Novia Fugitiva

Capítulo 41 Efecto mediático

Los días siguientes transcurrieron en un torbellino de emociones y movimientos estratégicos que terminaron por cambiar mi rutina por completo. La respuesta del mundo de la moda ante mi ingreso a la industria fue inmediata y abrumadora.

Apenas dos días después de haber hablado con Rebeca, el intercomunicador del penthouse sonó. Era el servicio de recepción anunciando una entrega. Cuando abrí la puerta, me encontré con un repartidor que sostenía un impresionante y gigantesco ramo de rosas con una pequeña tarjeta de diseño elegante. La abrí con curiosidad y leí la sofisticada caligrafía manuscrita:

«Es un absoluto honor darle la bienvenida a nuestra casa. Gracias por aceptar ser el rostro de nuestra nueva era. Nos encontramos muy emocionados de poder trabajar contigo.
— El equipo de Chanel».

Me quedé contemplando las flores con una mezcla de incredulidad y orgullo; ver ese nombre plasmado en una nota dirigida a mí hacía que todo comenzara a sentirse asombrosamente real. Dejé las flores y la carta en la mesita del recibidor y les tomé una foto que rápidamente les envié a Aron y a Mara.

A mitad de semana, llegó el momento decisivo. Acompañada por Rebeca y bajo la atenta mirada de Julián, acudí a las oficinas de Chanel para estampar mi firma en el contrato oficial. Los nervios me dominaban las manos, pero el bolígrafo no tembló. Horas después, Chanel hizo el anuncio oficial a través de sus plataformas globales, lanzando un comunicado con una fotografía que me habían tomado ese mismo día.

El internet explotó en cuestión de minutos.

Mi teléfono se convirtió en una máquina de recibir notificaciones que vibraba sin detenerse ni un solo segundo. Mis cuentas de redes sociales ganaron cientos de miles de seguidores en un abrir y cerrar de ojos, llenándose de comentarios de personas de todo el mundo; algunos alababan la elección de la marca y otros, más maliciosos, consideraban que solo me estaba guindando de la fama de Aron.

Pero el gesto que más me conmovió vino del otro lado del océano. Aron, actuando como el novio más orgulloso del planeta, no tardó en compartir la publicación oficial de Chanel en sus propias historias y perfil, añadiendo un mensaje directo y contundente:

«Nadie podría hacerlo mejor que tú, preciosa. Orgulloso de ti hoy y siempre. Mi novia es jodidamente hermosa».

El apoyo en masa de sus millones de fanáticos no se hizo esperar, catapultando mi nombre a las tendencias principales del día.

Durante el resto de esa semana, la rutina entre los conciertos de la gira y mi nueva realidad comenzó a asentarse. Aron seguía llamándome religiosamente todos los días, sin importar el cansancio del show o la diferencia de horario.

Tras proponerme cuidarme mucho mejor ahora que sería oficialmente la imagen de la campaña de Chanel, decidí dar un paso más allá de las carreras matutinas que había empezado a hacer por las mañanas antes de ir a trabajar. Como Julián siempre me acompañaba para cuidarme —y Kai también se unía cuando se quedaba en el apartamento—, aproveché su disciplina y le pedí ayuda para empezar un entrenamiento más completo.

Esa nueva rutina deportiva cambió por completo nuestra dinámica. La convivencia entre nosotros se volvió cada vez más natural, fluida y orgánica. Compartir el esfuerzo físico terminó por derribar las últimas barreras de su rigidez profesional; ahora compartíamos cafés rápidos en la barra de la cocina mientras recuperábamos el aliento, intercambiábamos comentarios sarcásticos sobre sus exigentes rutinas o nos reíamos con complicidad cuando me atrapaba comiendo alguna galleta a escondidas de sus estrictas recomendaciones.

Sin darme cuenta, Julián ya no era solo mi guardaespaldas; se había convertido en un amigo.

Y entonces, el viernes por la tarde, el ecosistema de las redes sociales se agitó de una forma diferente.

Mi teléfono comenzó a sonar con una insistencia inusual. Tenía varios mensajes de Diana y Mara en los que me mandaban el enlace de un conocido portal de entretenimiento con un video que se estaba volviendo viral. No era un escándalo de infidelidad, sino un debate en un programa de espectáculos de la televisión digital.

Hice clic en el enlace con el corazón acelerado. En la pantalla aparecía una fotografía en alta resolución que nos habían tomado a Julián y a mí un par de días atrás en la calle. Había comenzado a caer una llovizna ligera y Julián, con su reflejo protector de siempre, me había rodeado firmemente con el brazo por los hombros para cubrirme con su cuerpo mientras me guiaba hacia la camioneta. Yo aparecía mirándolo hacia arriba, con una sonrisa amplia y relajada, vistiendo mi chaqueta de tweed.

—¡Es que miren esta fotografía, por favor! —exclamaba una de las conductoras del programa, haciendo un acercamiento a la imagen—. Phoebe Collins de verdad parece sacada de una portada divina de Chanel o Dior; siempre impecable, elegante y perfecta. Y su guardaespaldas... bueno, Julián tiene esa belleza clásica, simétrica y sofisticada que te hace suspirar. Sinceramente, verlos caminar bajo la lluvia parece una escena de una película de romance clásico. ¡Tienen una estética espectacular juntos!

—Definitivamente. Si no estuviera con nuestro sexy Aron, ¡su guardaespaldas sería la pareja perfecta! —comentó otra de las entrevistadoras, riendo.

En ese momento, una tercera reportera del panel intervino entre risas, agitando las manos en desacuerdo.

—¡Ay, por favor! Sí, se ven muy estilizados, pero a mí me encanta cuando vemos a la verdadera pareja en la ecuación —replicó con entusiasmo, cambiando la imagen en pantalla por una secuencia de varias fotografías de Aron y mías juntos. Algunas eran fotos tomadas de nuestras redes, unas en donde estábamos en mi antiguo apartamento, saliendo de restaurantes en Nueva York y en la sala de ensayo—. Miren estas imágenes, por favor. El estilo de rockero misterioso de Aron, siempre atrevido, sexy, con sus ropas negras, sus tatuajes y sus piercings, crea un contraste increíble cuando está con Phoebe. Es la definición perfecta del chico malo perdidamente enamorado de la princesa. Esa combinación de mundos opuestos es insuperable.




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