16– Nov - 25
Darek
La noche olía a gasolina, a salitre ya guaro barato. Las motos estaban estacionadas formando un círculo perfecto, creando una arena improvisada bajo la luz pálida de los faroles. El ambiente estaba cargado, denso, como el aire antes de una tormenta eléctrica. Todos murmuraban, esperando la batalla, hambrientos de sangre musical.
Yo sentí la presión en el pecho, pero no era miedo. Era una energía parecida al vértigo antes de un salto al vacío. Esa mezcla peligrosa entre adrenalina y destino.
Sabía una sola cosa: mi plan solo funcionaba si Damián empezaba. Tenía que ser él. O yo estaba muerto.
El DJ sacó la moneda dorada, vieja, con marcas de uso. La lanzó en su mano como si fuera la llave del infierno.
— ¿Quién elige? —preguntó.
Damián dio un paso al frente, con esa sonrisa torcida que siempre me ha dado ganas de partirle la boca. Tenía la chaqueta abierta, caminando con aires de rey. Su combo atrás se reía, confiados.
—Yo elijo —dijo con voz arrogante— Elijo corona... porque la corona es mía.
Su grupito explotó en carcajadas aduladoras.
Yo respiro hondo. Diosito, dame esta, solo esta.
El DJ lanzó la moneda al aire. La vi subir en cámara lenta. La luna la iluminó mientras giraba sobre nuestras cabezas. Por un momento, todo el ruido desapareció. Solo estaba el sonido metálico girando en mi mente.
La moneda cayó en la arena.
El DJ se agachó. Silencio total.
—¡CARA! —gritó.
Damián frunció el ceño, molesto. Yo sonreí, le sostuve la mirada y di un paso al frente.
—Cayó cara, Damián... —me acerqué— y mi canción... te la canto en tu cara.
La gente gritó "UUUUUUHHHHH" como si hubieran visto el primer golpe de la noche.
Damián apretó los dientes, intentando recuperar la compostura. Un amigo suyo corrió donde el DJ y le pasó un USB. Era su ritmo. Su arma secreta.
El DJ le dio play.
El ritmo sonó a todo volumen, opacando el sonido de las olas. Era un Trap pesado, oscuro, con unos bajos que retumbaban en el pecho. Calidad de estudio. Damián se paseó como un animal suelto, subido en su ego. Me apuntaba, se reía, hacía gestos de rey. El público, aunque dividido, empezó a moverse con el ritmo.
Damián avanzó hacia el medio del círculo. Sonreía... pero no era una sonrisa normal. Era esa que él usaba cuando sabía que estaba a punto de apuñalarte con palabras. Yo no me moví. No le di ni un paso atrás, ni un gesto de miedo.
Dale pues, hazlo.
El maldito levantó el mentón y comenzó:
"¡Ja! Mírenlo volver, el hijo de papá."
Al decir "hijo de papá", alzó el dedo hacia mí como si estuviera señalando basura. Algunas risas en el fondo.
"Dicen que es leyenda, yo veo una farsa na' más. Escucha bien, Darek, que esto es una clase. Tú eres el pasado, yo soy el que nace".
Movió la mano como si estuviera barriendo algo viejo... barriéndome a mí. No le quites la mirada.
"Regresaste de Europa creyéndote el dueño, pero todo lo que tienes te lo dio Dalia en un sueño."
Al mencionar a Dalia, me apuntó directamente con el micrófono, mirándome con esa sonrisa venenosa.
"Tú no sabes de hambre, tú no sabes de aceras, tú eres un producto pa' venderles a las disqueras. Andas buscando plata, pidiendo prestado, yo tengo la cuenta con el banco explotado. Tú querías la cima, pero te falta el nivel, aquí yo soy la tinta y tú eres el papel".
Hizo un gesto como si estuviera escribiendo encima de mí. La gente gritó. Un colectivo "uuuuuh". Él lo siguió, caminando en círculo a mi alrededor como un tiburón:
"Regresas de Europa con los bolsillos vacíos, buscando la fama, metiéndote en líos. Persigues mujeres que ni te hacen caso, y quieres mi puesto pa' no ver tu fracaso. Intentan subirte, pero yo te bajé, tú buscabas la cima y yo te la quité".
Sentí un murmullo en el público. Varios grabando con sus celulares. Pero yo seguí estatua.
"Te crees una estrella, te crees el mejor, pero vives cansado, lleno de temor. En la calle dicen que ya te apagaste, que perdiste el brillo cuando te marchaste. No eres un MVP, eres banca de ayer, nadie pregunta por lo que no se puede ver".
Me miró de arriba abajo, negando con la cabeza. Yo respiré profundo por la nariz. Él continuó más fuerte, golpeando el ritmo con el pie:
"Yo controlo el negocio, yo soy el patrón, tú eres el cliente pidiendo un cupón. Te ves barato, con ropa prestada, mejor ni me mires, tu vida no es nada. Yo muevo las fichas, yo soy el que vende, tú eres el que compra y nunca lo entiende."
Luego señaló detrás de mí, apuntando a mis amigos. Vlad se encogió.
"Mira a tus amigos, puros traidores, se quedan contigo por tus favores. Mi gente es real, mi gente no falla, los tuyos se esconden si empieza la batalla. Rezan que no te vayas, pa' poder comer, son falsos profetas, lo tienes que ver".
Mi mandíbula se tensó. Con mis amigos no.
"Presumes de chicas, pero muy solo, mi novia es fiel, yo lo controlo todo. Ella ni te conoce, ni sabe quién eres, deja estás de soñar con ajenas mujeres. Está concentrada en este papá, tú eres un niño que no le da na'."
Se toca el pecho, marcando territorio. Me hervía la sangre, pero mantuve la calma. Era parte del plan. Dejaría que se confiara.
"Hablas de calle y creciste en la cuna, tú nunca has pisado ni cerca la luna. Tus pasos son viejos, tu estilo es de risa, vienes de abajo, pero subes con prisa. No eres un 'killer', no llenas estadios, solo suenas triste en las viejas radios".
Hizo un gesto de bostezo exagerado. La gente río.
"Tu música aburre, duerme a la gente, no tienes la cura, no eres potente. En la discoteca nadie te pone, te faltan los hits, te faltan cojones. Sueñas con el barrio, pero te olvidaron, preguntan '¿quién es?' y nunca te hallaron."
#112 en Joven Adulto
#1024 en Otros
#6 en No ficción
romance, musica romance juvenil primer amor, romance joven enamorado
Editado: 11.01.2026