Nubes en la memoria

Capítulo 7 - El bosque

Luego de caminar un largo trayecto hacia mi trabajo, decido escuchar música para relajarme y llegar con una mejor actitud a la librería. Saco los auriculares del bolso, rebusco un poco, pero no siento el celular. Reviso mis bolsillos: tampoco está.

Una imagen me atraviesa de golpe. El teléfono cayendo sobre el sofá.

Lo dejé.

Tomo una bocanada de aire y cedo a la idea de caminar acompañada solo por el bullicio de la gente, mientras mi mente se encarga de torturarme, atacando con preguntas sin respuesta.

El incidente en la escuela.

Surge en mí la necesidad urgente de ir a casa, de ver a mi madre. Seguramente ella puede darme las respuestas que necesito, o al menos fingir que las tiene.

Cada paso se vuelve más pesado que el anterior. La humedad se espesa en el aire. Miro a mi alrededor: árboles. La tierra está mojada. Giro sobre mis pies y descubro que estoy rodeada… por más árboles.

El espesor de la niebla aumenta a medida que avanzo, ahora con histeria, buscando una salida.

¿Ya he estado aquí?.

Toco mis brazos vendados. El recuerdo del sueño regresa con violencia: Lauren luchando por su vida, mirándome con los ojos aterrorizados.

Me agacho y toco la tierra. No sé qué busco exactamente. Tal vez una señal. Una prueba. Sangre seca. Algo que me saque —o me confirme— esta paranoia.

Me incorporo con esfuerzo. La pesadez sigue allí.

Entonces la veo.

Una roca puntiaguda, con pequeñas fracturas, destaca entre el barro. Me acerco, la tomo, la examino. Allí está.

Tinta seca de color rojo.

Es sangre.

Los latidos se me suben a la garganta. Aprieto la piedra con fuerza. Un dolor punzante me atraviesa la cabeza. Quiero gritar, pero de ira.

Alzo la piedra.

En el suelo hay una mujer.

No puedo ver su rostro. Me suplica que me calme. Su voz se quiebra, pero no logro detenerme. Mi brazo toma impulso y la piedra cae con violencia sobre su pecho.

Ella grita.

Una risa escapa de mi boca.

Quiero más.

Una sed insaciable me empuja a golpearla de nuevo. Quiero llenar su cuerpo de marcas, de la cabeza a los pies. Empiezo por el pecho, donde late su corazón cálido.

Luego el abdomen…

Me detengo en seco.

Este tatuaje lo reconozco.

Un frío me recorre desde los pies hasta la espalda. La piedra cae de mis manos. El mundo se inclina.

No puede ser.

Es Lauren.

La mujer que ataqué es…

… Lau—




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