Nuestra familia

Capítulo 1 — Antes de los veintiuno

Daniela West

—¿Todavía crees que fue una buena idea?
Lucian levantó la mirada de su taza de café.
—¿Qué cosa?
Lo miré con incredulidad.
—No te hagas el tonto, Amor.
Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.
—¿Casarnos?
—Exactamente.
Se recostó en la silla y cruzó los brazos.
—Depende.
—¿De qué?
—De si vas a seguir preguntándome lo mismo todos los días princesa.
Solté una pequeña risa.
—Llevamos seis meses casados, Lucian. Creo que tengo derecho a arrepentirme un poquito.
—¿Un poquito?
—Un poquito... Muchísimo.
—Qué cruel eres, West.
Le lancé una servilleta. Él la atrapó antes de que pudiera caer.
—Además —añadió—, tú también estabas borracha.
—Eso no es un argumento a tu favor.
—Yo nunca dije que lo fuera. —dijo con una sonrisa ladeada.
No pude evitar reírme.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
A los veinte años, mientras la mayoría de nuestros amigos todavía discutían sobre qué querían hacer con sus vidas, nosotros teníamos un matrimonio secreto que ninguno de los dos había planeado.
Y, por si eso no fuera suficiente...Estábamos esperando un bebé. Bajé la mirada hacia mi vientre. Todavía no se notaba prácticamente nada. A veces me costaba creerlo.
—¿En qué piensas? —preguntó Lucian.
—En que hace unos meses lo único que me preocupaba era terminar la universidad.
—Todavía puedes preocuparte por eso.
—Gracias por recordármelo.
Sonrió.
Estiró la mano sobre la mesa y tomó la mía.
—Va a estar bien.
Lo miré.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—No lo estoy.
—Entonces, ¿por qué lo dices?
Se encogió de hombros.
—Porque si te digo que estoy aterrorizado, vas a entrar en pánico.
—Ya estoy aterrada.
—Entonces estamos equilibrados.
Me reí nuevamente.
Ese era Lucian.
Siempre encontraba la manera de hacerme sonreír, incluso cuando él mismo no sabía qué hacer.
Nos conocíamos desde secundaria.
Mucho antes de ser novios.
Mucho antes de aquella boda improvisada.
Mucho antes del bebé.
En aquella época, Lucian Roy era simplemente el chico que se sentaba dos puestos detrás de mí y que tenía la desagradable costumbre de pedirme mis apuntes cada vez que faltaba a clases.
—¿Sabes qué estaba pensando? —dije.
—Eso puede ser peligroso.
—Que nuestros padres se van a morir cuando se enteren.
Lucian dejó escapar una carcajada.
—Definitivamente.
—Mi mamá va a matarme.
—La mía probablemente ni siquiera se sorprenda.
La sonrisa desapareció de mi rostro.
Ese era uno de los pocos temas con los que no bromeábamos.
La familia de Lucian siempre había sido complicada.
Los Roy tenían dinero. Mucho dinero.
Pero tener una familia rica no significaba que Lucian hubiera crecido rodeado de cariño.
Había algo que había ocurrido años atrás.
Algo que nadie me había explicado completamente.
Su familia lo había apartado.
Y aunque nunca me dijo toda la verdad, yo sabía que le dolía.
Sus abuelos maternos eran diferentes.
Ellos sí habían estado para él.
Habían construido su fortuna desde cero y, con los años, se habían convertido en personas muy ricas. Pero Lucian nunca los visitaba por dinero.
Los visitaba porque los quería.
—¿Has pensado en tus abuelos últimamente? —pregunté.
Su expresión se suavizó.
—Todos los días.—dijo bajando su mirada—Los extraño.
Lucian sonrió ligeramente.
—A ellos les habrías caído bien.
—¿Crees?
—Mi abuela te habría interrogado durante horas.
—Entonces definitivamente le habría caído bien.
Los dos reímos.
Durante unos segundos, todo estuvo tranquilo.
Hasta que alguien llamó a la puerta.
Lucian se levantó.
—¿Esperas a alguien? —me pregunto.
—No.
Fue hasta la entrada y abrió.
Un hombre dejó un sobre en sus manos.
—¿Lucian Roy?
—Sí.
—Esto es para usted.
Lucian tomó el sobre.
—Gracias.
Cerró la puerta.
Lo observé regresar.
El membrete me resultó familiar.
Era del despacho jurídico que llevaba todo lo relacionado con la herencia de sus abuelos.
—¿Es eso? —pregunté.
Lucian asintió.
—Supongo.
Se sentó nuevamente y abrió el sobre.
Leyó la primera página.
Luego la segunda.
Su rostro cambió.
—¿Qué pasa?
No respondió.
—Lucian.
Levantó la mirada hacia mí.
—Quieren que me presente en el despacho.
—¿Para qué?
Miró nuevamente el documento.
—Para revisar mi situación como beneficiario.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Beneficiario de qué?
Me miró como si la respuesta fuera demasiado evidente.
—De la herencia.
El silencio cayó entre nosotros.
Faltaban ocho meses para que cumpliera veintiún años. Ocho meses para recibir aquello que sus abuelos habían dejado para él. Ocho meses que, hasta ese momento, parecían no significar nada.
Pero mientras observaba el rostro serio de Lucian, tuve una sensación que no pude explicar.
Algo estaba cambiando.
Y ninguno de los dos sabía todavía cuánto.

Autora:

Hola cómo están... Espero que este primer capítulo haya sido de su agrado. Voten y comenten que les pareció, si lo creen muy lento para un primer capítulo.

O si lo ven muy corto cuéntenme todo.

Solo recordarle que no soy profesional ni algo parecido. Solo deje volar unas ideas locas que tenía en mi cabeza.

Es primera ves que escribo algo asi, así que ya sabes si encuentran errores o si mi forma de escribir les molesta es porque no soy profesional en esto, pido disculpas si es así.

Bien... Nos vemos en un próximo capítulo...✨




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