—Mochi —te pateé con el pie descalzo a las 2:17 AM—. Despierta.
Jimin gruñó contra la almohada. 26 años, pelo de loco, y una mano en mi panza aunque estuviera dormido. _Reflejo de papá._
—Si es otro incendio, que se queme —murmuró—. Hoy no soy CEO.
—No es incendio —me senté, con la panza de 6 meses ganándole a la gravedad—. Es tu hija.
Eso lo despertó. Se sentó como resorte. _Alerta nivel Consejo de Kallin's._
—¿Qué? ¿Pasa algo? ¿Contracciones? ¿Agua? —ya tenía el teléfono en la mano—. Le marco a la doctora Lee, a tu mamá, a mi mamá, a Hyujin por si hay tráfico…
—Jimin —le quité el teléfono—. Lucía tiene antojo.
Se congeló. Bajó el teléfono. Me miró. Miró mi panza.
—¿De qué? —susurró, como si fuera información clasificada—. Dime que no es kimchi con helado otra vez. La última vez lloraste porque el refri olía “triste”.
—Mochis —sonreí—. De fresa. Pero… —puse cara de pena—. Con chocolate arriba. Y papas. De las rizadas.
Jimin me miró 3 segundos. Luego se tiró de la cama.
—Dame 10 —agarró pants y sudadera—. ¿Mart de 24h o voy hasta Insadong por los buenos?
_Así de fácil. Sin “mañana”. Sin “estás loca”. Sin “ya comiste”._
—Los de Insadong —me abracé las rodillas—. Tu hija dice que son los únicos que no saben a “decepción”.
—Tu hija —se puso tenis sin calcetines— es una Park-Collins exigente. Salió a su madre.
Se acercó antes de irse. Se hincó frente a la cama. Besó mi panza. _Largo. Como si hablara con ella._
—Portate bien con mamá 20 minutos —le dijo a Lucía—. Papá te trae tus mochis. Y si no hay de fresa, incendio Insadong. _Legal._
Me reí. _Tan fuerte que Lucía pateó._
—Te amo —le agarré la cara—. Gracias por no decirme que estoy hormonal.
—Estás hormonal —me besó la nariz—. Y embarazada de mi hija. Así que puedes pedirme la luna y yo veo cómo la bajo sin que la NASA se enoje.
Se fue. Corriendo. A las 2:20 AM. Por mochis.
*2:58 AM. Vuelve.*
Con una bolsa de Insadong, papas rizadas, y chocolate extra. _Y la cara de niño que ganó el premio._
—Había cola —dijo, tirándose en la cama, despeinado—. Tres borrachos y una abuela. Le dije a la abuela que mi esposa estaba embarazada y me dejó pasar. _Usé a Lucía. No me juzgues._
—No lo hago —ya tenía la boca llena—. Te amo más.
Me acomodé entre sus piernas. Él atrás, abrazando panza y todo. Comiendo papas de mi bolsa.
—Mochi —dije, con la boca llena de fresa y chocolate—. ¿Somos felices o qué?
Jimin dejó las papas. Apoyó la barbilla en mi hombro. Su mano subió de mi panza a mi pecho, donde el corazón me iba a mil.
—Somos —dijo, simple—. Felices. Sin Kallin's. Sin testamentos. Sin muertos.
Lucía pateó. Como si opinara. _“Confirmo”._
—Cuando nazca —seguí, seria de repente—, ¿y si la cagamos? ¿Y si no sabemos ser papás?
—La vamos a cagar —me besó el cuello—. Seguro. Vamos a pelear por quién la carga cuando llore. Vas a quemar la papilla. Yo le voy a poner mochis de desayuno.
—Jimin…
—Pero —me giró la cara para que lo mirara—. Lo vamos a hacer juntos. Cagándola juntos. Arreglándola juntos. . Como Kallin's. Como todo.
Se me llenaron los ojos. _Malditas hormonas._
—Te elegí bien —sorbí la nariz—. En La Yeon. Cuando te dije que no te casaras conmigo.
—Yo te elegí mejor —limpió mi cachete con el pulgar—. Cuando te atragantaste con el mochi y pensé “con esta me caso”.
Nos quedamos así. 3 AM. Mochis, papas, panza, y silencio.
—Mochi —dije al rato, ya cayéndome de sueño—. Siguiente orden.
—Dormir —me tapó con la cobija—. Y mañana… te compro una fábrica de mochis. Para que Lucía no me mande a Insadong a las 2 AM.
—Trato —me dormí, con su brazo de almohada—. Te amo, Park Jimin.
—Lo sé, señora Park —lo último que oí—. Yo también me amo. Desde que soy tuyo.
---