Nuestra historia en notas

6 - Reencuentro

17– Nov – 25

Omnisciente

La oficina de la dirección era la viva imagen del caos administrativo. Dalia, usualmente impecable, se movía entre montañas de papeles, aprobando registros y llenando documentos con una rapidez nacida de la desesperación. El estrés se le notaba en la rigidez de los hombros; tenía encima la actividad de fin de año y sentía que el tiempo se le escapaba como agua entre los dedos.

—¡Maldita sea la "oportunidad mejor"! —mascullo, estampando un sello con demasiada fuerza en un papel.

Dos golpes en la puerta interrumpieron su frenesí. Adriana y su amiga Bella asomaron la cabeza.

—¿Se puede? —preguntaron casi al unísono. asomó la cabeza Adriana, con esa sonrisa que arregla días malos. Detrás de ella venía Bella, un torbellino de energía con uniforme impecable.

—Pasen —respondió Dalia, sin dejar de firmar — Si vienen a pedir permiso para faltar, la respuesta es no. Si vienen a traerme chocolate, la respuesta es sí.

Las chicas notaron de inmediato la tensión en el aire.

—¿Qué está pasando, Dalia? —preguntó Adriana, preocupada— Se ve todo... intenso. Parece que te atropelló un camión de trámites.

Dalia soltó el bolígrafo y suspiró, al borde de un ataque de histeria.

—¡Mi secretaria renunció hoy en la mañana! —exclamó, señalando el escritorio vacío— Me dejó todo hecho un desastre, no hallo ni por dónde empezar y tengo la Gala encima.

—¿Pero por qué? —insistió Adriana— ¿Así de la nada?

—Lo único que me dijo fue que le había llegado "otra oportunidad mejor" y que tenía que irse ya —respondió Dalia con amargura.

Bella, dio un paso al frente. Ella era alumna de la academia, amiga cercana del grupo de Darek, Mateo, Vladi y Adriana, aunque con una vida distinta; vivía con sus padres y tenía esa vibra de niña de casa, pero con un corazón enorme.

—Tranquila, Dalia —dijo Bella con decisión— Nosotras te podemos ayudar mientras encuentras un reemplazo.

Dalia las miró con pena, pero el alivio fue mayor.

—¿En serio? Chicas, sería de mucha ayuda. No saben cuánto. Chicas, son unos ángeles.

—¿Por qué tanto papeleo? —preguntó Adriana, tomando un mazo de hojas.

—Son las fichas de los nuevos estudiantes que han aplicado a la beca —explicó Dalia— Han llenado la matrícula y hay que agregarlos al sistema urgente.

Como alumnas de grados superiores, Adriana y Bella conocían el sistema de la academia al revés y al derecho, así que aceptaron con gusto. Mientras organizaban, Dalia, intentando recuperar la normalidad, les preguntó:

—Por cierto, ¿ya tienen listos los preparativos para la gran noche?

—Sí —respondió Adriana— En la tarde tenemos reunión con los comités para ver cómo va todo.

De repente, Bella se detuvo en seco al leer una ficha que tenía en la mano. Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Quién es Aurora Elizabeth? —preguntó Bella en voz alta.

—¿Por qué? —inquirió Adriana, acercándose.

—Porque mira esto... ella es de Europa. Viene de lejísimos para estudiar aquí.

Al escuchar el nombre, Dalia reaccionó de inmediato.

—Ella es un caso súper especial —dijo la directora, extendiendo la mano— Denme esa página a mí. Yo personalmente la inscribiré. De hecho, está a punto de llegar.

Mientras tanto, en el patio de la academia, la atmósfera era mucho más relajada.

Darek, Vladi y Mateo estaban sentados comiendo unos sándwiches, disfrutando de la calma post-batalla.

—¿Creen que aparecerá el bobo de Damián? —preguntó Vladi con la boca llena.

—Seguro está buscando una escoba que combine con su ropa —bromeó Mateo.

Entre risas y pláticas, terminaron de comer y decidieron dirigirse hacia el estudio de grabación. Pero justo cuando cruzaban el estacionamiento, el sonido de una moto interrumpió su paso.

Una moto entró con dos personas a bordo. El conductor frenó cerca de la entrada. La persona de atrás se bajó y, al quitarse el casco, una cascada de cabello castaño con reflejos dorados brilló al sol.

Era ella. Aurora.

Darek se quedó paralizado en su sitio, como si le hubieran puesto pausa a su mundo. Vladi, al notar la reacción de su amigo, le dio un codazo suave.

—Epa... ¿esa es la que hizo que te montaras el espectáculo en la cabeza ayer? —preguntó Vladi.

—Sí —respondió Darek, sin dejar de mirarla— Es ella.

Darek se acercó, incapaz de contenerse. Aurora volteó y, al verlo, lo reconoció rápidamente. Una sonrisa iluminó su rostro.

—¡Hola! —gritó ella a lo lejos.

Se encontraron a mitad de camino y se dieron un breve abrazo, un poco tímido.

—Bienvenida a la academia —le dijo Darek con suavidad.

En ese momento, el conductor de la moto, el novio, interrumpió la escena sin siquiera bajarse ni quitarse el casco.

—Ya tengo que retirarme —le dijo a Aurora con tono de prisa— Llámame para venir a traerte.

—Está bien —dijo ella.

El tipo aceleró y se fue, dejando una estela de indiferencia. Darek se sintió un poco incómodo, pero trató de obviar la situación rápidamente.

—Si quieres... te puedo dar el recorrido por la academia para que conozcas el lugar —ofreció Darek, intentando recuperar el momento.

Aurora lo miró agradecida, pero negó con la cabeza levemente.

—Primero que nada, muy amable, Darek. Pero segundo... tengo que ir con urgencia a la oficina de la directora.

—Ah, claro. Con gusto te llevo —dijo él.

Los dos emprendieron el camino hacia la oficina. Atrás, Vladi y Mateo se quedaron impresionados, comentando entre susurros la innegable belleza de la chica que acababa de llegar.

Mientras caminaban por el pasillo, Darek no pudo evitar la curiosidad.

—Oye, ¿y cuál es el motivo por el cual elegiste estudiar aquí? Digo, vienes de Europa.

Aurora suspiró, mirando las paredes llenas de historia musical.

—Cuando era pequeña viví en Venezuela —confesó ella— Uno de mis sueños siempre fue ser cantante. Pero al crecer, tuve que mudarme con mis padres a Europa por compromisos familiares. Me tocó irme.




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