Nuestra Estrella

Capitulo VI

Capítulo 6

No me di cuenta de cuánto tiempo había pasado. La música me había envuelto por completo y, cuando quise reaccionar, la última nota ya se había desvanecido en el aire.

Sin darme cuenta, había despertado en mí una necesidad que antes no existía: quería conocer más a Mike... y al mundo al que pertenecía.

Durante unos segundos reinó un silencio absoluto. Después, el teatro entero estalló en aplausos. Todos se pusieron de pie para ovacionar a la orquesta, mientras los vítores llenaban la sala.

—¡Mike!

—¡Mike!

—¡Mike!

Su nombre retumbaba entre las paredes del teatro una y otra vez, como si nadie quisiera que aquel momento terminara. Y fue entonces cuando entendí que no estaba frente a un simple violinista. Estaba frente a alguien capaz de hacer que cientos de personas sintieran exactamente lo mismo al mismo tiempo.

Cuando todos comenzaron a salir, yo me quedé en el lobby del teatro. No era que realmente quisiera saber qué pasaba con Mike... o que quisiera verlo otra vez. Eso era lo que me repetía a mí misma. La verdad era que mis pies seguían ahí, inmóviles, mientras mi cabeza intentaba convencerme de que solo estaba admirando la arquitectura del lugar.

Sí, claro. Como si el enorme candelabro fuera más interesante que el violinista al que todo un teatro acababa de ovacionar.

Pasaron varios minutos. Yo seguía contemplando aquellos vitrales, que bajo la luz de la luna parecían incluso más hermosos que antes. El teatro estaba casi vacío y el silencio lo envolvía todo. Permanecer allí, completamente sola, hizo que una idea comenzara a abrirse paso en mi mente:

¿Qué haces aquí?

No deberías estar aquí.

Este no es tu lugar...

Desvié la mirada hasta un vitral en particular. Representaba una noche estrellada y la silueta de una persona contemplando el cielo. Sabía que solo era una pieza decorativa. Y, aun así... había algo en esa imagen que me resultaba imposible de ignorar. Esa sensación de perderse durante unos minutos buscando consuelo entre las estrellas. Algo que yo hacía más seguido de lo que me gustaría admitir.

—¿Qué estoy haciendo aquí...? De verdad no soy parte de este lugar... —murmuré para mí misma, bajando la cabeza mientras observaba mis manos.

Hasta que una voz me sacó de mis pensamientos.

—Las estrellas suelen consolarnos cuando más lo necesitamos. Muchos creen que ese vitral está ahí solo para decorar, pero, en realidad, habla de muchas más cosas... si sabes dónde mirar.

Levanté la vista de inmediato. Era Mike. Ya no llevaba el violín entre las manos ni tenía aquella expresión serena e imponente que había mostrado sobre el escenario. Ahora me observaba con esa sonrisa tranquila y esa mirada cálida que contrastaban por completo con la imagen fría, concentrada y casi inalcanzable del músico que había visto hacía apenas unos minutos.

Por un instante, me costó creer que ambos fueran la misma persona.

—Quería disculparme por lo de «artista callejero». Ahora me queda claro que no lo eres.

Mike soltó una pequeña risa.

—No te preocupes por eso, de verdad. Ya quedó en el pasado. Mejor dime... ¿te gustó lo que hice? —Se cruzó de brazos y sonrió con un aire de confianza—. Te dejé sin palabras, ¿no?

Rodé los ojos para disimular el calor que empezaba a subir a mis mejillas.

—Bueno... nunca había escuchado una orquesta. Fue mi primera vez, pero estoy segura de que debe de haber otras mucho mejores.

Mentí. No iba a decirle que su música me había llevado a lugares que ni siquiera recordaba. Mucho menos que, por unos minutos, me había hecho olvidar todo lo que existía fuera de aquel teatro. Eso era algo que pensaba guardarme para mí.

—Bueno... ahora tengo una duda. ¿Por qué me invitaste a mí? Pudiste haberle dado ese boleto a alguien más.

Mike desvió la mirada por un instante, como si estuviera buscando la forma correcta de responder.

—Eeeeh... la verdad es que, en cada concierto, nos dan un boleto para invitar a alguien. Pero todos mis amigos y conocidos forman parte de la orquesta, así que no tenía a quién dárselo —se rascó la nuca con una sonrisa algo incómoda—. Y... bueno... —guardó silencio unos segundos—. No fuiste mi primera opción...

Lo miré arqueando una ceja.

—...porque, en realidad, ni siquiera eras una opción.

Parpadeé.

—¿Eso se supone que debía hacerme sentir mejor?

Mike abrió los ojos de golpe.

—¡No! Espera, no era eso lo que quería decir...

—Vaya... qué linda forma de decirme que lo hiciste por impulso.

Mike se quedó completamente inmóvil. Un segundo después empezó a negar con la cabeza y a gesticular con las manos, buscando desesperadamente la manera de arreglar lo que acababa de decir.

—¡No! O sea... sí, pero no. Lo que quería decir es que, aunque hubiera tenido a muchas personas para invitar... te habría elegido a ti —se quedó en silencio apenas terminó la frase—. ...No, espera. Eso sonó todavía peor —se llevó una mano a la frente y soltó un largo suspiro—. Lo que intento decir es que... desde que te conocí, pensé que sería interesante que vinieras. No porque no tuviera a nadie más... sino porque quería que fueras tú quien estuviera aquí. —Volvió a quedarse callado—. ...¿Ya lo arreglé o lo empeoré otra vez?



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En el texto hay: romance juvenil humor

Editado: 31.07.2026

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