Nuestro Destino |abo|

Capitulo 5: Correa suelta

Junio 18, 2001
Tianjin, Nankai – No.7 International Senior High School

El clima comenzaba a cambiar. Los días eran más cálidos, las ventanas de los salones se mantenían abiertas y el viento traía el olor de los ginkgos que florecían en el patio.
Junio había llegado sin que ZhanYu lo notara. Cuatro meses desde que Hendery se unió a la escuela, y sin embargo, para él, seguía pareciendo el primer día.

Durante ese tiempo, ZhanYu había pensado en innumerables ocasiones en hablar con Hendery y decirle que ya no sería su guía. El omega ya se desenvolvía con naturalidad; conocía los horarios, los salones, a los profesores y hasta a algunos compañeros. No necesitaba que alguien lo cuidara a cada paso.
O al menos, eso era lo lógico.

Pero cada vez que ZhanYu intentaba decírselo, encontraba una excusa: “Está lloviendo, mejor lo acompaño.”
“Tiene práctica de inglés, puedo ayudarlo.”
“No quiero que lo molesten de nuevo.”
Y así, semana tras semana, seguía cerca.
No porque fuera necesario, sino porque había algo en Hendery que no lo dejaba apartarse.
Un tipo de calma que no comprendía, pero que lo hacía sentir… menos solo.

***

Esa tarde, en la cafetería, el murmullo de voces se mezclaba con el sonido de platos y el aroma a sopa de miso.
ZhanYu almorzaba en silencio, revisando los apuntes de Biología con la mano libre.
Frente a él, Hendery movía los cubiertos con la concentración de quien está librando una batalla seria contra su comida.
Aunque el rubio no parecía del todo feliz con la comida del comedor, el alfa lo observó rebuscar en su mochila… hasta que una sonrisa apareció en su rostro.
Había encontrado algo escondido entre los compartimentos: un pequeño paquete de dulces.

—¿Sigues comiendo dulces en el almuerzo? —preguntó ZhanYu, arqueando una ceja.
Su tono no era molesto, pero tenía esa mezcla entre reprensión y ternura que solo él lograba.

Hendery lo miró con una sonrisa culpable.
—Sé que dije que los dejaría, pero no puedo evitarlo…
—Tu autocontrol es terrible —murmuró el alfa, aunque su voz sonó más cálida de lo que pretendía.

Mientras Hendery abría el envoltorio, ZhanYu apartó parte de su propio plato y empujó hacia él algunos vegetales.
—Debes comer bien o no crecerás. Eres muy pequeño, incluso para un omega.

Hendery infló las mejillas, indignado.
—No soy tan pequeño. Mi doctor dice que estoy bien para tener quince.
—A tu edad yo era más alto —replicó ZhanYu, sin levantar la mirada.
—A tu edad yo era más alto —repitió Hendery, remedándolo con un tono burlón.

ZhanYu soltó una risa breve. Era raro escucharlo reír así, tan naturalmente.
En el fondo, le gustaba esa ligereza. Le gustaba cómo Hendery lo hacía sentir menos rígido, menos encerrado en su propia disciplina.

El omega siguió comiendo resignado los vegetales que le había pasado, mientras el alfa fingía revisar sus apuntes. Pero de vez en cuando lo miraba, sin que Hendery lo notara, fijándose en detalles minúsculos: el modo en que movía los labios al pensar, la forma en que sostenía los palillos con más soltura ahora que había practicado, el brillo casi infantil de su mirada.

Fue entonces cuando notó un pequeño trozo de arroz pegado a su mejilla.
Sin pensarlo, ZhanYu extendió la mano para quitárselo, pero justo en ese momento Hendery giró el rostro hacia la puerta, animándose de repente.

—¡Qiang Hao! —exclamó con entusiasmo.

El tono alegre sobresaltó a ZhanYu.
El mencionado caminaba con su habitual calma y expresión indiferente, manos en los bolsillos, mirada felina.
Se detuvo frente a ellos con una media sonrisa.

—Oh, así que sí sabes hablar en voz alta, pequeño tāngyuán.

Hendery se sonrojó de inmediato.
—No me llames así… —murmuró, intentando sonar molesto.

—¿Por qué no? Es perfecto —respondió Hao con su habitual ironía—. Eres suave, dulce y, bueno, un poco pegajoso.

Hendery lo miró con los labios fruncidos, aunque la sonrisa se le escapó sin querer.
ZhanYu lo observaba en silencio, con una sensación difícil de describir.
El ambiente había cambiado. Hendery, que solía mostrarse tímido y reservado, se veía distinto junto a Hao: más relajado, más vivo.

El beta se sentó sin pedir permiso, cruzando los brazos sobre la mesa.
—Buenas tardes, XueZhang —saludó con un tono respetuoso, aunque su sonrisa tenía un matiz travieso.
—Buenas tardes —respondió ZhanYu, devolviendo el saludo con un leve asentimiento.

El silencio se prolongó unos segundos.
Hendery reía bajito ante alguna broma del beta, y ZhanYu bajó la mirada a su bandeja, moviendo el arroz con los palillos sin realmente comer.
No entendía por qué lo incomodaba verlos así.
No era celos, o eso se decía a sí mismo.
Solo… una incomodidad leve, una sensación de haber sido desplazado de un papel que ya no era solo suyo.

—¿Ibas al salón? —preguntó Hendery, notando que el almuerzo estaba por terminar.
—No, voy a ver si el sol sigue ahí afuera —dijo Hao con tono sarcástico.

Hendery rió otra vez.
—Entonces voy contigo. —Se giró hacia ZhanYu y sonrió—. Nos vemos luego, gege.

ZhanYu asintió despacio.
—Nos vemos —respondió, sin mirarlo directamente.

Los observó alejarse entre la multitud.
El omega hablaba con soltura, el beta respondía con sarcasmo, y ambos reían como si nada más existiera.
ZhanYu no sabía por qué lo veía así, con una sensación de vacío que lo irritaba.
Es bueno que tenga amigos, se dijo. Eso significa que está bien.
Pero, por alguna razón, esa idea no le trajo paz.

Recogió su bandeja y la llevó al contenedor.
La comida, que hace unos minutos le parecía suficiente, ahora se sentía insípida.
El ruido del comedor se desdibujaba, y lo único que le quedaba era esa sensación amarga en el pecho.
Una parte de él sabía que, en algún punto, Hendery ya no lo necesitaba.
Pero otra parte… no quería aceptarlo.




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