Nuestro amor nuestro secreto|1

CAP9:Celosa?

P.O.V.Starlette

Salía de mi habitación del hotel con las maletas arrastrando detrás de mí.

Iba a volver antes a Nueva York.

Esa mañana Raiden y yo habíamos hablado.

De si lo había perdonado.
La verdad era que sí... pero aún no había sabido decirlo en voz alta.

Me propuso irme con él.

Dijo que él y Catalina tenían que ver algo de su boda en Nueva York —aunque no entendía por qué, si vivían en Washington—No era mi boda.

Aunque una parte estúpida de mí pensó: me gustaría que lo fuera.

No llegué ni al ascensor.

Catalina apareció frente a mí, bloqueándome el paso.

Diez centímetros más alta que yo, recta, imponente, usando su cuerpo para cerrarme el paso.

Su dedo se hundió en mi pecho con fuerza.

—Sé muy bien cuáles son tus intenciones, idiota —me gritó—. Y no voy a dejar que me lo robes.

—¿Catalina, de qué estás hablando? —retrocedí un paso—. Yo no he hecho nada.

—No me mientas —escupió—. Ayer tu noviecito me llamó me contó todo. La pelea con Raiden.

Sonrió con desprecio.

—Seguro ahora está todo golpeado por defender a una perra.

Me ardió la cara.

Pensé en Raiden después del golpe.

El labio partido.

El moretón oscuro en el pómulo que intentó minimizar.

La forma en que fingió estar bien... como siempre.

—No te atrevas a llamarme así.

—¿Ah no? —dio un paso adelante, obligándome a retroceder—. Qué casualidad que él se fuera "de tour" y tú también desaparecieras y ahora apareces con maletas ¿Qué pasó anoche, Starlette?

La pregunta quedó suspendida entre nosotras.

—Nada que te incumba —dije, apretando los dientes—. Y no tienes derecho a hablar de él así.

Catalina me empujó del hombro. Yo perdí el equilibrio y choqué contra la pared.

Antes de pensarlo, le devolví el empujón. Aunque sabía que era más fuerte.

Eso fue suficiente.

—¡No vuelvas a tocarme! —le grité.

—¡Te estás metiendo donde no te llaman! —me agarró del cabello—¡Raiden es mío!

El tirón me arrancó un jadeo. El dolor me hizo perder la paciencia.

Le sujeté la muñeca y tiré con fuerza, logrando soltarme a medias.

—¡Suéltame! —le devolví el jalón, atrapando también su pelo—.¡No sabes nada de lo que pasó entre nosotros!¡El me eligió...

—¡Claro que sé! —me lanzó una bofetada que me hizo girar la cara—. Sé que te metiste donde no te lla...

Catalina se quedó helada.

—¿Elegir... qué? —preguntó, desconfiada.

Mi respiración temblaba. La miré a los ojos.

—Yo lo amo —dije, sin gritar—. Yo me quedé cuando todos se fueron. ¡¡ no fue solo una noche !!!

Me callé antes de decir más.

Demasiado tarde.

Sus ojos se abrieron apenas, pero fue suficiente.

—¿Te... acostaste con él? —susurró.

No respondí.

El silencio hizo el trabajo por mí.

Nos empujamos otra vez. Maletas cayendo. Tacones resonando en el pasillo.

Demasiado ruido.

Su mano volvió a levantarse, pero esta vez alguien se interpuso.

—¡EH! ¡YA BASTA!

Una voz fuerte nos cortó en seco.

Dahlia apareció corriendo desde el fondo del pasillo, interponiéndose entre las dos, empujándonos con los brazos abiertos.

—¿Se volvieron locas o qué? —dijo, respirando agitada—. ¿Quieren que medio hotel venga a ver este espectáculo?

Catalina seguía intentando alcanzarme.

—¡Apártate, Dahlia! —gritó—. Esta se cree muy lista.

—Y tú te crees dueña de una persona —le respondió Dahlia, firme—. Suelta. Ahora.

Hubo un segundo de silencio tenso.

Catalina me lanzó una última mirada , furiosa, herida, llena de dudas. Antes de soltarme el cabello.

Yo me acomodé como pude, el corazón desbocado, las manos temblando.

—Esto no se queda así —murmuró—. Él y yo tenemos una vida planeada.

—Las vidas planeadas también se rompen —respondí, con el corazón en la garganta.

Dahlia nos miró a ambas.

—Cada una por su lado. Ya. Antes de que esto se haga peor.

Recogí mis maletas con las manos temblando.

Mientras me alejaba, pensé en Raiden otra vez.

En cómo se quedó de pie después del golpe, sangrando, orgulloso, fingiendo que no dolía.

No estaba peleando por Raiden.

Estaba peleando por no volver a ser aplastada por nadie.

Llegué al aeropuerto con la cabeza hecha un nudo.

Todavía sentía el eco de la discusión con Catalina, su dedo clavándose en mi pecho, su voz llena de celos.

Compré el boleto casi en automático.

Treinta minutos para abordar rumbo a Nueva York.

Podría haberme quedado.

Fiestas, alcohol, ruido, fingir que nada me importaba.

Pero entonces lo vi.

Raiden caminaba hacia mí entre la multitud, desentonando por completo.

Traía un ramo de claveles blancos, un poco maltratados, y una caja de chocolates que apretaba con demasiada fuerza, como si temiera que alguien se los robara.

Como si llegara tarde.

Como si tuviera miedo de no alcanzarme.

Aunque no supiera si volvería.

Ahí lo entendí.

Me iba por él

Aunque no supiera si volvería.

El corazón me dio un salto.

—Raiden... —dije cuando lo tuve frente a mí—. ¿Qué haces aquí?

—Nada heroico —sonrió, nervioso—. Solo vine a darte esto antes de que te fueras...

Levantó el ramo., nervioso.

—Para intentar ganarme el perdón que me falta... aunque sea un poquito.

No le respondí.

No con palabras.

No pensé.

Simplemente lo tomé de los cachetes y estampé mi boca contra la suya.

Fue un beso torpe al inicio, casi impulsivo... pero él lo entendió.

Respondió.

Fue lento.

Necesario.

Como si ambos estuviéramos diciendo "no te vayas" sin atrevernos a pronunciarlo.

Él respondió con una urgencia contenida, como si hubiera estado esperando ese beso desde la noche anterior.

Mis manos se deslizaron a su nuca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.