17 – Nov – 25
Aurora Elizabeth
La reunión terminó, pero mi cabeza seguía dando vueltas. En mi libreta tenía anotado: "Cantar en la Gala - Cierre del Bloque 2". Se veía tan simple en tinta azul, pero sentía que acababa de firmar un pacto con el destino.
Mientras guardaba mis cosas, escuché a Adriana hablar con los chicos mientras revisaba unas carpetas.
—Bueno, yo me adelanto con Bella —dijo ella, apurada— Tenemos que terminar el papeleo de los becados antes de mañana. Los veo en la noche en el apartamento, ¿vale? Vladi, no te comas mi cena.
Me quedé congelada con el bolígrafo en la mano. ¿Apartamento? ¿Se ven en la noche? ¿Viven juntos?
Una sensación fría, muy parecida a los celos —aunque me negaba a admitirlo, porque yo seguía sintiendo eso — me recorrió el pecho. Miré a Darek, que se estaba despidiendo de Mateo, y luego a Bella, que se reía de algo que decía Adriana. Parecían un bloque sólido, impenetrable. Y yo, de nuevo, me sentí fuera.
—¿Lista, futura estrella? —Darek apareció a mi lado, sacándome de mis pensamientos.
—Sí, lista —mentí, forzando una sonrisa.
Salimos del edificio principal. El sol de la tarde ya estaba cayendo, pintando el cielo de La Guaira de tonos naranjas y violetas. Saqué mi celular discretamente y escribí un mensaje rápido:
Para: Amor
Ya terminé. Ven a traerme ya, te espero en la entrada principal.
Guardé el teléfono y traté de seguir el paso de Darek. Él caminaba con esa soltura caribeña, como si el suelo fuera suyo.
—No pongas esa cara de pánico —me dijo, notando mi tensión— Lo que pasó allá adentro fue increíble. Es tu oportunidad de oro, Aurora. Vas a salir del anonimato. Te van a escuchar cantar por primera vez y te aseguro que se van a caer de espaldas.
—Son nervios —admití, abrazándome a mí misma— Y emoción. Es una mezcla rara. En Viena todo era predecible. Aquí... aquí siento que todo puede pasar.
Caminamos unos metros en silencio, acercándonos a la garita de seguridad. La curiosidad me estaba matando, y la frase de Adriana seguía rebotando en mi mente.
—Darek... —empecé, tratando de sonar casual— ¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras.
—Escuché a Adriana decir que los vería en el apartamento —Tragué saliva— ¿Ustedes... tienen algo? ¿Ella y tú?
Darek se detuvo en seco y me miró con los ojos muy abiertos, casi cómicos.
—¿Adri y yo? —Soltó una carcajada fuerte— ¡No, por Dios! Adri es como mi hermana. Sería... raro. Muy raro.
—¿Y Bella? —insistí, sintiéndome un poco ridícula— ¿Son algo con Bella? Se ven muy cercanos.
—Tampoco —negó él, relajando la expresión, pero mirándome con curiosidad— Bella es amiga de la infancia, bueno, casi. Solo somos amigos. ¿A qué viene el interrogatorio, europea?
Sentí que me ruborizaba.
—Es que... escuché lo del apartamento y pensé...
—Ahhhhh, era eso —Darek suspiró, sonriendo con ternura— Ya entiendo. Mira, la historia es así: de chiquitos, en mi barrio, éramos un grupo de seis. Inseparables. Hacíamos todo juntos. Pero la vida da vueltas, dos se fueron por otros caminos, y quedamos cuatro: Vladi, Mateo, Adriana y yo.
Retomó el paso, explicándome con las manos.
—Cuando terminamos la secundaria y decidimos entrar a la academia, nuestros padres se unieron. Entre todos compraron un apartamento en un condominio cerca de aquí, en la zona central, para que viviéramos juntos y nos cuidáramos. Llevamos años conviviendo. Somos una familia disfuncional, básicamente.
—Oh —murmuré, sintiendo un alivio inmenso— Entiendo.
—Y Bella se unió después. Adri la conoció en primer año y la adoptó. Así que ella pasa mucho tiempo allá, pero no vive con nosotros —Me miró de reojo, con esa chispa burlona— Así que no, no hay harén. No tienes nada de qué preocuparte.
—¡No estaba preocupada! —me defendí rápido, demasiado rápido— Solo era curiosidad cultural.
—Ajá, curiosidad cultural —Me dio un empujoncito con el hombro— Te creo.
Llegamos a la acera de la avenida principal. El tráfico de la tarde estaba pesado. Darek se apoyó en un poste, mirándome fijamente.
—¿Y tú? —preguntó, cambiando el tono a uno más serio— ¿Qué hay de tu novio? ¿Cuánto llevan?
Suspiré. Era el momento de volver a la realidad.
—Llevamos casi cuatro años —dije, recitando el discurso que me sabía de memoria— Es una gran persona. Nuestros padres son amigos, se conocieron en reuniones de negocios en Europa. Él... él me apoya mucho.
—¿Te apoya? —Darek arqueó una ceja.
—Sí. Decidió acompañarme aquí para que yo pudiera cumplir mi sueño de entrar a la academia, mientras él atiende unos negocios familiares en la capital. Es muy atento. Me siento segura con él.
Traté de sonar convincente, no solo para Darek, sino para mí misma. Era la vida perfecta, ¿no?
—Ya veo —dijo Darek. Su voz sonó tranquila, pero noté cómo tensaba la mandíbula— Qué bueno. De verdad. Es difícil encontrar a alguien que te siga las locuras y con quien compartir todo. Me alegra que te vaya bien en el amor.
Hubo un silencio extraño. Quería preguntarle algo más. Necesitaba saberlo.
—¿Y tú? —pregunté suavemente— ¿Tienes novia actualmente?
Darek abrió la boca para responder. Sus ojos se encontraron con los míos y, por un segundo, el mundo se detuvo. Pero el instante se rompió con el rugido de un motor y un frenazo brusco.
El ambiente cambió de golpe. La brisa cálida se sintió pesada.
Una moto negra, grande y costosa, se detuvo justo frente a nosotros. El conductor se quitó el casco con un movimiento brusco. Era él. Mi novio.
Tenía el ceño fruncido y esa mirada que yo conocía bien: la mirada de "me debes una explicación".
—Amor... —dijo él, ignorando a Darek por completo y clavando sus ojos fríos en mí— ¿Qué pasó? Te he estado llamando. Pensé que ya nos íbamos.
Su tono no era de preocupación, era de reclamo.
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Editado: 11.01.2026