Novia Fugitiva

Capitulo 43 Fuera del Mapa

Los golpes firmes y rítmicos en la puerta de la suite rompieron la bruma del sueño. Abrí los ojos de golpe, desorientada por un segundo, hasta que el calor del pecho de Aron contra mi espalda me recordó exactamente dónde estaba. Él soltó un quejido ronco y, en lugar de levantarse, apretó su agarre alrededor de mi cintura, pegándome más a su torso desnudo y enterrando el rostro en mi cuello con obstinación.

—Aron... están tocando —murmuré, sintiendo la vibración de su pequeña protesta contra mi piel.

—Ignóralos, preciosa... Todavía es de noche —rezongó con voz perezosa, enredando una de sus piernas con las mías para evitar que me moviera.

Los golpes volvieron a sonar, esta vez con mayor insistencia. Solté una risita suave y me giré despacio entre sus brazos para mirarlo, apartándole un mechón de cabello de la frente. Aron entreabrió un ojo, frunciendo el ceño con una flojera adorable antes de dejar escapar un largo suspiro de resignación. Se zafó a regañadientes del calor de las sábanas, mientras yo me tapaba apresuradamente hasta la barbilla con la seda blanca, mirando con curiosidad hacia la entrada sin poder distinguir quién llamaba a esas horas.

Cubierto únicamente con unos boxers negros, Aron caminó arrastrando los pies y abrió la puerta apenas unos centímetros, con los ojos entrecerrados por el peso del sueño.

—Tiene una hora —escuché una voz profunda y seria resonar desde el pasillo.

Tardé un segundo en reconocer la sobriedad de Julián al otro lado. Vi a Aron asentir mientras se restregaba un ojo con el dorso de la mano.

—Entendido. Gracias, Julián —respondió él.

Aron cerró la puerta, caminó de vuelta hacia la cama y dejó mi maleta de mano pesadamente sobre el borde de esta, junto con un perchero donde venía colgado el vestuario que utilizaría ese día. Sin perder un solo segundo, me levanté envuelta por completo en la sábana blanca como si fuera una toga y abrí el cierre con cuidado. Mis ojos dieron con el espectacular conjunto que Rebeca había preparado: el vestido blanco de encaje y cuello alto. Comencé a sacarlo y a acomodar las prendas sobre el colchón con extremo cuidado para que no se arrugara ni una sola costura.

Mientras estaba concentrada en alisar la tela, los brazos tatuados de Aron rodearon mi cintura desde atrás. Me pegó a su torso desnudo, enterrando el rostro en la curva de mi cuello para dejar una hilera de besos perezosos y cálidos que me hicieron estremecer.

—¿Sería muy egoísta de mi parte si no te dejara salir de esta habitación? —pregunto en susurró con esa voz ronca de recién levantado que me derretía por completo.

Sonreí, ladeando la cabeza para darle más espacio mientras acariciaba sus brazos. Me giré despacio entre su agarre para quedar frente a frente y me puse de puntillas, depositando un beso tierno y prolongado en sus labios.

—Mmm... solo un poco, ya que la idea no me disgusta para nada —le susurré al separarnos, rozando su nariz con la mía—. Pero espero que no lo hagas, porque sería muy difícil para mí decirte que no.

Aron sonrió de lado, disfrutando de mi confesión antes de suavizar la mirada.

—Tenía semanas sin dormir tan bien —confesó, mirándome con una devoción que me aceleró el pulso—. Estar contigo es lo único que me apaga el cerebro.

—A mí me pasa exactamente lo mismo —admití con una sonrisa cálida, aunque la realidad del reloj digital en la mesa de noche me golpeó —. Pero ahora mismo necesito tomar una ducha obligatoria y alistarme a la velocidad de la luz. El tiempo corre.

Aron hizo un puchero dramático de niño consentido, aflojando el agarre en mi cintura, pero no protestó. Sabía perfectamente lo importante y crucial que era este desayuno para mi carrera y que estaba en Europa por trabajo.

—Está bien, ve —me concedió con una media sonrisa resignada—. No quiero ser el responsable de que dejes plantados a los magnates de la moda.

Le dejé un beso rápido en la mejilla a modo de agradecimiento y salí disparada hacia el cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de mí.

El tiempo voló entre el agua caliente, el maquillaje impecable y los ajustes del vestido. Cuando finalmente salí del baño, completamente lista, el contraste era total. Llevaba el impecable vestido blanco de encaje alto, los tacones a juego y el cabello perfectamente peinado, luciendo como una auténtica visión de pasarela.

Aron, que estaba sentado en el borde de la cama con su teléfono en las manos, levantó la vista y se quedó completamente mudo. Me miró de arriba abajo con los ojos abiertos de par en par; luego sonrió coqueto mientras asentía en aprobación. Le devolví la sonrisa y me di la vuelta hacia el espejo para terminar un par de retoques. El sonido de la cámara me hizo girar la cara para ver el flash de su móvil, así que solté una risa suave y posé de lado con coquetería.

—Te ves increíble, preciosa —susurró, dejando el teléfono a un lado mientras se ponía de pie y se acercaba lentamente a mí—. De verdad, estás a otro nivel.

Me reí por lo bajo, devolviéndole la mirada para escanearlo. Aron estaba parado frente a mí vistiendo únicamente unos boxers negros, dejando a la vista cada centímetro de su piel, sus abdominales marcados y el laberinto de tatuajes que subía por sus brazos y pecho. Un contraste absoluto con mi pulcritud en encaje blanco. Mordí mi labio inferior, sintiendo un súbito calor en las mejillas.

—Tú tampoco te ves nada mal, Davis. De hecho, me atrevo a decir que te ves aún mejor —le respondí en un hilo de voz, recorriendo con la mirada el trazo de tinta de su clavícula.

Aron sonrió con esa desfachatez tan suya, dando un paso más que acortó la distancia al mínimo.

—Es mejor que te vayas ahora mismo, preciosa —me advirtió con un tono cargado de una obvia sugerencia sexual—, porque si te quedas tres segundos más mirándome así, te juro que no te voy a dejar salir de esta habitación en todo el día. Y ese vestido blanco no va a durar mucho tiempo puesto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.