Daniela West
No dormí nada anoche. Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el sobre sobre la mesa.
"Revisar su situación como beneficiario."
No sabía qué significaba exactamente, pero después de todo lo que Lucian me había contado, no estaba dispuesta a esperar tres días para descubrirlo.
A las siete de la mañana ya estaba sentada en la cocina con una taza de té que apenas había probado.
Lucian apareció unos minutos después.
-¿Tampoco dormiste bien?
Negué con la cabeza.
-No.-dije -¿Y tú, amor?-pregunte aunque ya sabía la respuesta.
Se sentó frente a mí.
-Yo tampoco mi vida.- dijo, con una voz cansada y desganada, y también pude notar preocupación.
No sabía que esperar realmente de aquella reunión. Pero había algo que sí sabía: no podíamos presentarnos allí sin saber qué estaba pasando.
Miré a Lucian, que estaba sentado frente a mí, con los brazos cruzados y la mirada perdida.
-Lucian, amor tenemos que hablar con alguien -dije finalmente.
Él levantó la mirada.
-¿Con quién?
Lo miré durante unos segundos. Había una persona a la que podía acudir.
No sé cómo pude olvidarme de el.
«por supuesto, si no se en que mundo vives ya te lo dije»
«Cállate, no es momento.»
Una persona que conocía de leyes mucho más que cualquiera de nosotros.
Tristán Gray
Tristán Gray era el mejor amigo de mi madre desde hacía muchos años. Aunque no teníamos la misma sangre, en mi familia siempre había sido tratado como uno más.
Y también era abogado.
No simplemente un abogado cualquiera.
Había construido una reputación impresionante a lo largo de los años. Mi madre siempre decía que, si algún día necesitábamos ayuda con un asunto realmente complicado, Tristán era la primera persona a la que debíamos llamar.
Hasta ese momento nunca había imaginado que algún día necesitaría hacerlo.
-Con mi tío Tristán.
Lucian frunció ligeramente el ceño.
-¿Tu tío?
Sonreí.
-Bueno... técnicamente no es mi tío.
-Daniela...
-Es el mejor amigo de mi mamá. Ha estado con mi familia desde antes de que yo naciera. Para mí es mi tío.
Lucian asintió lentamente.
-¿Y es abogado?
-Sí. Y de los buenos.
Hice una pausa.
-De los mejores.
Lucian tomó el documento y volvió a mirarlo.
-¿Crees que pueda ayudarnos?
-Si alguien puede hacerlo, es él. Creo que, si le cuento todo, va a querer ayudarnos.
Lucian se quedó pensativo.
-Nuestras familias aún no saben nada de esto.
-No.
-¿Y él?
-Tampoco.
-Entonces...
-Tenemos que contarle todo.-dije lo más segura posible.
Lucian bajó la mirada.
Sabía qué significaba "todo".
Nuestro matrimonio.
El embarazo.
Las cláusulas.
El antiguo abogado.
El nuevo despacho.
Y la posibilidad de que alguien estuviera intentando cambiar el destino de la herencia.
Después de unos segundos dijo:
- Está bien, vayamos con él.
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Varias horas después estábamos frente a la oficina de Tristán.
Durante todo el camino había sentido los nervios revolverse en mi estómago.
No solamente por lo que íbamos a contarle.
También porque Tristán jamás había conocido a Lucian.
Y eso me hacía sentir extrañamente nerviosa.
-¿Estás segura de que no quieres entrar sola primero? -preguntó Lucian mientras caminábamos hacia la puerta. Se notaba preocupado.
Lo miré.
-¿Por qué?
-Porque quizá tu tío quiera matarme después de saber que llevamos seis meses casados y que nunca se lo dijimos.
Solté una pequeña risa. Lo teme de las manos acariciando suavemente.
-No creo que quiera matarte.
-¿Crees?
-Bueno... probablemente primero me quiera matar a mí.
Lucian sonrió.
-Eso me tranquiliza muchísimo.
Negué con la cabeza y agarrados de las manos dije.
-Vamos.
Entramos.
La secretaria reconoció mi apellido inmediatamente y nos indicó que Tristán estaba en su oficina.
Cuando llegamos frente a la puerta, me quedé quieta unos segundos.
Lucian me miró.
-¿Qué pasa? -pregunto.
-Nada.
- Princesa- dijo y me abrazó. -siempre juntos recuerda, en lo bueno, en lo malo, y en todo.
- Si, Lucian, siempre juntos en todo.
Respiré profundamente. Con los nervios a flor de piel.
Toqué la puerta.
-Adelante.
Abrí.
Y ahí estaba.
Tristán estaba detrás de su escritorio, revisando unos documentos. Al verme, levantó la mirada y, por un instante, su expresión seria desapareció.
-Daniela. -dijo con una sonrisa casi de oreja a oreja.
Se puso de pie.
-¡Tío!
Rodeé el escritorio y lo abracé.
Tristán me recibió con fuerza, como siempre lo hacía.
-¿Qué haces aquí? -preguntó mientras me daba un beso en la frente-. Tu mamá me dijo que estabas ocupada con la universidad.
-Lo estaba.
-Entonces algo importante debe haber pasado.
Me separé de él. Y fue entonces cuando recordó que no había venido sola.
Tristán miró hacia la puerta. Sus ojos se encontraron con los de Lucian.
Lucian se quedó quieto.
Yo sonreí ligeramente.
-Tío, él es Lucian.
Tristán lo observó durante unos segundos.
Lucian dio un paso hacia nosotros.
-Mucho gusto, señor Gray.
Tristán extendió la mano.
-Tristán está bien.
Se estrecharon la mano. Pero antes de soltarlo, Tristán miró a Lucian de una manera que me hizo sonreír. Era esa mirada de abogado que parecía analizarlo todo.
-Así que tú eres Lucian Roy.
Lucian arqueó ligeramente una ceja.
-¿Ya había escuchado de mí?
Tristán soltó una pequeña sonrisa.
-Daniela habla más de lo que cree.
Lo miré indignada.
-¡Tío!
Lucian soltó una risa.
-Eso sí quiero escucharlo.
-No le hagas caso -dije rápidamente.
Tristán sonrió. Por unos segundos, todo se sintió normal. Como si hubiéramos ido simplemente a visitarlo. Pero entonces sus ojos volvieron a posarse sobre nosotros. Y su expresión cambió.