Nuestro Destino |abo|

Capitulo 6: Fresas y Romero

Julio 10, 2001
Tianjin, Nankai – No.7 International Senior High School

El clima cambió sin que nadie lo notara.
El verano había entrado con pasos lentos, y el aire cálido se colaba por las ventanas abiertas de la biblioteca, mezclándose con el olor a papel viejo y el murmullo de los ventiladores que giraban perezosamente.
Los ginkgos del patio se mecían con el viento, proyectando sombras doradas sobre los pupitres.

Ya era mitad de año. Los exámenes se acercaban, y con ellos, el estrés que envolvía a los pasillos.
ZhanYu repasaba metódicamente sus apuntes, con la concentración impecable de siempre. A su lado, Hendery hojeaba una revista de chino con expresión resignada, intentando no quedarse dormido sobre las páginas.

El silencio entre ambos era cómodo, pero también extraño.
Desde hacía semanas, ZhanYu sentía una especie de inquietud cuando estaban juntos.
No era distracción —él no se distraía—, pero sí algo que lo hacía perder la noción del tiempo, algo que lo obligaba a controlar su respiración cada vez que Hendery se inclinaba demasiado cerca o sonreía por cualquier tontería.
Y aunque no lo decía, esa sensación lo asustaba un poco.

—Los exámenes de medio año están cerca —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. No tendré mucho tiempo para estar contigo.

Su voz fue firme, pero más baja de lo habitual.

Hendery levantó la mirada despacio.
—Ah… entiendo, ZhanYu-ge —respondió, intentando sonar alegre, aunque la tristeza se filtró en su tono.
Sabía que no debía aferrarse. Sabía que ZhanYu tenía sus prioridades. Pero escuchar que no tendrían tiempo juntos lo pinchó por dentro, como si el aire se volviera un poco más pesado.

—Solo será esta semana —añadió ZhanYu, apartando un libro y rebuscando algo en el bolsillo de su chaqueta.
Sacó una paleta envuelta en papel rojo brillante y la colocó sobre el escritorio.
—Ten. Sé que dije que dejaras los dulces, pero está bien… a veces.

El omega lo miró con los ojos muy abiertos, como si el simple gesto lo hubiera dejado sin palabras.
Tomó la paleta con ambas manos, casi con reverencia.
—Es mi favorita… —murmuró, sonriendo sin poder evitarlo.

El corazón de ZhanYu dio un pequeño salto.
No lo entendía. No comprendía por qué algo tan insignificante como una sonrisa podía afectarlo así. Pero ahí estaba: ese calor persistente, esa sensación de alivio y, al mismo tiempo, de peligro.

El alfa desvió la mirada.
—Suerte en tus exámenes —dijo Hendery con dulzura, sosteniendo la paleta como si fuera un tesoro.
ZhanYu no creía en la suerte. Creía en el esfuerzo, en los resultados, en las horas de estudio.
Pero aun así respondió:
—Gracias. Suerte a ti también.

El resto de la semana pasó sin que pudieran verse.
ZhanYu dedicó cada noche a estudiar hasta tarde, pero por alguna razón, su concentración ya no era la misma. Cada tanto, su mente lo traicionaba: recordaba la sonrisa de Hendery, el brillo de sus ojos, el color de su cabello bajo la luz del aula.
A veces, cuando el cansancio lo vencía, creía escuchar su voz suave diciendo su nombre.
Y sin querer, sonreía.

Hendery, por su parte, no dejó de pensar en él.
Guardó el envoltorio de la paleta en su estuche, y cada vez que lo abría, el aroma dulce le recordaba al alfa.
Era tonto, lo sabía. Pero se sentía acompañado.

***

Julio 14, 2001
Tianjin, Hongqiao — Casa Huang

Esa tarde, el sol se filtraba tibio por la ventana de la habitación de ZhanYu, iluminando las pilas de libros y los apuntes alineados con precisión casi militar.
El aire estaba impregnado de un aroma nuevo, dulce, fresco, que se mezclaba con el olor del té recién hecho.

Jian repasaba una lista de términos históricos con el ceño fruncido, el cabello recogido a medias, y la mirada concentrada. Llevaban más de una hora estudiando, como solían hacer cada vez que se acercaban los exámenes. Era una costumbre desde el primer año: cuando había repaso importante, Jian iba a casa de los Huang.

Era la única compañera que conocía ese lugar.
Y la madre de ZhanYu siempre la recibía con cariño.

—¿Tu mamá compró un ambientador nuevo? —preguntó Jian, olfateando el aire—. Huele como a… ¿fresas?
ZhanYu, que resolvía un ejercicio de física, parpadeó sin levantar la cabeza.
—Ah… sí. Creo que sí. —Dijo con voz neutra, como si no tuviera importancia.

No iba a decir que había pasado veinte minutos en el supermercado buscando justo ese aroma.
Ni que lo había elegido porque, por alguna razón, le recordaba al aroma de Hendery.
El dulce exacto de su fragancia, suave pero persistente, lo hacía sentir cómodo y lo ayudaba a concentrarse.
Aunque también cada vez que el aire lo traía, su mente se quedaba suspendida un momento demasiado largo. Por suerte para ZhanYu, Jian no podía percibir feromonas; ya que era una beta, para ella, solo era fragancia más.

Jian sonrió con curiosidad.
—Pues huele muy bien. No sabía que te gustaban los aromas frutales.
—No me gustan, solo… está bien —respondió él, sin mirar.
—Le da otro ambiente a tu habitación —comentó suavemente—. Antes olía a papel y tiza. Ahora es más… cálido.
—Solo es un ambientador —replicó él, sin alzar la mirada.
—Aun así, te queda bien el cambio —dijo ella, sin insistir.

En ese momento, se escuchó un suave golpecito en la puerta.
La señora Huang apareció con su sonrisa habitual y una bandeja en las manos.
—Niños, ¿cómo van los estudios? —preguntó con calidez—. Les traje un poco de té y galletas.

—Gracias, señora Huang —respondió Jian enseguida, poniéndose de pie con respeto.
—Qué educada eres, Jian —dijo la mujer, dejando la bandeja sobre la mesa—. Siempre es un gusto verte.
Luego se giró hacia su hijo, con esa mirada maternal entre orgullo y picardía.
—Por cierto, hijo, me sorprendió que tu cuarto oliera tan bien hoy. —Le sonrió con un brillo travieso en los ojos—. Pensé que habías comprado ese aroma porque Jian vendría a estudiar.




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