Nuestro Caso Perdido

2.LA CHICA DEL METRO.

Damione

Después de pelearme con mis padres sobre mi futuro y sobre que estoy arruinando mi vida por no ir a la uni, decido coger mi bolsa , dónde guardo los guantes de boxeo, e irme a entrenar.

Siempre sucedía lo mismo, desde que rechazé la plaza de la universidad, mis padres intentan convercerme para que vuelva a solicitarla, para ellos, que no vaya a estudiar es sinónimo de que voy a ser un don nadie.

Y la realidad es que no quiero estudiar algo que no sea lo que realmente quiero,no quiero amargarme el resto de mi vida por elegir "una carrera con salidas".

No me gusta esa idea y jamás me gustará, por eso no he ido a la universidad, y por eso acabamos discutiendo cada mañana mis padres y yo.

Ellos si fueron a la universidad, y ahora mi madre, Elisabeth es psicóloga, y mi padre,Lorenzo,es médico.

Ellos pensaban que cuando tuvieran un hijo o una hija, seguirían sus pasos, pero por desgracia, me tuvieron a mí.

Lo que realmente me apasiona es el boxeo.

Me gusta sentir la adrenalina y realmente disfruto de este deporte.

Pero mis padres, no lo entienden, dicen que es todo violencia y que no es algo que me vaya a servir cuando "forme una familia".

Siempre acababa diciéndoles lo mismo, que no creo en el amor, y que mucho menos querré formar una familia, pero parecía que ellos hacían oídos sordos a mis explicaciones y volvían a la carga con el mismo tema.

Suspiré, comprendiendo que por mucho que intentase explicarle a mis padres lo que realmente me hace feliz,ellos seguirían intentando que fuese a la universidad.

Ajusté bien la bolsa en mi hombro y me dirigí hacia la para del metro, llegué con el tiempo justo, así que faltaba una parada más hasta que llegase a la zona donde yo vivía. Concretamente en el barrio 'Upper West Side' de Manhattan.

Me apoyé contra una farola mientras esperaba hasta que el metro apareció en mi radar de visión, cuando entré, me di cuenta de que el sitio en el que siempre solía sentarme , junto a la ventana, estaba ocupado,así que decidí sentarme en el asiento de enfrente.

Cogí mi teléfono del bolsillo de mi sudadera,para distraerme mientras llegaba a mi destino, mientras dejaba la bolsa con el equipamiento de boxeo en el asiento a mi lado.

No tenía muchos mensajes así que decidí escribirle a mi mejor amigo Liam, que entrenaba en el equipo de hockey estatal de Nueva York para vernos más tarde,nos conocíamos desde el instituto y nos unimos gracias a que a ambos nos gustaba el deporte, solo que yo entrenaba por libre y el decidió que quería jugar profesionalmente.

De repente, el metro comenzó a moverse bruscamente y sentí que alguien caía sobre mi pecho.

Era una chica, bastante bonita, era dos o tres años menor que yo, su piel era más clara que la mía,tenía el pelo largo y castaño, algo ondulado, pecas en las mejillas, que no eran notorias si no te acercabas lo suficiente, como ahora, que literalmente estaba contra mí, y sus ojos eran de color hazel, que se volvian mas claros, de un color miel,con los rayos de sol que incidían en la ventana.

Cuando el metro volvió a estabilizarse, se apartó de golpe, como si estuviera avergonzada, y murmuró un suave"lo siento" mirándole brevemente antes de apartarse y volver a sentarse en frente.

Me quedé en silencio unos momentos, sin creerme que una chica acabase de estrellarse contra mí antes de contestar educadamente.

"No es nada..¿Te has hecho daño?" Recogí sus cascos del suelo y se los extendí.

"Hmm..no. Estoy bien" contestó finalmente y yo, sentí que necesitaba conocerla más.

Algo que no me había pasado en mucho tiempo.

Por esa razón, extendí mi mano hacia ella con una ligera sonrisa.

"Soy Jeremy"

Ella, algo dudosa, se colocó de nuevo los cascos y aceptó mi mano, devolviéndome el saludo, su tacto se sentía suave en contraste con mis manos ásperas.

"Yo me llamo Mikaella" susurró, y luego, sin nisiquiera despedirse, salió del metro cuando esté se quedó quieto.

La miré alejarse, y luego aparte mi mirada, enfocandome en la ventana,faltaban dos paradas más hasta llegar a mi destino.

Murmuré su nombre, saboreándolo en mis labios, y sentí como esa chica había llamado mi atención, quería conocerla más, pero era imposible volver a encontrarme con ella en una ciudad tan grande como lo era Nueva York, así que me dí por vencido.

Aunque puede que el destino tuviera otros planes para nosotros.




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