Punto de vista de: Angel
Los rayos de sol se filtraban por la ventana de la cabaña, pegándome en la cara y haciéndome levantar con poca energía.
— Buenos días, Ángel, ¿cómo dormiste? —me saluda Adolfo con una sonrisa amistosa.
— Dormí bien, aunque no tengo muchas ganas de hacer nada —murmuró con mala cara, todavía molesto por haber despertado.
— ¡Por fin abres los ojos! Ya tenía planeado lanzarte una cubeta de agua si seguías dormido —exclama Elizabeth divertida, con esa sonrisa burlona qué siempre pone, o como yo le digo; Lizzy.
— Ángel, dúchate y arréglate rápido. Hoy es un día muy especial, porque vamos de caminata por al bosque —me anima Adolfo con entusiasmo.
— Este campamento no puede ser más aburrido, ¿verdad? —se queja Lizzy arrastrando las palabras, caminando detrás de nosotros sin ganas.
Después de algunos minutos, yo ya estaba listo. Salí de la cabaña hacia las bancas del centro del campamento, donde ya me estaban esperando.
— Bien, ¡vamos! Recuerden permanecer siempre juntos —nos indica Adolfo seriamente, mientras nos adentramos en el bosque con el resto de los chicos.
— Esto es eterno... Ojalá pasara algo emocionante, como en las películas de terror donde aparece un asesino —comenta Lizzy con una risita traviesa, mirando los árboles oscuros.
— ¡Ojalá! Por lo menos eso si sería entretenido y divertido, y no está caminata sin sentido —respondo con una sonrisa maliciosa, caminando a su lado.
— Vamos, chicos, muestren algo de alegría, tal vez esto no parezca muy divertido ahora, pero les aseguro que hay muchas cosas increíbles esperándonos en el campamento —nos dice Adolfo tratando de animarnos.
— ¡Miren! Allí hay un pequeño conejo —grita de repente Adolfo, señalando hacia unos arbustos con emoción.
Lizzy y yo volteamos rápidamente. El pequeño animalito, al sentir que lo miramos, sale corriendo asustado entre la hierba.
— Tal vez regresa con su familia —comenta Adolfo con voz suave, para no hacer ruido.
Los tres nos quedamos parados un momento, observando hacia donde se fue, y sin pensarlo empezamos a seguirlo.
— Esto es igualito a Alicia en el país de las maravillas —dice Lizzy con una sonrisa soñadora—. ¿No les parece? Seguimos a un conejo... Solo nos falta que aparezca un agujero mágico en un árbol.
— ¡Shhh, silencio! Miren, se metió justo ahí, a esa cueva —nos detiene Adolfo de golpe, bajando la voz y señalando una entrada oscura entre las rocas.
— Es algo curioso... Pero bueno, ya vimos suficiente, vámonos ya —propone Lizzy, dando media vuelta como si nada le interesara.
— Vamos, chicos, ustedes mismos dijeron que querían divercion. ¡Esta es nuestra oportunidad para una gran aventura! —insiste Adolfo con ánimo, tratando de convencernos.
— ¡Guau, una aventura! Es lo que más me gusta del mundo... —digo con tono totalmente irónico, levantado las manos al aire exageradamente como si estuviera feliz, aunque por dentro me parecía una tontería.
— Está bien, mejor regresemos. Ya es hora de ayudar a limpiar las mesas del comedor —decide Adolfo, empezando a caminar de vuelta hacia el campamento.
— ¡Esperen! Pensándolo bien, a Lizzy y a mí nos encantan las aventuras, ¿verdad, Lizzy? —la apuro con una sonrisa nerviosa, dándole un codazo fuerte para que me apoye. Ella asiente rápido con la cabeza, entendiendo el juego.
— ¡Sí, claro, como se nos ocurre irnos ahora! Vamos a ver, pero no se separen ni un segundo —acepta Adolfo, aunque se nota que habla con ironía, y empieza a caminar hacia la entrada oscura.
Al entrar, casi no podíamos ver nada, estaba todo muy oscuro. De repente siento que piso algo duro que se hunde en el suelo, igual que un botón gigante. En un segundo, una roca enorme cae detrás de nosotros cerrando la entrada. Los tres nos quedamos helados, mirándonos con los ojos muy abiertos llenos de pánico.
—¡Mierda, Ángel! ¿Qué fue lo que pisaste? —me grita Lizzy alterada, sacando la linterna de su celular con manos temblorosas.
— ¡Tranquilos, respiren! Seguro hay otra salida más adelante, sigamos caminado —nos pide Adolfo tratando de mantener la calma, aunque su voz también se oía tensa. Él también prende su luz de su celular y avanza primero.
— Eso espero, porque este lugar me da muy mala espina... —susurra Lizzy con miedo, pegándose mucho a nosotros mientras avanzamos en la oscuridad.
Pero de la nada, algo sale volando directo a nuestras cabezas. Nos ponemos en alerta de inmediato y vemos cómo, desde el techo y las paredes del inicio del pasadizo, empiezan a salir flechaz disparadasa toda velocidad.
— ¡Oh, mierda! —exclamo sorprendido y asustado al mismo tiempo.
— ¡CORRAN! CORRAN HACIA ADELANTE, RÁPIDO! —nos ordena Adolfo a los gritos, mientras nos lanzamos a correr lo más rápido que nos permitían las piernas.
Llegamos al final del camino sin aliento, y nos damos cuenta con desesperación de que es un callejón sin salida.
— ¡Estamos muertos! ¡No hay por dónde salir! —grita Lizzy totalmente alterada, con la voz entrecortada por el miedo.
— Cálmate, respira profundo. Tiene que haber una salida oculta, busca bien —le pide Adolfo con suavidad, intentando calmarla mientras mira las paredes con desesperación buscando una solución.
Lizzy, nerviosa, se recarga pesadamente contra la pared de roca, y en ese momento se escucha un sonido metálico fuerte: ¡CLIC!.
— ¿Qué fue eso...? —alcanza a preguntar, pero antes de terminar la frase el suelo desaparece debajo de nosotros.
Empezamos a caer al vacío, todo gira a mi alrededor y mi vista se nubla por completo.
Cuando abro los ojos de nuevo, veo a Lizzy moviéndose a mi lado y a Adolfo sentándose en el suelo también. Los tres nos levantamos con mucho cuidado, adoloridos y confundidos.
— Bueno... Por lo menos ya no estamos encerrados ahí —comenta Lizzy con una media sonrisa, tratando de quitarle tensión al asunto, aunque se le notaba todavía asustada.
Editado: 09.06.2026