16– Nov - 25
Darek
Me quedé sentado un rato más en "IBIZA" después de aquella enorme desilusión con Aurora. Ni siquiera sé qué sabor tenía la comida; me la tragué por pura inercia, con la cabeza en otro mundo y el ego por el subsuelo. Cuando por fin terminé, solté un suspiro largo, como queriendo que el aire se llevara la pesadez que tenía encima.
Saqué el teléfono para revisar el calendario, buscando algo que hacer para no pensar, y fue justo entonces cuando entró el mensaje de Vlad:
"Te esperamos en la costa a las 6. Donde siempre. No faltes, mamarracho."
Eso me arrancó una media sonrisa. Ese lugar... aquella orilla del mar donde hacíamos fiestas, jugábamos fútbol playa y, por un rato, dejábamos de ser "los alumnos promesa" de la academia. Ahí no había partituras, ni maestros, ni presión. Ahí éramos libres.
Pagué, tomé mi moto y salí de Caracas. El viento golpeaba mi cara mientras bajaba hacia la costa, y por un instante sentí que la velocidad dejaba atrás mis problemas. El cielo ya comenzaba a teñirse de un naranja intenso cuando llegué. A lo lejos, pude ver la silueta de Vlad sentado en la arena, mirando el mar, con la luz del atardecer pegándole de perfil.
—¡Epa! —gritó al verme, levantando la mano— ¡Miren quién se dignó a bajar del Olimpo!
Me bajé de la moto, me quité el casco y choqué su mano.
—¡Hombre, por fin! —siguió gritando— Creí que te habías muerto, o que la directora te secuestró para usarte de estatua en la entrada.
Solté una risa leve.
—No estuve tan lejos de eso —me senté a su lado en la arena— Hoy Dalia me agarró en una sesión intensa.
Vlad abrió los ojos exageradamente.
—A ver, contá pues. ¿Qué te dijo la reina del reglamento?
—Primero el sermón de siempre: la gira, el rendimiento, cuidar la imagen... —empecé.
—Ah, sí, lo típico —interrumpió, haciendo gestos con las manos— "Darek, eres especial, Darek, no respires fuerte o se te desafina el alma..." Qué ladilla.
Rodé los ojos y le di un empujón.
—¡No! Esta vez fue serio. Pero aparte del regaño, tenía buenas noticias.
—¿Así? —preguntó, ahora sí interesado.
Asentí y le solté todo: el patrocinador anónimo, la gala de fin de año, las becas masivas. Vlad pegó un grito que espantó a unas gaviotas.
—¡No me jodas! Pana, ¿es que no ves el potencial de eso? —hizo una pausa dramática, con los ojos brillando—. ¡Imagínate la cantidad de chicas nuevas que van a llegar! ¡Carne fresca, talento internacional!
Me reí por sus ocurrencias. Vladi no cambiaba.
—Juras tú que vienen por ti —le alcé una ceja— Y calma, tigre, que podrían ser niñas de diez años prodigio.
—Se van igual —dijo muy serio.
—¡Cállate, idiota! —le pegué un coñazo en el hombro— Eres un enfermo.
Se rió, pero de repente se puso serio al toque, analizándome la cara.
—Pedazo de bipolar... —murmuró— Pero ya va ¿Por qué andas con esa cara de telenovela barata? Algo más pasó.
Tragué saliva. Vlad me conocía demasiado bien.
—Nada... solo cosas mías.
—Anda, escúpelo. Dime con confianza —se puso serio, en modo "terapeuta".
—No quiero que te burles.
Se metió las manos en los bolsillos, fingiendo solemnidad.
—Palabra de músico.
—Es... sobre una chica.
Vladi soltó una carcajada que casi lo ahoga.
—¡Ay no, ya empezamos mal! ¡El romántico empedernido ataca de nuevo!
—¡Vlad! ¡En serio!
—Está bien, pues, está bien —se limpió una lágrima de risa— Decime, ¿quién es la víctima?
—Aurora —respondí bajito.
—¿Aurora? —repitió él, saboreando el nombre— ¿Quién coño es Aurora? ¿Una sirena que salió del mar? ¿Una mesera? ¿Una tiktoker? ¿Una alumna nueva? ¿Una visión celestial?
—¡No! —me reí a mi pesar— Es... una chica.
—Ah, ¡qué descriptivo! —fingió tomar nota en el aire— "Una chica"... ¡Wow! ¡Ahora sí tengo toda la información para el FBI!
Le di otro empujón, frustrado.
—¡Es que no sé cómo explicarlo!
—Pues explica cómo la gente normal. ¿Qué pasó? ¿Se besaron? ¿Te gustó? ¿Vos le gustaste? ¿Te rechazó? ¿Te dejó en visto? ¿Te confundió con el valet parking? Contadme todo.
Suspiré profundo. Y se lo conté todo. El café, la mirada, la conexión, mi fantasía musical estilo Hollywood, y cómo el novio apareció para destruir mis ilusiones en dos segundos.
Vlad escuchó con atención absoluta durante los primeros diez segundos... y después explotó.
—¡JAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJA! —se agarraba la cabeza, revolcándose en la arena— ¡No puede seeeer, pana! ¡Qué nivel de mamarracho!
—¡VLAD! —le grité— ¡Te dije que era serio!
—¡Y yo también me estoy riendo en serio! —volvió a reír a carcajadas— ¿Cómo vas a andar por ahí haciéndote películas de Disney con la primera espalda bonita que se te cruce?
—Tks... —chisté, mirando al mar.
—No... no puedo, hermano... —se dobló hacia adelante— ¡Vos te enamoraste en modo speedrun! Récord mundial de despecho.
—¡Cállate! —intenté sonar ofendido, pero terminé riéndome también. Era ridículo, lo sabía.
—No, espérate —continuó, secándose los ojos— ¿Y cómo se llama el título de la película? ¿Aurora la Express? ¿Aurora la Relámpago?
—Ya terminaste —le dije, cruzado de brazos.
Pero él se calmó de golpe, me miró fijo con una sabiduría extraña... y soltó la bomba:
—Mira, chamo. ¿Y si ese solo es su novio del momento? ¿Y después el actual sos vos?
Me quedé en blanco.
—¿Qué?
Vlad alzó los hombros, restándole importancia.
—Es que mano... vos sos Darek. Tenés ese "no sé qué" que arruina relaciones ajenas desde tiempos ancestrales. Cincuenta-cincuenta, mi pana.
—No seas baboso —le dije, aunque la frase se quedó dándome vueltas en la cabeza peligrosamente.
—Y bueno, agradece que te creo, eh. Porque suena a locura.
Me le tiré encima, llevándolo hasta la arena, peleando como carajitos hasta que ambos terminamos llenos de arena y riendo.
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Editado: 11.01.2026