A veces, el destino no llega con truenos ni promesas… A veces aparece en forma de un encuentro fortuito, o de un pequeño canadiense rubio con ojos azules.
Marzo 05, 2001
Tianjin, Nankai – No.7 International Senior High School
El aire olía a tiza nueva, a suelo recién encerado y a flores de ginkgo.
Aquel lunes por la mañana, el instituto Tianjin No.7 bullía de movimiento: mochilas abriéndose y cerrándose, uniformes recién planchados, risas y pasos apresurados resonando por los pasillos.
El sol de inicios de primavera se filtraba entre las ventanas altas del edificio principal, tiñendo el suelo con reflejos dorados. En el patio central, los estudiantes se alineaban para la ceremonia de bienvenida, ese evento que todos fingían escuchar y pocos recordaban.
En el estrado, el director hablaba sobre metas, disciplina y futuro; su voz se perdía entre el murmullo discreto de los alumnos.
Al frente, los mejores estudiantes del año anterior fueron llamados por nombre. Entre ellos, Huang ZhanYu, representante de segundo año, primer puesto en rendimiento general y orgullo del instituto.
El aplauso fue automático. ZhanYu, con su porte erguido, el cabello oscuro perfectamente peinado y el nudo de la corbata impecable, subió al escenario y se inclinó con respeto. No sonreía, pero tampoco se veía arrogante. Su expresión transmitía una calma inquebrantable que imponía sin esfuerzo.
Con diecisiete años, ya era conocido por su impecable conducta y su concentración férrea. No era el más hablador, ni el más carismático, pero todos sabían que si necesitabas una respuesta, él la tenía.
Para la mayoría, era el ejemplo de la perfección académica; para él, era solo parte de su rutina. Otro año, otro comienzo.
Cuando el acto terminó y los estudiantes comenzaron a dispersarse, ZhanYu se dirigió hacia la sala de maestro. No tenía clases de inmediato: esa mañana le habían asignado un nuevo deber.
El profesor Lin ZhaoWei, tutor de inglés, lo había interceptado antes de la ceremonia para hacerle un pedido “especial”.
> —ZhanYu, necesito pedirte algo. Hay un nuevo estudiante este año. Viene de Canadá, y quiero que seas su guía.
—¿Guía? —preguntó el alfa con calma—. ¿Durante cuánto tiempo?
—Unas semanas, hasta que se adapte. Habla chino, pero es extranjero y no conoce a nadie. Además, tú hablas inglés. Será más fácil para ambos.
—Entiendo.
ZhanYu aceptó sin dudar. Sabía que el profesor Lin confiaba en él, no solo como alumno sino como persona. Además, Lin había sido quien lo ayudó a conseguir su beca y hasta colaboró para que pudiera tener su primer teléfono, un modelo sencillo de tapa, usado pero funcional, que ZhanYu cuidaba como un tesoro.
Aun así, no pudo evitar preguntarse si no había estudiantes más “sociales” para esa función. Él apenas tenía tiempo para sí mismo.
Acomodó la correa de su mochila y esperó apoyado contra la pared junto a la sala de maestros. El reloj marcaba las 7:35 a.m.
El bullicio lo rodeaba: voces en chino, risas nerviosas, el sonido de puertas abriéndose y cerrándose. Pasaban estudiantes por todos lados, algunos saludándolo con respeto, otros solo lanzando miradas curiosas.
ZhanYu revisó su teléfono. A veces lo hacía solo por costumbre, aunque no recibiera muchos mensajes. Hasta que uno apareció.
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Chat con Jian:
Jian: «¿Qué tal? ¿Ya llego el omega»
Yuu: «Aún no llega el chico nuevo.»
Jian: «Y tú que eres bueno esperando»
Yuu: «Aprecio la puntualidad, gracias»
Jian: «El profesor Lin debe confiar mucho en ti para darte esta tarea tan importante»
Yuu: «No sé si lo dices en serio o si solo eres sarcástica»
Jian: «Ambas.»
«En fin, procura no ser tan serio, podrías asustarlo»
Yuu: «Gracias por el consejo.»
Jian: «De nada. Cuida bien de tu “pequeño alumno”.»
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ZhanYu soltó un suspiro breve. Guardó el teléfono y miró el reloj de nuevo. Cinco minutos tarde.
Nada mal para su primera impresión del año. Se ajustó la chaqueta del uniforme y estaba a punto de ir en busca del profesor Lin cuando escuchó una voz suave:
—Ehm... ¿Huang ZhanYu?
La voz sonó temblorosa, con un acento extranjero leve, pero claro.
ZhanYu giró la cabeza y lo vio.
Un muchacho de cabello rubio ligeramente rizado, desordenado por el viento, con un uniforme nuevo que le quedaba algo grande. Su piel era pálida, casi luminosa bajo la luz del pasillo.
Tenía una expresión entre nerviosa y esperanzada, como si temiera molestar.
—Sí, soy yo —respondió ZhanYu con calma—. ¿Eres Hendery Lu?
El omega asintió rápidamente.
—Sí… lo siento mucho por llegar tarde. Después de la ceremonia no sabía a dónde ir y… me daba vergüenza preguntar.
Sus mejillas se tiñeron de rosa.
ZhanYu arqueó una ceja. El acento de Hendery era suave, casi musical, y su forma de hablar tenía una cortesía poco común incluso para los estándares del instituto.
—No te preocupes —respondió él, cruzando los brazos—. Es tu primer día, te enseñaré todo. Así no te pierdes otra vez.
—Gracias.
El omega bajó un poco la cabeza, con una sonrisa tímida que pareció llenar el pasillo de luz.
—¿Puedo llamarte solo ZhanYu? ¿O debo decirlo de una forma más formal?
—Puedes llamarme como quieras.
Hendery dudó un momento.
—Entonces… ¿puedo llamarte gege?
ZhanYu parpadeó.
—¿Gege?
El rubio asintió, algo nervioso
—Sí, escuché que aquí se usa para personas mayores o a las que respetas. Además, suena más... bonito.