P.O.V.Starlette
Llegué a mi departamento para empezar a preparar mi maleta, aunque honestamente no tenía idea de qué llevar. Como ya dije, hacía muchísimo tiempo que no viajaba. Así que terminé empacando lo básico: skincare, ropa cómoda y obviamente el vestido que acababa de recoger.
Y no, no pensaba mostrárselo a Dam.
Sabía perfectamente cómo iba a reaccionar.
Ya me había pasado antes con un short que usé un día de muchísimo calor. Pasó literalmente toda la tarde reclamándome porque según él era “demasiado corto”. También se quejó del top que llevaba puesto.
“¿No prefieres salir directamente en ropa interior?”
“¿O mejor desnuda?”
“¿Necesitas llamar tanto la atención?”
Y sinceramente… terminé cansándome de esas discusiones.
Por eso últimamente cuando salía con él usaba ropa más tapada: pantalones, polos anchos o chaquetas enormes.
Pero esta vez quería sentirme diferente. Quería verme bonita. Atrevida. Segura.
Y por eso el vestido era exactamente todo lo contrario a lo que Dam aprobaría.
Negro, elegante y un poco sexy.
Pero bueno, dejando de pensar en eso…
Dam vino a recogerme en un taxi para llevarnos al aeropuerto privado de la agencia y apenas llegamos vi algo que casi me hizo gritar.
—¿Eso es un jet privado? ¿¡Viajaremos en eso!? —pregunté demasiado emocionada.
—Así es, agentes —respondió Magnus sonriendo orgulloso—. Como esta celebración es importante, la agencia decidió invertir en su seguridad y comodidad. Cada pareja tendrá su propio jet privado. Disfruten el viaje.
Ok, eso sí era niveles millonarios.
Nos hicieron subir y honestamente el interior parecía sacado de una película. Todo era elegante, moderno y absurdamente caro. Incluso había pequeñas camas para descansar durante el vuelo.
Yo me acomodé en una de ellas, aunque el viaje solo duraría unas pocas horas. Las últimas semanas habían sido demasiado pesadas y apenas me recosté sentí todo el cansancio caerme encima.
Vi de reojo que Dam quería hablarme.
Pero no sé…
Había algo raro dentro de mí.
Como una sensación incómoda que me decía que necesitaba espacio. Al menos por ahora.
Así que me quedé en silencio durante casi todo el viaje pensando en la fiesta.
Los invitados.
La música.
La decoración.
Las personas importantes de todas las bases.
Y lamentablemente…
También pensé en Raiden.
Porque, aunque intentaba convencerme de que no me importaba, la idea de volver a verlo me ponía extrañamente nerviosa.
Después de unas horas finalmente llegamos a Washington.
Las luces de la ciudad se veían enormes desde la ventana del jet.
—Bueno agentes, ya es tarde así que es hora de descansar —anunció Magnus apenas bajamos—. Pero no se preocupen, la agencia ya reservó habitaciones para todos en el hotel Marriott.
Nos mostró un folleto del hotel y casi me da algo.
Las habitaciones parecían suites presidenciales: sala privada, televisión gigante, ventanales enormes y decoración de lujo.
Una noche ahí probablemente costaba más que mi sueldo mensual.
—Eso se ve increíble —comentó una de las agentes emocionada—. Pasar una noche en uno de los hoteles más lujosos de la capital… Wow.
Después llegó una limosina que nos llevó hasta el hotel.
Y para los mal pensados: no, Dam y yo no compartíamos habitación. Magnus tenía reglas estrictas sobre eso.
Cuando entré a mi cuarto me quedé impresionada.
La cama parecía una nube.
Las luces eran cálidas.
Y la vista de Washington de noche era preciosa.
Aunque honestamente no podía relajarme del todo.
Porque sabía que Raiden estaba en el mismo hotel.
Y no era miedo exactamente…
Era incomodidad.
Ese hombre tenía fama de conseguir llaves de cualquier lugar donde estuviera. Nadie sabía cómo, pero siempre encontraba la manera de entrar a sitios prohibidos.
Así que cuando empecé a escuchar pasos en el pasillo entré en pánico.
Me cubrí con las sábanas como si eso fuera a protegerme de algo hasta que escuché una voz detrás de la puerta.
—¿La señorita sigue despierta?
Suspiré aliviada.
—Para mi Dam siempre estoy despierta —respondí levantándome para abrirle.
Entró al cuarto con cierta timidez, como si todavía sintiera que romper las reglas de Magnus estaba mal.
—Oye… ¿y si nos acostamos un rato? Conseguí la lista de invitados de mañana.
Sonrió orgulloso como un niño mostrando una travesura.
—¿Y cómo conseguiste esa lista?
—Digamos que tengo contactos.
Nos acomodamos sobre la cama mientras revisábamos el enorme listado de personas que asistirían a la fiesta.
Agentes.
Empresarios.
Políticos.
Gente importante de todas las bases.
Y sí…
El nombre de Raiden apareció varias veces.
Después de unas horas, Dam bostezó.
—Amor, ya tengo sueño. Creo que volveré a mi habitación. Nos vemos mañana.
Se inclinó y me dejó un pequeño beso en la frente antes de irse.
Yo seguí despierta.
No tenía sueño todavía.
Y justo cuando empezaba a quedarme dormida…
Escuché que tocaban la puerta.
—¡Ya voy! —grité pensando que Dam había olvidado algo.
Me levanté rápido, pero antes de llegar vi cómo la puerta se abría sola.
Mi corazón casi se detuvo.
Retrocedí tanto del susto que terminé cayendo al suelo.
Y entonces lo vi.
Cabello oscuro.
Traje negro.
Sonrisa arrogante.
Raiden.
—¡JOVEN RAIDEN! ¿¡QUÉ HACE AQUÍ!? ¡LÁRGUESE! —grité desesperada todavía tirada en el piso.
Él levantó las manos divertido.
—Ey, ey, tranquila. No muerdo. Solo vine a conocerte mejor.
—¿Y cómo por qué quieres conocerme? ¿No te basta con leer mi ficha de agente?
—Sí, pero es mejor escucharlo de ti —respondió acercándose apenas—. Además, dicen que eres la mejor agente de toda la empresa. La que más criminales ha atrapado.