El primer lugar al que me lleva Jimin es el centro comercial más icónico de Seúl. _La verdad, las compras me aburren. Suelo comprar lo primero que encuentro._
—¿Qué planeas hacer en un centro comercial? —pregunté, cruzándome de brazos.
—Lo que no hicimos al principio —contestó, sin mirarme—. Solo espera aquí y verás.
Y sí. Aquí estoy. Sola. Sentada en una banca, esperando a que algún día regrese Jimin. _Como una mascota._
*Por el lado de Jimin…*
_Hay tantas tiendas, pero todas tienen lo mismo. No logro encontrar algo que me convenza._
—Muéstreme este —señalé a través del cristal, ignorando el murmullo.
…
—¡Por Dios! ¿Ya viste a ese chico? Está guapísimo. —A que no te atreves a hablarle. —¡Claro que lo haré! —Murmullos.
_¿Qué les pasa a las jóvenes de hoy?_ —pensaba Rebeca, desde su banca.
—Te irá bien —le decía una a la otra—. Destacas más que esta —me señaló con la mirada, como si yo fuera parte del mobiliario.
_No tienen vergüenza. Y decían que los coreanos son respetuosos_ —de nuevo los pensamientos de Rebeca—. _Solo seguiré observando mi teléfono._
—Tienes razón, soy mucho más bonita —dijo la chica, ajustándose el cabello.
_Ya me están colmando. Solo una palabra más y no se libra de mi furia._
—Ey, ya está cerca —Ya lo vi.
_Esto va a estar bueno. Veamos si es tan bonita como para ser aceptada._ Así que alcé la vista y…
—¡¿Jimin?!
Esto no me lo esperaba. Pero…
—Mmm… ¿discul…? —intentó hablarle la chica.
*I G N O R A D A.*
Jimin pasó de largo como si fueran aire. Llegó hasta mí.
—Rebe… ¿te hice esperar mucho? —sonrió. Esa sonrisa de _“gané”_.
_Ya decía yo que estas pulgas no saltan en su petate, jajaja. A que no se la esperaban. Bueno, tampoco yo_ —negué con la cabeza, victoriosa.
—Vamos —me tomó de la mano—. Nos esperan.
Comenzamos a caminar cuando se detuvo. Se giró hacia las chicas.
—Tu nariz. Tus dientes y… tus ojos —dijo, frío—. Tienen cirugía. No critiques sin antes verte al espejo. Observa a mi novia —me quitó la mascarilla de un tirón—. ¿Ves? Es más linda que ustedes.
Silencio.
Después de ese momento, caminamos sin hablar. Admito que eso fue muy… estupendo. Pero me siento mal a la vez. _Humillar para defender. Eso es Jimin._
—Por cierto… ¿cuándo te quitaste el uniforme? —pregunté al fin.
Le queda bien ese atuendo. Demasiado bien. Camisa negra, pantalón de vestir, reloj caro. Llama demasiado la atención de todos. _Además, parezco más su sirvienta que su novia._
—El uniforme era incómodo —contestó, sin inmutarse—. También compré ropa para ti. Rápido, entra a esa tienda. Te están esperando.
*Minutos después…*
—¿Estás lista? —preguntó desde afuera del probador.
_Uff, hace minutos que me puse el vestido. Solo que no es mi estilo. Es bonito, pero no es para mí._
Un vestido asimétrico con un volante en la falda y descubierto de un hombro. Diría que es lo que una idol se pondría. Cabe recalcar que es rosa palo. _Y yo odio el color rosado._ Y eso de utilizar zapatillas… no sé si podré caminar mañana.
—¿Pued…?
—Muy bien, vamos —me cortó, abriendo la cortina sin permiso.
Algo que no sabía era que Jimin tiene auto. Yo tengo uno, pero está guardado en el garaje acumulando polvo. _De princesa a Cenicienta en un día._
—Tu teléfono —dijo, mientras conducía—. ¿Por qué no contestas?
—Así —me encogí en el asiento—. Regresa la mirada al frente que no quiero morir hoy.
La verdad es que no deseo contestar. Pero ya sonó cinco veces.
—Eunji, ¿a qué se debe tu llamada? —contesté al fin, en altavoz—. No. Si quieres… —colgué.
Después de esa llamada noté que habíamos llegado. Jimin se estacionó frente a un edificio que no reconocí. Luces. Música. Gente.
—Baja —dijo—. Después te alcanzo.
Esperé varios minutos en la banqueta, con el vestido rosa y los tacones matándome. Hasta que escuché su voz detrás de mí.
—Rebeca.
Me giré.
Jimin estaba ahí. Con un ramo de peonías rosadas en la mano. _Mis flores menos favoritas._
—¿Me darás tu amor? —preguntó.
Y no sonó a pregunta.
Sonó a sentencia.