Daniela West
El viernes llegó demasiado rápido.
Durante toda la mañana había intentado convencerme de que aquella reunión no sería tan grave.
No funcionó.
Lucian estacionó frente al edificio del despacho y apagó el motor.
Ninguno de los dos bajó inmediatamente.
—¿Nervioso? —pregunté.
—No.
Lo miré.
—Mentiroso.
Sonrió ligeramente.
—Mucho.
Tomé su mano.
—No estás solo.
Me miró durante unos segundos.
—Lo sé.
Apreté suavemente sus dedos.
—¿Recuerdas lo que dijo Tristán?
—Que no firmemos nada.
—Y que no demos información que no nos hayan pedido.
Lucian asintió.
—Y que no mienta.
—Exactamente.
Se quedó pensativo unos segundos.
—Entonces supongo que tendremos que tener mucho cuidado con lo que decimos.
—Muchísimo.
Nos miramos.
Los dos sabíamos que aquella reunión podía ser más importante de lo que parecía.
Finalmente, bajamos del automóvil.
Entramos al despacho.
Una secretaria nos indicó que esperáramos unos minutos.
Después de casi diez minutos, un hombre salió de una de las oficinas.
—Señor Roy.
Lucian se levantó.
—Sí.
—Soy el abogado encargado actualmente de la sucesión de sus abuelos.
Le estrechó la mano.
Después me miró.
—¿Y usted?
Lucian respondió antes que yo.
—Daniela. Ella viene conmigo.
El abogado asintió.
—Por supuesto.
Entramos a la oficina.
Había varios documentos sobre el escritorio y una carpeta bastante gruesa frente al abogado.
Me senté junto a Lucian.
El hombre tomó asiento frente a nosotros.
—Lucian, antes de comenzar, necesito hacerle algunas preguntas.
—Está bien.
El abogado abrió la carpeta.
—¿Conoce las condiciones establecidas por sus abuelos para la entrega de la herencia?
Lucian lo miró fijamente.
—No.
El abogado se quedó quieto durante un segundo.
—¿Está seguro?
—Completamente.
El hombre juntó las manos sobre el escritorio.
—Entonces tenemos un problema.
Sentí que Lucian tensaba ligeramente la mano sobre la mía.
—¿Qué problema? —preguntó.
El abogado abrió una de las primeras páginas.
—Porque según la documentación que tenemos aquí...
Hizo una pausa.
—...usted no puede recibir la totalidad de la herencia simplemente por cumplir veintiún años.
Lucian frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
— Que, existen determinadas condiciones.
Intenté mantener una expresión de sorpresa.
—¿Condiciones? —pregunté.
El abogado me miró.
—Sí.
Lucian negó ligeramente con la cabeza.
—Mi antiguo abogado nunca me habló de ninguna condición.
—¿El abogado que llevaba anteriormente el caso?
—Sí.
El hombre bajó la mirada hacia los documentos.
—Eso es curioso.
—¿Por qué? —preguntó Lucian.
—Porque estas condiciones aparecen registradas dentro del expediente que recibimos.
Sentí un pequeño escalofrío.
—¿Y cuáles son? —pregunté.
El abogado pasó una página.
—La primera está relacionada con el matrimonio.
Lucian permaneció completamente serio.
—¿El matrimonio?
—Sí.
Hizo una pausa.
—Para acceder a la totalidad de determinados bienes, el beneficiario debe estar legalmente casado.
Sentí que el corazón me golpeaba con fuerza. Lucian, sin embargo, mantuvo el rostro tranquilo.
—No estoy casado.
El abogado levantó la mirada.
—¿No?
—No.
—¿Y tiene intención de casarse próximamente?
Lucian hizo una pequeña pausa.
—No lo he considerado.
Lo miré de reojo.
Sabía perfectamente que estaba mintiendo.
Pero lo estaba haciendo bien.
—A nuestra edad —continuó—, sinceramente, no es algo que haya considerado una prioridad.
El abogado asintió lentamente.
—Entiendo.
Pasó otra página.
—La segunda condición está relacionada con los descendientes.
Sentí que mi mano se tensaba alrededor de la de Lucian.
—¿Descendientes? —pregunté.
—Un hijo.
Mi respiración se detuvo por un instante.
Lucian frunció el ceño, fingiendo desconcierto.
—¿Un hijo?
—Sí.
El abogado nos observó a ambos.
—La documentación establece una condición relacionada con que el beneficiario tenga descendencia.
Lucian soltó una pequeña risa nerviosa.
—Eso es... bastante específico.
—Lo es.
—¿Y qué ocurre si no cumple esa condición?
El abogado cerró parcialmente la carpeta.
—La distribución de los bienes cambia.
Lucian se quedó en silencio.
Yo bajé la mirada, intentando parecer confundida.
—Entonces... ¿qué pasa con la herencia si él no cumple esas condiciones?
El abogado me observó durante unos segundos antes de responder.
—Existe un beneficiario sustituto.
Lucian levantó la mirada.
—¿Quién?
El abogado pasó otra página.
—Su primo.
Sentí que el estómago se me hacía un nudo.
Era exactamente lo que habíamos escuchado dos meses atrás.
Pero había algo que no entendíamos.
Si aquellas condiciones realmente estaban ahí, ¿por qué el antiguo abogado nunca se las había mencionado?
Lucian habló después de unos segundos.
—¿Mi primo?
—Sí.
—¿Por qué él?
El abogado se encogió de hombros.
—La documentación establece que, si usted no cumple determinadas condiciones, los derechos pasarían al beneficiario sustituto.
Lucian mantuvo la mirada sobre él.
—Nunca tuve conocimiento de eso.
—Ahora lo tiene.
En ese momento, mi teléfono vibró.
Una vez.
Después otra.
Miré discretamente la pantalla.
Tristán Gray.
Sentí que el corazón me dio un vuelco.
No podía contestar.
No allí.
Volví a guardar el teléfono rápidamente.
Lucian me miró.