¿Qué sucede cuando la percepción se cambia en niveles drásticos donde la imaginación cumple lo cotidiano?
Aunque algunos piensen que las normalidades son exactas.
Se les olvida lo más importante...
No todos observamos y pensamos de la misma manera...
Escuela — Salón de Clases 1—C
Kal empujó la puerta del aula como si fuera la entrada a un dungeon de dificultad media.
La bisagra crujió, el sol iluminó el polvo flotando en el aire y él pensó:
"...ok, nueva zona desbloqueada. Peligros potenciales: altos."
Caminó los primeros metros con paso cauteloso, midiendo el terreno.
No porque hubiera trampas, sino porque su barra de Energía Social ya empezaba el día en 52/100.
Fue entonces cuando lo sintió.
Una mirada.
Una presencia.
Algo que sus sensores internos —que él insistía que eran intuiciones avanzadas y no ansiedad— detectaron de inmediato.
Giró apenas la cabeza y la vio.
La chica linda del curso.
Sentada en su banco, mirando en su dirección...
¿o mirándole el hombro?
¿o el aire atrás suyo?
Da igual. Para Kal, lo estaba observando a él.
El corazón le latió como si hubiera tirado iniciativa en combate.
Y ahí, en su cabeza, apareció la frase automática, absurda, inevitable:
"Hmm... mi dado de Carisma está resultando FRUTOS."
No frutos.
No crítico.
FRUTOS.
Porque ni él sabía qué quería decir, pero sonaba importante, heroico, legendario.
La cámara imaginaria giró a su alrededor.
El viento inexistente le movió el flequillo.
Un narrador ultra—grave retumbó en su cabeza:
"Kal, guerrero de nivel 1, domador de doncellas y destructor de silencios incómodos."
Él levantó la barbilla medio centímetro.
Medio.
Exacto.
Lo justo para que pareciera confianza y no dolor de cuello.
La chica frunció apenas la ceja.
Kal pensó:
"Ok, efecto logrado. Charisma check: SUCCESS."
Y justo cuando estaba por dar un paso más, con la música épica sonando en su mente...
En cuanto la chica frunció la ceja, Kal sintió cómo un nuevo panel mental se abría en su cerebro.
"Cargando fantasía romántica... 12%... 64%... 100%."
De repente, el aula desapareció.
El mundo se volvió dorado, brillante, absurdo, como si lo hubiera dibujado un adolescente enamorado sin talento artístico.
Kal se vio a sí mismo en un pasillo vacío, iluminado por un sol irreal que no tenía sentido ahí dentro.
Y ella...
la doncella del curso 1—C, avanzaba hacia él como si flotara.
Cabello moviéndose al viento que no existía.
Ojos brillantes como si hubieran sido renderizados con un presupuesto de anime triple A.
Ella levantó una mano hacia él, dramáticamente, con voz etérea:
—Kal... ¿podemos hablar?
Kal sonrió.
La ropa de repente era un uniforme estilizado que nunca usaría en la vida real.
Los músculos se le marcaron mágicamente.
Parecía más alto.
Era literalmente la versión DLC premium de sí mismo.
Y respondió con una frase que en su cabeza sonaba poderosa...
Pero que en realidad era la cosa más vergonzosa que un ser humano podía decir:
—Mi corazón... siempre está en cooperativo, si es contigo...
Se escuchó un ping celestial.
Efecto de luz.
Brillos innecesarios.
La chica llevó las manos a sus mejillas, completamente sonrojada como si lo que acabara de oír fuera poesía divina:
—Kal... ¡oh dios mío...! Estoy enamorada.
¡Te amo, Kal!
Kal abrió los brazos como si la vida le estuviera dando un achievement legendario.
—Entonces, dulce doncella... acepto—
Justo cuando Kal abría los brazos en su fantasía, recibiendo declaraciones de amor que jamás recibiría en un mundo regido por leyes físicas y sentido común...
—Kal.
La voz fue plana.
Seca.
Cortante como tijeras en un papel húmedo.
La luz dorada desapareció.
El viento inexistente se apagó.
Los brillos de anime murieron como si alguien hubiera bajado el switch gráfico a "ultra bajo".
Kal parpadeó.
Frente a él estaba Tron.
Tez pálida.
Flequillo que tapaba media cara.
Auriculares colgando del cuello.
Cara de "odio todo desde 1999".
Con el mismo tono con el que uno anuncia un funeral, Tron dijo:
—Kal... tienes la bragueta abierta.
El alma de Kal abandonó su cuerpo durante 0.3 segundos.
—¿¡QUÉ—!?
Miró hacia abajo a una velocidad que debería haberle provocado una lesión cervical.
Efectivamente.
La bragueta estaba abierta.
Completamente.
Trágicamente.
Kal cerró de golpe el cierre, se sentó como si el banco fuera su refugio nuclear y apoyó la cara en la mesa, derrotado.
Tron lo siguió mirando con expresión neutra.
Y añadió, porque no sabía dejar de rematar:
—Si te sirve consuelo... yo tampoco duermo.
Kal no sabía qué significaba eso ni por qué Tron pensaba que era relevante, pero le dolió igual.
La puerta del aula se abrió en ese momento y entró el profesor Harold.
No había música épica.
No había cámara lenta.
No había nada raro.
Solo un hombre serio, con cara de que su café mañanero no funcionó lo suficiente.
—Buenos días, curso. Abran el cuaderno. Hoy veremos... geometría básica.
Nada extraño en su tono.
Nada absurdo.
Ni gritos.
Ni locuras.
Un adulto normal dando clase.
Lo cual, en el mundo de Kal, era probablemente lo más perturbador.
Las horas avanzaron como si el reloj estuviera en modo tortura.
Tiza en el pizarrón.
Figuras geométricas.
Explicaciones largas.
Kal intentando no pensar en la bragueta abierta.
Tron dibujando cosas oscuras en su carpeta.
Karina tomando apuntes como si fueran tratados de paz.
Taro agonizando porque no pasaba nada épico.
Kal miró el reloj.
Recién ahí:
primer recreo del día.
Editado: 22.07.2026