Nuestra familia

Capítulo 3.1

—Entonces... —murmuró Tristán— se casaron hace seis meses.

Lucian asintió.

—Sí.

Tristán hizo una pequeña anotación.

—Daniela quedó embarazada aproximadamente hace tres meses.

—Sí.

Volvió a escribir.

—Y las supuestas cláusulas las conocieron hace dos meses.

—Exactamente —respondió Lucian.

Tristán levantó la mirada.

—Lo que significa que cuando ustedes se enteraron de esas condiciones, Daniela ya estaba embarazada.

—Aunque yo todavía no lo sabía —aclaré.
Tristán asintió.

—Eso es importante.

Dejó el bolígrafo sobre el escritorio y nos miró a ambos.

—Porque necesito saber algo más. No solamente como abogado, sino porque si voy a involucrarme en esto, necesito conocer sus verdaderas intenciones.

Lucian permaneció atento.

—El bebé no tuvo nada que ver con las cláusulas —dijo.

—Quiero escucharlo de los dos.

Lo miré directamente.

—No. No tuvimos este bebé por la herencia. Ni siquiera sabíamos que existían esas condiciones cuando quedé embarazada.

—¿Fue planeado? —preguntó Tristán.

Negué con la cabeza.

—No.

Lucian hizo lo mismo.

—No fue planeado.

Tristán volvió a mirar las fechas.

—Entonces, cronológicamente, ustedes no pudieron haber tomado la decisión de tener un hijo para cumplir una condición que todavía desconocían.

—Exactamente —dije.

Tristán se reclinó lentamente en su silla.

—Bien.

Por primera vez desde que habíamos comenzado a hablar, pareció un poco más tranquilo.

—Eso cambia bastante la forma en la que debemos analizar esto.

—¿Por qué? —preguntó Lucian.

Tristán juntó las manos sobre el escritorio.

—Porque si esas cláusulas realmente existen, y si establecen algo relacionado con el matrimonio y un hijo, tenemos que determinar cuándo fueron redactadas, si fueron modificadas posteriormente y, sobre todo, si las condiciones que ustedes conocieron hace dos meses son realmente las que aparecen en el documento original.

Lucian frunció el ceño.

—¿Crees que pudieron haber cambiado algo?

—No estoy diciendo eso —respondió Tristán con calma—. Estoy diciendo que todavía no tenemos pruebas suficientes para afirmar qué ocurrió.

Hizo una pausa.

—Y hasta que las tengamos, no vamos a asumir nada.

Tristán tomó el documento de la citación.

—No quiero que vayan a esa reunión sin que yo haya revisado primero toda la documentación relacionada con esta herencia.

Tristán se reclinó en su silla.

Por primera vez desde que habíamos entrado, parecía realmente sorprendido.

—Vaya.

Se pasó una mano por el rostro.

—Daniela, ¿en qué clase de problema te has metido?

—En uno bastante grande, aparentemente.

Tristán soltó una pequeña risa, aunque su mirada seguía preocupada.

—Eso parece.

Luego volvió a ponerse serio.

—Pero ahora necesito que me escuchen atentamente.

Los dos asentimos.

— Como dije, no quiero que vayan a esa reunión sin que yo haya revisado primero toda la documentación relacionada con esta herencia.

—¿Crees que algo esté mal? —preguntó Lucian.

Tristán negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé.

Y esa respuesta, viniendo de él, me preocupó más que cualquier otra.

—Precisamente por eso no voy a asumir nada.

Abrió un cajón y sacó una libreta.

—Necesito ver el testamento original. Las escrituras notariales correspondientes. Cualquier modificación. Cualquier testamento anterior. Las fechas. Los registros. Todo.

Lucian lo observaba atentamente.

—¿Y si el documento fue cambiado?

Tristán levantó la mirada.

—Entonces tendremos que demostrarlo.

—¿Y si nunca existió esa condición?

—Entonces tendremos que descubrir de dónde salió.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Tristán cerró la libreta.

—Por ahora, no le digan al nuevo abogado que están casados.

Lo miré sorprendida.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sabemos qué información tienen ellos.

Hizo una pausa.

—Y tampoco sabemos qué información creen tener.

Lucian asintió.

—¿Y si nos preguntan directamente?

Tristán lo miró fijamente.

—No mientan. Pero tampoco entreguen información que no les hayan solicitado. Y, sobre todo, no firmen absolutamente nada sin que yo lo revise primero.

Sentí que algo dentro de mí se calmaba.
Por primera vez desde que había llegado aquella citación, sentí que no estábamos solos.

Tristán tomó nuevamente la carpeta.

—Déjenme esto a mí.

Lo miré.

—¿De verdad vas a ayudarnos?

Su expresión se suavizó.

—Daniela, eres mi familia.

Luego miró a Lucian.

—Y si vas a formar parte de ella, aunque haya sido de una manera bastante... inesperada, también voy a protegerte.

Lucian sonrió ligeramente.

—Gracias.

Tristán volvió a mirar los documentos.

—Primero descubriremos qué saben ellos.
Levantó la mirada hacia nosotros.

—Después decidiremos qué necesitan saber ellos de ustedes.

Salimos de aquella oficina un rato después. Pero mientras caminaba junto a Lucian, no podía dejar de pensar en una sola cosa.

¿Qué había ocurrido realmente con la herencia de los abuelos de Lucian Roy?

–––

Los días siguientes pasaron más rápido de lo que esperaba.

Tristán se había quedado con una copia de los documentos y nos había pedido que intentáramos continuar con nuestra rutina mientras él investigaba.

Aunque no era fácil.

El jueves por la mañana, Lucian y yo estábamos sentados en una de las mesas de la universidad.

Él tenía varios libros de Administración de Empresas abiertos frente a él, mientras yo intentaba terminar un trabajo de Psicología.

Llevaba varios minutos mirando la misma página sin entender absolutamente nada.

—¿Vas a seguir mirando esa hoja o piensas escribir algo? —preguntó Lucian.




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