle, señorita Diana, pero entenderá que esto no es la filtración de un álbum —dijo Víctor, girándose hacia ella con una frialdad profesional—. Estamos hablando de un embarazo, un tema lo suficientemente serio como para no tomármelo a la ligera. Necesito ver pruebas. Ahora.

​—Puedo dárselas —respondió Diana. Su ceño se frunció mientras sacaba unos papeles de su cartera con manos temblorosas y se los tendía.

​Víctor los revisó con rapidez, sus ojos escaneando cada línea del informe médico. Leonish se inclinó hacia delante, tratando de ver algo; después de todo, él tampoco había visto el documento oficial hasta ese momento.

​—Muy bien —dijo Víctor, dejando los papeles sobre la mesa—. Espero que no le importe, pero quiero que se repita las pruebas en un laboratorio de mi confianza.

​—¿Disculpa? —Diana soltó mi mano, ofendida—. ¿Eres fan de Leo, verdad?

​—Lo era —respondió ella, cortante. Víctor la ignoró olímpicamente.

​—Como fan, sabrá que no es la primera vez que una chica dice estar embarazada de un miembro de la banda. Tengo que estar cien por ciento seguro.

​—¡Ni siquiera sé si voy a tener al bebé! —estalló Diana, poniéndose en pie—. Esto es ridículo. Ni siquiera es tu jodido problema. Me aguanté que él me insultara —señaló a Leonish con desprecio—, ¿Y ahora usted quiere humillarme? No soy una zorra. No planeé que esto pasara y mucho menos estoy intentando colgarme de un hombre que, obviamente, me detesta.

​—Diana, por favor, trata de calmarte —intenté razonar con ella, pero fue inútil.

​—¡No, Phoebe! No es justo. Están todos aquí juzgándome, echándome la culpa. Soy yo la que recibe los insultos y las humillaciones.

​—No es así, Diana —intervino Mara en un hilo de voz.

​—¿Entonces cómo es? Porque no veo que le digan nada a él —acusó Diana, señalando a Leo.

​—Siento si parecemos crueles, señorita Diana, pero es parte del protocolo —insistió Víctor.

​—Claro, "protocolo" —se burló ella con puro sarcasmo—. ¿Ese protocolo aplicaría igual si fuera Phoebe?

​—Diana... —susurré, sintiendo la mirada de Aron sobre mí.

​—¿O si fuera Mara? —continuó ella. Mara bajó la mirada, avergonzada—. No, claro que no. Estarías saltando de alegría si fuera Mara la que estuviera en mi posición.

​Leonish soltó una carcajada amarga y se levantó de golpe. Diana y Mara dieron un pequeño salto por la brusquedad del movimiento.

​—¡Estás loca! —explotó Leonish—. Estás diciendo estupideces para hacerte la maldita víctima cuando no lo eres. Si Phoebe estuviera en tu lugar sería diferente porque ella y Aron son novios, y todos sabemos lo que hacen cuando se encierran en su apartamento. ¡Pero yo no estaba buscando un hijo! Ni contigo, ni con Mara, ni con nadie. No estoy listo para ser un maldito padre, por eso siempre me cuido. Estoy seguro de lo que vi esa noche: el condón no tenía ni una maldita fuga.

​El rostro de Diana se puso rojo de rabia y sus ojos se llenaron de lágrimas. Mara, al ver la violencia de Leonish, le puso una mano en el hombro. Sorprendentemente, él se relajó al contacto y se volvió a sentar a su lado. Ese pequeño gesto de complicidad no pasó desapercibido para Diana.

​—Entonces, señorita Diana... ¿Se hará la prueba de nuevo? —preguntó Víctor con un suspiro de cansancio.

​—Sí —respondió ella, mirando fijamente a Leonish—. Aunque no importa el resultado. No pienso tenerlo.

​—¿Estás segura? —le pregunté, volviendo a tomar su mano.

​—Muy segura. ¿Para qué traería un hijo al mundo? ¿Para qué vea cómo su padre y todos sus amigos nos desprecian?

​Abracé a mi amiga con fuerza mientras fulminaba a Leonish con la mirada. Él simplemente se encogió de hombros, huyendo de mi reproche. Mara se levantó y se agachó frente a Diana, poniendo las manos sobre sus rodillas.

​—Él no te odia, Di —dijo Mara con suavidad—. Solo está asustado y está siendo un idiota impulsivo, lo cual está muy mal —se giró para lanzarle una mirada de advertencia a Leo—. Lamento que te hiciéramos sentir incómoda. Sabes que Phoebe y yo te apoyamos, pero esto es serio. Ellos no son solo unos chicos que conocimos en un bar; aquí las cartas se juegan diferentes. ¿O ya olvidaste cuando aquella fan de Barcelona dijo que esperaba un hijo de Mikos? Tú fuiste la primera en exigir pruebas de paternidad.

​Diana soltó un suspiro largo y, por primera vez, una pequeña sonrisa triste apareció en su rostro.

​—Bien. Haré todas las pruebas que quieran —sentenció mirando a Víctor.

​—Muy bien. Arreglaré una cita de inmediato —concluyó Víctor antes de salir de la sala, dejándonos en un silencio sepulcral.

​El silencio volvió a reinar entre los cinco después de que la puerta se cerrara tras Víctor. Era un silencio denso, de esos que te hacen pitar los oídos.




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