Nuestro Caso Perdido

7. LIBERTAD PARA AMAR

Mikaella

Nunca pensé que volvería a tener ilusión por qué alguien tuviera ojos para mí,solo para mí.

Pero aquí estoy, sin poder pegar ojo, sin poder dejar de pensar en Jeremy.

Después de las palabras de Margaret, y de ver unas cuantas películas, decidimos que era hora de irse a dormir, o al menos, para ella, por qué eran aproximadamente las tres de la mañana y yo seguía con los ojos de un chico pelinegro grabados a consciencia en mi mente.

Mi vida no ha sido fácil... me ha tocado vivir muchas cosas , muchas experiencias que han sido traumáticas para mí y que no todas las mujeres de 20 años han vivido.

Mi madre y yo, nos hemos quedado solas.

Mi padre y mi hermana, murieron en un accidente de tráfico.

Lloré muchísimo aquel día, pero no por mi padre,sino por mi hermana mayor, Milenka.

Ella...había sido mi heroína, en muchos aspectos de mi vida.

La admiraba muchisimo y era una chica maravillosa.

Mi padre en cambio...no hay nada bueno que decir de él ,tenía muchos problemas con el alcohol, y abusaba de mi hermana y de mí.

Al principio, siempre se sobrepasaba con Milenka...pero cuando crecí un poco, comenzó a hacerlo también conmigo.

A pesar de todo, Milenka siempre tenía una sonrisa de oreja a oreja que iluminaba el corazón de cualquiera que la mirase.

Y yo siempre estaré agradecida con ella por eso, por nunca derrumbarse a pesar de la vida tan jodida que teníamos, por ser fuerte, y por incluso protegerme de nuestro padre cada vez que podía.

El día del accidente, papá acompañaba a Milenka a su primer día de universidad, pero un conductor de camión, iba borracho, y puede que bajo el efecto de otras sustancias.Se saltó una señal de stop, y el camión se llevó el coche por delante, llevándoselo a ellos también.

Fue exactamente el día de mi cumpleaños, y desde ese entonces, no había vuelto ser la misma.

Mi hermana era la única que entendía como me sentía por qué había vivido lo mismo que yo, nadie más sabía lo que nuestro propio padre nos hacía, mi madre jamás lo supo, y no tengo el valor suficiente para contarselo ahora.

De ese accidente hace ya tres años.

Y por eso mi cumpleaños dejó de tener un significado para mí, no le veía sentido si no estaba ella conmigo.

Dejé de hablar... dejé de sonreír... dejé de de tener ese brillo que me hacía especial.

Y por un tiempo, me acostumbré a vivir dentro de esa oscuridad.

Hasta que conocí a Margaret, y me ayudó a ser yo misma otra vez y a ver algo bonito en la vida.

Pero el peso de la muerte de mi hermana nunca se iría del todo.

Y ahora tenía algo por lo que volver a sonreír.... Él.

Jeremy.

Sé que todavía me faltaba mucho por perdonar...y por sanar.

Pero quería ser feliz...quería conocerlo y formar parte de su vida..y sentir que por una vez, habría alguien que me sostendría cuando no pudiera seguir adelante.

Por eso mismo, decidí ir mañana, a la misma hora que el día que lo conocí, al metro.

Con la esperanza de volver a verlo.

Mis ojos comenzaron a cerrarse...y caí rendida, completamente agotada, en un sueño ligero, pero profundo.

A la mañana siguiente, cuando abrí mis ojos, Margaret no estaba a mí lado, como imaginaba que estaría, dormida aún, sino que se había levantado antes que yo y estaba haciendo el desayuno.

El olor a tostadas recién hechas inundaba toda la casa.

Me levanté con pasos torpes, descalza, mientras llegaba a la cocina.

—Buenos días...—Me dijo con una sonrisa divertida al verme despeinada.

Casi le gruñí al ver que se divertía a mí costa, y me senté en la encimera antes de hablar.

—Tengo que hablar contigo...—dije dudosa, todavía medio dormida, antes de seguir hablando—voy a...ir al metro. Quiero ver si encuentro a Jer...— antes de terminar de decir su nombre, Margaret se puso de pie acercándose a la puerta.

Confundida la miré sin saber que estaba haciendo exactamente.

—¿A dónde vas?.

—¿Tu que crees Mika?¿A qué estás esperando? ¡Vámonos!.

Me miré a mi misma, y luego a ella.

—¿Estas loca? Estamos en pijama ,Margaret—dije como si fuese obvio y mirándola como si estuviese loca.

Ella se quedó quieta bruscamente antes de soltar una risa inocente.

—Ups...es cierto. Pero no te quedes ahí parada, comienza a vestirte.— murmuró corriendo escaleras arriba hasta mi habitación, y a mi no me quedó más remedio que seguirla, resignada.

Cuando llegamos a mi habitación, abrió mi armario de par en par y comenzó sacar ropa por todas partes.

Cogí antes de que se cayera al suelo lo que me había lanzado sin nisiquiera mirarme, y suspiré antes de encerrarme en el baño para cambiarme, cuando salí del baño minutos después, Margaret ahogó un jadeo de sorpresa al verme y dió unos saltitos en el sitio, parecía más emocionada que yo.




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