Nuestra familia

Capítulo 2 — La citación

Daniela West

-¿Qué significa exactamente "revisar tu situación como beneficiario"? -pregunté.

Lucian seguía mirando el documento.

-No tengo ni la mas remota idea, amor.

-¿No dice nada más?

-No.

Le quitó la hoja de encima al sobre y volvió a leerla, como si esperara que las palabras cambiaran.

-¿Y cuándo es?

-El viernes.

-¿Este viernes?

Asintió.-En tres días.

Me levanté de la silla y caminé hasta la ventana. Afuera, la ciudad seguía con su ritmo habitual. Personas entrando y saliendo de los negocios, automóviles pasando por la calle, gente preocupada por sus propios problemas. Y yo estaba ahí, intentando entender por qué una simple citación me hacía sentir que algo no estaba bien.

Lucian se acerco por detrás y me rodeo con sus brazos tocando mi vientre, hundió su rostro en mi cuello y pose mis manos sobre las de él.

-¿Has hablado con el nuevo abogado? -pregunté.

-Una vez. -respondió

-¿Y qué te dijo?

-Prácticamente nada.

Me giré hacia él. me tomó por la cintura

-¿Nada?- pregunté.

-Solo que el proceso seguía su curso y que debía esperar hasta cumplir los veintiún años.

-Entonces, ¿por qué ahora quieren verte?

Lucian dejó escapar un suspiro.

-Eso es precisamente lo que quiero saber.

Me acerqué nuevamente a la mesa.

-¿Y tu antiguo abogado?

Su rostro cambió ligeramente.

-¿Qué pasa con él?

-Él era quien llevaba todo esto, ¿no?

-Sí.

-¿Nunca te explicó exactamente qué había en el testamento?

Lucian negó con la cabeza.

-No.

-¿Nunca lo viste?

-No.

Aquello me sorprendió.

-¿Entonces cómo sabes qué dice?

-Porque él me lo explicó.

-¿Solo de palabra?

-Sí.

Lo miré durante unos segundos.

-Lucian...

-Lo sé.

-Eso es raro.

-Lo sé, Daniela.

Se pasó una mano por el cabello.

-Siempre me dijo lo mismo. Que mis abuelos habían dejado todo preparado y que, cuando cumpliera veintiún años, recibiría la herencia.

-¿Y nunca preguntaste más?

-Era un niño cuando empezaron a hablarme de eso. Después crecí y simplemente asumí que las cosas seguirían su curso.

Me senté nuevamente frente a él.

-Hasta que tu amigo encontró las cláusulas.

Lucian guardó silencio.

Sabía exactamente a qué me refería. Dos meses atrás, un amigo suyo que trabajaba en el despacho le había hablado de unos documentos que aparentemente formaban parte del expediente. Documentos que contenían condiciones que Lucian nunca había escuchado.

Matrimonio.

Un hijo.

Y un beneficiario sustituto.... Su primo.

-Todavía no sabemos si esas condiciones son realmente las que están vigentes -dijo.

-Pero tu amigo las vio.

-Sí.

-Entonces existen.

-Eso no significa que sean válidas.

Tenía razón.

Pero había algo que seguía molestándome.

-¿Y por qué el abogado anterior nunca te habló de ellas?

Lucian me miró.

-No lo sé.

-¿Y dónde está ahora?

-Tampoco lo sé.

-¿Nadie sabe dónde está?

Negó lentamente.

-Desde que renunció, nadie ha vuelto a saber de él.

Nos quedamos en silencio. No me gustaba aquella situación. No me gustaba nada. Pero había algo que tampoco podía contarle a nadie.

La verdad sobre nuestro matrimonio.

Y nuestro bebé.

Si aquellas cláusulas eran reales, Lucian ya cumplía una parte. Y pronto cumpliría la otra. Pero no quería que nuestra vida se convirtiera en una cuestión de dinero.

-¿Qué vas a hacer? -pregunté.

Lucian tomó mi mano.

-Voy a ir.

-¿Solo?

-No.

Lo miré.

-¿Quieres que vaya contigo?

-Quiero que vengas conmigo.

Sonreí ligeramente.

-Entonces iré.

Él apretó mi mano.

-Pero hay algo más.

-¿Qué?

-Quiero contratar a otro abogado.

Fruncí el ceño.

-¿Otro?

-Uno que no tenga nada que ver con el despacho de mis abuelos.

Lo pensé unos segundos.

-Me parece buena idea.

-Quiero que revise todo antes de que firme cualquier cosa.

-Eso definitivamente me parece buena idea.

Lucian sonrió.

Por primera vez desde que había abierto aquel sobre, parecía un poco más tranquilo.
O eso esperaba yo, que estuviera tranquilo.

«tu crees que con toda esta situación estará tranquilo»

No claro que no, pero...

«Aveces no se en que mundo vives Daniela»

Tu deberías ayudarme a relajarme, ya cállate

«Uy si aja»

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Más tarde tuve que ir al súper mercado por cosas para la despensa, Lucian va siempre conmigo, pero toda esta situación lo tiene muy pero muy preocupado, que a veces ya ni me presta atención a lo que le digo.

— Ya llegué cariño. —dije entrando a casa y dejando las llaves sobre la mesita.

— Hola amor, — dijo Lucian, observando las bolsas que traía en las manos.— ¿Por qué demonios vienes con compras y por que no me dijiste que irías al super?.

— Lucian, ya no hay nada en la despensa, era hora de ir. Además te lo dije, pero no llegaste, y tuve que hacer las compras sola.

— ¿Qué? —dijo.

— Si, te lo dije hace horas, pero está bien, no pasa nada, ya estoy aqui así que ahora te toca a ti arreglar y cocinar porque estoy muy cansada.

— Lo siento. — dijo de repente, tomándome de las muñecas.

Lucian tenía una mirada como de culpa. Miraba hacia abajo, se que se estaba culpando por no prestarme atención. Y lo comprendía se que esto puede volver loco a cualquiera.

— Mi vida no pasa nada. — dije, abrazándolo— se que todo esto te tiene estresado y a mi tambien, pero estamos juntos en todo esto ¿recuerdas?.

Lucian puso sus manos en mi vientre y empezó acariarlo.

— Fuiste sola, —dijo preocupado—¿no te paso nada? ¿Alguien te golpeó? ¿No te tropezaste? ¿Te sientes bien?

— Cariño estoy bien, —dije posando mis manos junto a las de el— estamos bien.




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