Abril 09, 2001
Tianjin, Nankai – No.7 International Senior High School
Un mes pasó más rápido de lo que Hendery hubiera imaginado.
Ya conocía los pasillos, los horarios, las rutinas, e incluso los rostros de algunos profesores que antes le parecían intimidantes.
Sin embargo, de todo lo nuevo, lo único que realmente lo hacía sentirse en paz era él: ZhanYu.
Con el tiempo, el alfa se había convertido en su refugio.
Cuando estaba a su lado, el ruido del mundo parecía apagarse; las risas burlonas, las miradas curiosas, todo desaparecía.
A veces, ni siquiera necesitaban hablar: bastaba con caminar juntos para que Hendery sintiera que pertenecía a algún lugar.
ZhanYu nunca había sido el tipo de persona que buscara compañía, pero parecía tolerar —e incluso disfrutar— la de Hendery.
Lo esperaba después de clases, lo ayudaba en tareas, lo guiaba con calma.
No era un trato especial, al menos no a los ojos del alfa; pero para Hendery, cada minuto junto a él era un regalo.
Ese día, después de su cuarta clase, el rubio decidió ir a la biblioteca. Sabía que ZhanYu solía pasar ahí cualquier rato libre.
Aun cuando el alfa no le hablaba mucho durante esas horas, Hendery encontraba tranquilidad solo con tenerlo cerca, estudiando en silencio bajo la misma luz.
Iba tan absorto en sus pensamientos que no vio venir el golpe.
Un empujón fuerte en el hombro lo hizo tambalearse hacia un costado.
El contacto no había sido accidental.
—Oye, ten más cuidado. ¿Acaso estás ciego? —dijo una voz con desdén.
Hendery alzó la vista y se encontró con un chico más alto que él, rostro burlón y mirada desafiante.
Por un instante quiso creer que había sido un malentendido, pero el gesto del otro lo desmintió enseguida.
—L-Lo siento —murmuró, bajando la mirada.
El otro soltó una risita seca, sin molestarse en disimular su desprecio.
—Tsk. No te creas la gran cosa solo porque ZhanYu esté cuidando de ti, extranjero asqueroso.
La palabra “extranjero” sonó más como un golpe que como una descripción.
No era la primera vez que lo escuchaba.
Cada día, Hendery sentía más claro que, si no fuera por la presencia de ZhanYu, muchos no dudarían en hacerlo sentir fuera de lugar.
El alfa era como un escudo involuntario, y eso dolía tanto como consolaba.
No respondió.
Simplemente bajó la cabeza y se apartó.
Los pasos del otro se alejaron, dejando un silencio denso detrás.
En el pecho, el corazón del omega latía rápido, como si buscara salir corriendo.
Apretó las manos, intentando no llorar.
No iba a hacerlo.
No frente a nadie.
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Cuando por fin entró a la biblioteca, el aire cambió.
Allí dentro, todo era quieto, ordenado, con el olor familiar a papel y madera encerada.
El ruido del pasillo se desvanecía tras las puertas cerradas, como si el mundo quedara afuera.
Sus ojos buscaron instintivamente la mesa del fondo, y allí estaba: ZhanYu, sentado en su lugar habitual, rodeado de libros apilados, la camisa perfectamente abotonada, el ceño ligeramente fruncido.
Aun sin hacer nada especial, imponía respeto.
Hendery se acercó despacio.
Solo verlo bastó para que la tensión en sus hombros desapareciera.
El alfa levantó la vista al notar su presencia.
—Pensé que pasarías tu hora libre con tus amigos —dijo ZhanYu, sin levantar demasiado la voz.
—Es que… preferí venir a estudiar también —respondió Hendery, acomodando la correa de su mochila.
No añadió lo que pensaba: “Además, no tengo amigos aquí.”
El alfa asintió levemente.
Hendery se sentó frente a él, en silencio.
El sonido de las páginas al pasar fue lo único que llenó el aire por un momento.
ZhanYu volvió a mirar al chico. Había algo diferente en su expresión: los ojos claros parecían más apagados que de costumbre.
—Te ves cansado —comentó, sin rodeos—. ¿No dormiste bien? Tus ojos están algo hinchados.
Hendery parpadeó, incómodo.
—N-No es nada. Solo me dormí tarde.
ZhanYu lo observó unos segundos más, y el omega desvió la mirada enseguida.
No podía decirle que había estado llorando, recordando los murmullos y las risas que ya se habían vuelto parte de su día a día.
No quería preocuparlo.
El alfa cerró el libro que tenía en las manos, inclinándose ligeramente hacia él.
—Debes dormir mejor, Hendery. Es malo para tu salud, además de que… —hizo una pausa, buscando las palabras correctas— …te hace verte mal.
En cuanto lo dijo, se arrepintió.
Aclaró la garganta y, torpemente, añadió:
—Digo, no es que te veas mal ahora… Es solo que, bueno… siempre te ves bien, pero hoy… te ves cansado. Aun así… sigues viéndote bien.
El rubor le subió a las orejas antes de poder controlarlo.
“¿Qué estoy diciendo?”, pensó, abriendo nuevamente su libro e intentando concentrarse en la primera página que miro.
Pero ya era tarde.
Hendery lo miró, sorprendido primero, y luego sonrió.
Una sonrisa chiquita, sincera, que suavizó su expresión cansada.
—Ja, ja… gege, en serio, eres raro a veces. —Su tono era suave, casi divertido.
ZhanYu lo observó, algo desconcertado, pero esa risa le arrancó una ligera sonrisa también.
—¿Eso es malo? —preguntó con una voz más baja.
Hendery negó con la cabeza, aun sonriendo.
—No. Es lindo.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Solo el reloj de la pared marcaba el paso del tiempo.
Ambos permanecieron allí, compartiendo un espacio tranquilo donde nada más parecía importar.
ZhanYu volvió a tomar su libro, pero sus ojos se desviaban de la página cada tanto, buscando al rubio frente a él.
Hendery, mientras tanto, fingía leer, aunque su mente estaba en otra parte.
En medio de aquel instituto que aún lo miraba como a un extraño, ZhanYu era la única constante amable que había encontrado.