—¿Te gusta ese hombre? —preguntó Jimin, sin despegar los ojos de la entrada.
—¿Hombre? —me giré, confundida—. No hay nadie aquí.
_En serio, esto es un poco espeluznante._ La cafetería estaba vacía. Rentada. Cerrada. En la entrada no había nada. Solo vidrio y calle.
—Ahh —Jimin chasqueó la lengua, molesto—. Realmente tengo que mostrarte dónde está.
_Rebeca, es tiempo de saber tus intenciones_, pensé que pensó. _Algo quieres de mí. Y voy a descubrir qué._
—Jimin, yo no veo nada —dije, y la voz me tembló sin querer—. Y si estás bromeando, solo… deja de hacerlo. Le tengo pavor a ese tipo de menciones. El corazón me está por estallar.
Jimin dejó la taza que limpiaba. Me miró fijo. Hielo.
—Entonces vete —dijo, simple—. O dime qué quieres de mí.
_Hay muchos, pero muchos rumores de Jimin. De todo tipo. Y creo que algunos sí son verdaderos._ Yo sola me metí en esto. Así que me tendré que aguantar.
—¿Qué quiero de ti? —repetí, tragando saliva—. No quiero nada material. Solo te pido… volverte a ver.
Jimin ladeó la cabeza. Analizándome.
—¿Así? —señaló con la barbilla hacia la puerta—. Entonces ve por esa puerta donde _él_ está parado. Si regresas viva… tengamos una cita más.
_Todo sea por una cita más_, pensé. _Por la herencia. Por los cinco días. Por no perder contra Andrew._
Bueno, los fantasmas no existen. Así que cobré el valor que me quedaba y caminé hacia la entrada.
Y definitivamente… hay un hombre.
—¿Lucas? —se me cortó la voz—. ¿Por… por qué estás aquí?
_Por lo menos sí voy a vivir_, pensé, y el aire me volvió a los pulmones.
—Ya me había retirado —dijo Lucas, levantando algo que brillaba en su mano—. Pero esto quedó olvidado.
Un collar. _Mi_ collar. El de mi madre.
—Gracias —lo tomé, y los dedos me temblaron al rozar los suyos—. Pero realmente no era necesario que lo trajeras. Cuando me diera cuenta de que no lo tenía, habría ido como loca a tu casa en busca de él.
—Quizá me hubieras colgado si no te lo daba hoy mismo —sonrió. Triste. _Debí regresar a casa y haber evitado esto_, pensé que pensó. Lo conozco.
—¿Y tú eres? —La voz de Jimin cortó el aire detrás de mí. Fría. Filosa.
Lucas levantó la vista. Lo midió.
—Wong Yuk Hei —contestó, enderezándose—. Pero Rebeca me dice Lucas.
—Bueno, es que es difícil pronunciar su nombre real —intervine rápido. _Soy yo. El ambiente está tenso. Puedo cortarlo con un mochi._
Jimin no le quitó los ojos de encima a Lucas.
—Ya que regresaste, entra a tomar algo —ordenó. No invitó. Ordenó.
—No quiero interrumpir nada —dijo Lucas, apretando la mandíbula. _La verdad sí que quiero_, gritaban sus ojos.
—No era pregunta —contestó Jimin.
—Jimin, quizá Lucas tenga cosas que hacer —intenté, desesperada.
—No —Lucas dio un paso adentro—. En realidad tengo el día libre. Vamos, Rebeca. Entremos.
_Error. Error. Error._
Han pasado dos minutos. Todos estamos dentro. Jimin está frente a frente con Lucas. Yo en medio. La cafetería huele a café, a fresa… y a guerra.
Lucas, ¿te gusta Rebeca? —soltó Jimin de la nada.
Directo. Sin anestesia. Sin piedad.
—Las cosas hay que dejarlas en claro —continuó, con esa calma que da más miedo que un grito—. Así que dime… ¿te gusta?