Nuestro Amor Destino y Voluntad

El Mundo de Zuid (capitulo 4)

—El poder eléctrico está muy concentrado... Su elemento lo domina muy bien. Si tan solo Damián estuviera aquí... —dijo Iris mientras sujetaba su hacha con firmeza.

—¿Damián? Él te dejó sola, ¿recuerdas? —refunfuñó Marco.

Lucía intentó concentrarse, evitando involucrarse en la conversación. Frente a ellos, el enemigo permanecía inmóvil durante unos segundos, acumulando electricidad alrededor de su cuerpo. El aire parecía vibrar con cada descarga.

—¡Ahora mueran! —gritó el hombre.

Una ráfaga eléctrica salió disparada hacia ellos. El relámpago recorrió el terreno como una serpiente luminosa y explotó al impactar contra el suelo.

Marco, Lucía e Iris apenas lograron resistir el ataque. La descarga recorrió sus cuerpos y dejó una sensación de entumecimiento que ralentizó sus movimientos.

—¡Maldición! —exclamó Marco.

El hombre aprovechó la abertura y retrocedió varios metros. Sacó un arco y comenzó a disparar desde la distancia. Cada flecha llevaba consigo una pequeña carga eléctrica que explotaba al tocar el suelo.

Marco intentó acercarse con su espada, pero el enemigo era demasiado ágil. Cada vez que lograba aproximarse, el hombre se alejaba y volvía a atacar desde una posición segura.

Iris observó cuidadosamente sus movimientos.

Entonces apretó el mango de su hacha.

Una corriente de viento comenzó a rodear su cuerpo.

—Déjamelo a mí.

Iris dio un paso hacia adelante y comenzó a girar el hacha con movimientos elegantes, pero firmes. El aire alrededor de su cuerpo empezó a agitarse cada vez con mayor intensidad.

—¡Tornado cortante!

El filo del hacha trazó un amplio arco.

Una corriente de viento se desprendió de ella y comenzó a girar sobre sí misma. En cuestión de segundos, el pequeño remolino se transformó en un poderoso tornado que levantó tierra, hojas y ramas.

El enemigo abrió los ojos con sorpresa.

—¡¿Qué...?!

El tornado avanzó hacia él.

Las descargas eléctricas que había dejado alrededor del campo fueron absorbidas por la corriente de aire, quedando atrapadas dentro del torbellino mientras este avanzaba.

—¡No! ¡Duele!

El hombre fue levantado por el viento y quedó atrapado en el interior del tornado. Su cuerpo giró violentamente antes de ser expulsado varios metros más adelante.

Cayó al suelo completamente inconsciente.

Poco a poco, el viento comenzó a disminuir. El polvo se asentó y los pequeños destellos eléctricos que todavía permanecían sobre el terreno fueron desapareciendo.

Lucía observó a Iris con cierta sorpresa.

—Manejas el elemento viento... Qué útil.

—Sí, aunque todavía no lo domino bien —respondió Iris mientras respiraba con dificultad—. Solo puedo utilizar un ataque así cada cierto tiempo. Si lo hago demasiado, termino completamente agotada.

Iris dejó caer parte de su peso sobre el suave pasto y se recostó unos segundos.

Marco se acercó al enemigo inconsciente.

—Bien. Llevemos a este hombre con los demás para interrogarlo. Podría proporcionarnos información valiosa.

Hizo una pequeña pausa y miró a Iris.

—Por suerte no lo mataste. Aunque sigo sin entender cómo fue tan estúpido como para venir solo.

—Quizá era un confiado del Reino de la Voluntad —respondió Lucía.

Iris se incorporó lentamente.

—Bien... Tengo que irme.

Marco la miró con desconcierto.

—¿Irte?

—Damián debe estar preocupado por mí. Sé que no quieren verlo, pero él es el hombre que amo y no me importa si están de acuerdo o no.

Iris tomó las pequeñas bolsas que llevaba consigo.

—Además, derroté a este sujeto y recogí algunas bayas que pueden ayudar con las heridas de los soldados. Ya hice suficiente aquí. Me voy.

Marco y Lucía se quedaron pasmados. Ambos se miraron durante unos segundos antes de volver la mirada hacia Iris.

—Lo siento, señorita Iris, pero las órdenes son órdenes. No podemos dejar que busques a Damián. Son órdenes de tu padre y del alto mando —advirtió Marco mientras sujetaba su espada.

Iris levantó una ceja.

—¿Les acabo de salvar la vida y creen que pueden detenerme?

Apretó con fuerza el mango de su hacha.

Lucía tomó una pequeña ballesta de mano y apuntó hacia ella.

—Acabas de decir que ya no puedes utilizar el elemento viento con facilidad. Podemos ganar.

Iris sonrió.

—No. Quizá no pueda hacer otro tornado... Pero puedo hacer esto.

El viento comenzó a rodear su cuerpo.

Por un instante, Iris pareció perder peso.

Su cuerpo se volvió tan ligero que apenas parecía tocar el suelo.

Marco y Lucía intentaron reaccionar.

Demasiado tarde.

Iris salió disparada hacia Lucía como una ráfaga. Su cuerpo se desplazó con una velocidad casi imposible de seguir, impulsado por el viento que rodeaba sus piernas y espalda.

En un instante, golpeó a Lucía.

La muchacha cayó inconsciente sobre el pasto.

—¡Señorita Iris, por favor, no lo haga más difícil! —gritó Marco mientras vigilaba tanto al enemigo derrotado como a Lucía.

Iris no respondió.

En ese momento, mientras se encontraba ligeramente elevada por encima del suelo, divisó a lo lejos el movimiento de varias personas entre los árboles.

Dos miembros del alto mando se aproximaban al bosque, acompañados por otros cuatro soldados. Probablemente habían sido alertados por el estruendo del combate.

Iris sabía que ya no tenía mucho tiempo.

—Los quiero, pero quiero más a Damián. Nos vemos luego. ¡Espero que puedan perdonarme!

El viento se concentró alrededor de su cuerpo.

Iris salió disparada entre los árboles.

No dominaba completamente aquella técnica, por lo que su trayectoria era irregular. A veces descendía demasiado y tenía que impulsarse nuevamente con una ráfaga de viento.

Pero funcionaba.

Había conseguido escapar.

Mientras se alejaba del campamento, la adrenalina comenzó a disminuir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.