Nuestra historia en notas

7- El Recorrido

17 – Nov – 25

Omnisciente

El pasillo principal de la Academia "La Poesía Musical" vibraba con una energía distinta a la de cualquier universidad convencional. No había silencio de biblioteca; había una cacofonía organizada de violines afinando, voces calentando escalas en las aulas y el bajo retumbando desde los estudios del sótano.

Darek caminaba junto a Aurora, sintiendo una mezcla de orgullo y nerviosismo. Quería mostrarle su mundo, pero también temía que ella, acostumbrada a los conservatorios de mármol de Europa, viera esto como un juego de niños.

—Entonces... esto es "La Poesía" —dijo Darek, abriendo los brazos mientras caminaban bajo los murales que representaban a leyendas de la música latina— Aquí no solo estudiamos notas, estudiamos el alma.

Aurora observaba todo con ojos grandes, absorbiendo el caos creativo.

—Es... ruidoso —admitió ella con una sonrisa tímida—, pero es un ruido bonito. Se siente vivo. En el conservatorio de Viena, si estornudabas fuera de tiempo, te miraban mal.

Darek soltó una risa.

—Aquí, si estornudas a tiempo, Vladi lo graba y lo convierte en un beat.

Llegaron a una puerta pesada, insonorizada, con un letrero luminoso que decía: "ESTUDIO B - PROHIBIDO EL PASO (SALVO PERSONAL AUTORIZADO)". Darek sacó su tarjeta de estudiante de 3º Año y la pasó por el lector. El pitido de acceso le dio una pequeña dosis de satisfacción.

—Bienvenida a la sala de máquinas —anunció, abriendo la puerta.

El aire acondicionado golpeó sus rostros, frío y seco, diseñado para proteger los equipos. Adentro, la iluminación era tenue, dominada por luces LED azules y violetas.

Frente a la consola de mezcla, que parecía la cabina de una nave espacial, estaba Mateo. Sus dedos se movían con precisión quirúrgica sobre los faders, ajustando niveles de ecualización en una pantalla gigante llena de ondas de sonido. A su lado, sentado en un sofá con una laptop y un controlador MIDI, estaba Vladi, moviendo la cabeza rítmicamente, totalmente en trance.

—¿No deberían estar en clase? —preguntó Aurora, impresionada por el equipo.

Vladi se quitó los audífonos al verlos entrar.

—La clase es esta, miss Europa —dijo Vladi con su típica sonrisa burlona— Estamos en la práctica de Ingeniería de Sonido. Mateo está tratando de salvar una voz que grabaron los de primero, que suena como gato en celo.

Mateo rodó los ojos, pero sonrió.

—Ignóralo. Estoy masterizando la maqueta para la clase de Producción. —Mateo se giró hacia Aurora— Bienvenida al "Laboratorio". Aquí es donde Darek deja de ser el niño bonito y se pone a trabajar de verdad.

Aurora se acercó a la consola, fascinada.

—Es equipo de última generación —murmuró, acariciando el borde de la mesa— En Europa solo los profesores podían tocar esto.

—Aquí, si lo rompes, lo pagas —dijo Darek, apoyándose en el marco de la puerta—, pero tienes que tocarlo para aprender. Mateo es el cerebro técnico, el Ingeniero. Vladi es el caos creativo, el Productor. Y yo... bueno, yo solo pongo la voz y la cara.

—Y el drama —añadió Vladi— Pones mucho drama.

Aurora rio, una risa genuina que hizo que el ambiente se sintiera más ligero. Darek sintió que el pecho se le inflaba. Estaban encajando. Su equipo, su mundo, y ella.

—Vámonos antes de que Vladi intente samplear tu risa —dijo Darek, haciéndole señas a Aurora para continuar.

Salieron del estudio y subieron hacia la zona de los auditorios. Pero en el pasillo de servicio, se toparon con una escena que Darek no esperaba disfrutar tanto.

Damián, el "Rey" caído, venía caminando con dificultad. Llevaba dos cajas pesadas de utilería llenas de cables y micrófonos viejos. Sudaba, y su uniforme de "Artista Integral" estaba arrugado y manchado de polvo.

Al verlos, Damián se detuvo. Sus ojos pasaron de la vergüenza a la ira en un segundo.

—Cuidado con la espalda, cenicienta —soltó Darek, sin detenerse, pero con un tono de voz lo suficientemente alto para que resonara en el pasillo— Acuérdate que mañana toca limpiar el Salón de Espejos. Quiero verme reflejado en el piso.

Damián apretó la mandíbula, tanto que se le marcó un músculo en la mejilla.

—Disfruta mientras puedas, Darek —masculló Damián— La Gala viene pronto. Y ahí no te van a salvar tus amiguitos.

—Para la Gala falta mucho. Para que limpies el baño, faltan cinco minutos —respondió Darek con una frialdad absoluta.

Aurora observó la interacción en silencio, notando la tensión eléctrica entre los dos. Cuando se alejaron, ella preguntó en voz baja:

—¿Ese es...?

—El que perdió la apuesta —confirmó Darek— Y el que va a intentar hacernos la vida imposible este año. Pero no te preocupes, ladra más de lo que muerde.

Finalmente, llegaron a las puertas dobles del final del pasillo. Darek las empujó y entraron al Gran Auditorio.

Estaba vacío y en penumbra, solo iluminado por una "luz de trabajo" en el centro del escenario. Las butacas de terciopelo rojo se extendían hacia arriba en la oscuridad. El silencio allí era sagrado.

—Aquí es —susurró Darek. Su voz tuvo eco.

—¿La Gran Gala? —preguntó Aurora, caminando lentamente hacia el borde del escenario.

—Sí. Aquí es donde los de 5º Año se gradúan. Pero también es donde nosotros, los de 3º, tenemos que demostrar que merecemos estar aquí —Darek subió los escalones del escenario y le tendió la mano para ayudarla a subir— Este año, todos los ojos van a estar puestos en nosotros. Dicen que van a venir cazatalentos de Miami y México.

Aurora aceptó su mano. Su piel estaba fría, pero su agarre era firme.

—Es inmenso —dijo ella, mirando hacia las butacas vacías— Da miedo.

—Da pánico —corrigió Darek, soltando su mano suavemente, aunque no quería hacerlo— Pero cuando las luces te pegan en la cara y no ves a nadie... solo sientes la música. Es la mejor droga que existe.




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