Mikaella
Hoy es 12 de septiembre.
Mi cumpleaños,nada especial.
Sé que para el resto de las personas, los cumpleaños son significativos e importantes, pero a mí solo me recuerda que mi padre y mi hermana mayor ya no están.
Me desperté como otro día cualquiera, preparándome para la universidad.
Me duché, me vestí y me arreglé antes de bajar a desayunar, sin expresión alguna en mi rostro, hoy no me apetecía sonreír en absoluto.
Mi madre, Madison, estaba en la cocina, con una sonrisa de oreja a oreja mientras preparaba tortitas con sirope, como cada cumpleaños desde hace ya tres años.
Y como todos los años, me comía las tortitas sin ganas y le regalaba lo más parecido a una sonrisa, antes de salir pitando de casa para coger el metro.
"Mikaella...debes de pasar página de una vez" me repetía mi madre constantemente.
Pero por desgracia para el resto del mundo y para ella, a mis 20 años recién cumplidos, no era capaz de conseguirlo.
El día del accidente vivía constantemente en mi memoria y se repetía una y otra vez justo en este mismo día.
Me recorrió un escalofrío y negué con la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos antes de salir de casa , ponerme mis cascos y caminar hasta la parada del metro,en la única que había en el barrio 'Upper East Side' de Manhattan.
Llegué diez minutos temprano, lo que era raro ya que normalmente solía quedarme dormida, y decidí revisar mi teléfono,todos mis amigos y conocidos me felicitaban y me hacían llegar sus besos y abrazos y sus deseos de verme pronto, a lo que respondía siempre con un "gracias, igualmente".
Todos menos un mensaje en concreto, el de mi mejor amiga, Margaret. Ella era la única que comprendía como me sentía y sonreí por primera vez en la mañana con su felicitación, estaba agradecida de tener una amiga como ella,nos conocimos de casualidad en una biblioteca, yo iba a devolver un libro que ya me había leído, y ella estaba leyendo uno de biología en un sillón junto a la ventana,es curioso que desde ese día nos volvimos inseparables e incluso vamos a la misma universidad.
El metro pasó frente a mí y se detuvo, entré, y me senté en uno de los asientos que daba a la ventana, y suspiré profundamente, mentalizandome para el día de hoy.
Justo entonces, cuando iba a permitir que mi mente divagase con cualquier cosa, sentí que alguien se sentaba frente a mí.
No quise mirar, pero la curiosidad me ganó y miré de reojo, para encontrarme con el chico más atractivo que ví en mi vida.
Era casi de un metro noventa, no me sacaba más de tres años, su piel bronceada reflejaba los rayos del sol que entraban por la ventana,sus ojos, negros como la noche, y del mismo color que su pelo, miraban fijamente su móvil, y a su lado pude notar que se encontraba una bolsa de deporte, de la que asomaban un par de guantes de boxeo.
Aparté mi mirada de él y volví a concentrarme en la ventana y en el paisaje del exterior, como si fuese lo más interesante.
Fue entonces cuando el metro tuvo una especie de turbulencia y comenzó a moverse bruscamente, sentí que salí disparada hacia delante, y acabé de bruces contra el pecho de aquel chico.
Cuando el metro se estabilizó, me incorpore rápidamente y le miré, algo avergonzada.
"Lo siento..." Murmuré suavemente,mirándole , antes de volver a sentarme dónde estaba.
El chico, que se quedó unos segundos en silencio, como si estuviese procesando lo que acababa de pasar, parpadeó un par de veces.
"No es nada...¿te has hecho daño?" Dijo, cogiendo del suelo mis cascos, que habían salido volando del golpe y extendiendolos hacia mí.
"Hmm..no. Estoy bien" murmuré de nuevo aceptando los cascos y colocándomelos en la cabeza cuando ví de reojo que extendía una mano hacia mí,supongo que para ser educado.
"Soy Jeremy"
Acepté su mano y la apreté con suavidad.
"Yo me llamo Mikaella"
Él asintió levemente, y una pequeña sonrisa asomo por la comisura de sus labios, dejandome anonadada por unos momentos ante la perfecta sonrisa que poseía.
El metro se detuvo justo donde yo tenia que ir y me levanté para marcharme, sin nisiquiera despedirme, sin saber que este metro sería el responsable de que el camino de ese chico y el mío se encontrasen, y que posiblemente, no volvieran a separarse jamás.