P.O.V.Starlette
Fuimos directo a la sala de reuniones al día siguiente. Honestamente estaba rezando porque nuestra nueva misión no tuviera nada que ver con Raphael, alias “el loquito”, uno de los mayores extorsionadores de Nueva York. Ese hombre llevaba años escapando de SJM y cada intento por atraparlo terminaba igual: explosiones, agentes frustrados y Raphael desapareciendo como rata por las alcantarillas.
—Bueno agentes… me van a odiar —dijo Magnus apenas entramos.
Eso nunca era buena señal.
—Otra vez Raphael ha amenazado al alcalde.
Solté un suspiro pesado mientras me dejaba caer en la silla.
—¿Hablas en serio, Magnus? ¿Sabes cuántas veces hemos intentado atraparlo? —preguntó Dam igual de cansado.
—Y aun así siempre se escapa —añadí cruzándome de brazos—. Ese tipo es demasiado escurridizo.
—Lo sé, lo sé —respondió levantando las manos—, pero esta vez tendrán mejores instrumentos.
Bueno… eso sí era un alivio. Los gadgets que nos daban últimamente parecían sacados de una tienda barata.
—Y hay una sorpresa más para que no se anden quejando —continuó Magnus dando un pequeño saltito emocionado—. Tendrán compañeros para capturarlo. La agencia también está cansada del loquito Raphael.
—Bueno… ¿quiénes son esos ayudantes? —pregunté curiosa—. Quiero conocerlos.
—Ujum, le recuerdo que serán sus compañeros, no sus ayudantes, agente Starlette —dijo señalándome dramáticamente—. Pero sí, vienen de la base de Washington, así que técnicamente los conocerán en la fiesta.
Magnus empezó a hacer un pequeño baile raro mientras hablaba. Honestamente a veces olvidaba que dirigía una agencia de espías y no un circo.
—¿Y se pueden saber los nombres? —preguntó Dam.
—Claro. Ellos son Raiden Kovach y Catalina Hufford… la parejita de la agencia.
Sentí algo raro en el estómago al escuchar ese nombre.
Raiden.
Automáticamente recordé aquella primera impresión horrible que tuve de él meses atrás: arrogante, insoportable y demasiado coqueto para su propio bien. El tipo literalmente intentó besarme apenas me conoció.
Y ahora también descubría que tenía pareja.
Perfecto.
Más razones para caerme mal.
Porque sí, Raiden tenía esa horrible costumbre de coquetear con cualquiera que se le cruzara en el camino, incluso teniendo novia.
—Creo que los compañeros estarán bien… pero Raiden es demasiado engreído, Magnus —dijo Dam mirándome de reojo, casi como si quisiera defenderme.
—Lo sé, pero aunque no lo crean ellos son los mejores agentes de Washington —respondió Magnus—. Y ustedes son mis mejores agentes aquí.
Claramente intentaba halagarnos para que no protestáramos más.
—Sí, sí, lo que sea —murmuré—. Mejor dinos cuál es nuestra misión exactamente.
—Pues no tendrán misión por ahora.
Parpadeé confundida.
—¿Qué?
—Aunque Raphael amenazó al alcalde, ya enviamos otros agentes para distraerlo. Ustedes van a prepararse para la fiesta. Considérenlo pequeñas vacaciones. Tienen la semana libre.
Miré a Dam y casi inmediatamente sonrió emocionado. Y honestamente… terminé contagiándome.
Tal vez unas vacaciones eran exactamente lo que necesitábamos. Magnus abrió la puerta teatralmente indicando que podíamos irnos.
—¡Disfruten y no maten a nadie antes del viaje!
—No prometo nada —respondí saliendo de la sala.
Dam fue directo a preparar su maleta mientras yo me dirigí a recoger el vestido que había mandado a hacer.
La tienda pertenecía a Angelina, una amiga mía desde hace años. Era tímida, demasiado tímida honestamente, pero también una costurera increíble. Además hacía dibujos hermosos, de esos que parecían dignos de una galería de arte.
Cuando llegué, la campanita de la puerta sonó suavemente.
—Hola, Ange. Vine por el vestido que te pedí. ¿Ya está listo?
Ella apareció detrás de unas telas acomodándose nerviosamente las mangas largas de su suéter.
—Oh, sí. Justo a tiempo. Lo terminé hace unos minutos.
Sonreí emocionada.
—Quiero verlo.
Porque sí, después de tantos años usando trajes tácticos y ropa negra para misiones, estaba emocionada por usar un vestido bonito otra vez.
—Claro… pero antes puedo preguntarte algo?
Asentí con la cabeza.
—Escuché que Raphael todavía no ha sido atrapado… ¿cuándo creen que lo harán?
Preguntó bajito mientras jugueteaba con las mangas.
—Después de la fiesta probablemente —respondí tranquila—. Aunque con ese loco nunca se sabe.
Angelina asintió algo nerviosa antes de entrar al pequeño taller. Segundos después volvió con el vestido entre sus manos.
Y honestamente…
Era precioso.
Negro completamente, elegante, con tiras finas y una abertura en la pierna que lo hacía verse atrevido sin exagerar.
Literalmente parecía sacado de una película.
—Angelina… está hermoso.
Ella sonrió apenas.
—Sabía que el negro te quedaría bien.
Después de despedirme, regresé a casa con el vestido cuidadosamente guardado y una extraña emoción creciendo dentro de mí.
Washington.
La fiesta.
La misión.
Y lamentablemente… Raiden Kovach.