Julio 20, 2001
Tianjin, Nankai – No.7 International Senior High School
La biblioteca olía a papel, polvo y verano.
El sol se filtraba a través de los ventanales altos, cayendo en haces dorados sobre las mesas de madera, donde algunos estudiantes seguían repasando notas a pesar de que los exámenes habían terminado. El ambiente tenía una calma extraña, como si todo el instituto respirara por fin después de semanas de tensión.
ZhanYu estaba sentado en una de las mesas centrales, rodeado de apuntes ordenados con la precisión de quien teme perder el control si algo se desacomoda. Frente a él, su cuaderno estaba abierto… pero hacía rato que no escribía nada.
El lápiz descansaba entre sus dedos inmóviles, mientras su atención se desviaba —una vez más— hacia la mesa contigua.
Hendery estaba allí, con el cabello ligeramente despeinado por el viento que se colaba desde la ventana abierta. Tenía un libro grande entre las manos, y lo leía con una concentración casi infantil: labios entreabiertos, cejas fruncidas, y esa costumbre suya de apoyar la mejilla sobre la palma cuando se sumergía demasiado en algo.
A veces giraba las páginas con cuidado exagerado, como si temiera romperlas.
Otras, soltaba una sonrisa breve, que desaparecía tan rápido como llegaba.
ZhanYu lo observaba de reojo, con la excusa de que solo estaba descansando la vista.
Pero no era eso.
Era otra cosa.
Una distracción que no sabía cómo nombrar.
Intentó concentrarse.
Volvió al libro, repasó una fórmula, y en cuestión de segundos, su mente se había ido otra vez.
A Hendery.
A su risa.
A su voz.
Finalmente, suspiró.
“Esto es absurdo”, pensó. Pero antes de poder contenerse, habló:
—¿Harás algo durante las vacaciones? —preguntó con fingida naturalidad, como si fuera una simple curiosidad.
La voz, sin embargo, le salió un poco más baja, casi vacilante.
Hendery levantó la mirada, sorprendido por la pregunta.
—Eh… creo que no —respondió tras un segundo de duda—. Solo estaré en casa. Tal vez Qiang Hao venga a molestarme un rato.
ZhanYu asintió despacio, pero su curiosidad lo traicionó.
—¿Suele ir mucho a tu casa?
—Sí —respondió Hendery, sonriendo un poco—. A veces solo llega, tira su mochila y se acuesta en mi cama como si viviera ahí.
—¿Y tus padres no dicen nada? —preguntó ZhanYu, alzando una ceja.
—No, les cae bien. Mi mamá dice que “es un chico con carácter”, aunque no entiendo por qué.
ZhanYu no comentó nada, pero una sensación extraña se instaló en su pecho. No era celos —no todavía—, era más bien una incomodidad que no supo identificar.
Para disimular, tomó su lápiz y fingió que revisaba un cálculo.
—¿Y tú? —preguntó Hendery de pronto, inclinándose ligeramente hacia él—. ¿Vas a salir o algo?
ZhanYu lo miró.
—¿Salir? No, no suelo hacerlo.
—¿Nunca? —insistió Hendery, curioso.
—No tengo tiempo para eso. Las vacaciones son una oportunidad para adelantar estudio —dijo con seriedad, como si esa respuesta fuera la única correcta.
Hendery lo observó unos segundos, intentando disimular una sonrisa.
—Eso suena… divertido —dijo con tono juguetón.
ZhanYu bajó la mirada al cuaderno, como si esa pequeña ironía le hubiera rozado algo por dentro.
El silencio volvió.
El omega pasó una página; el alfa tamborileó los dedos sobre la mesa.
Durante unos segundos, solo se escuchó el murmullo del viento y las cigarras afuera.
Y entonces, sin saber muy bien por qué, ZhanYu volvió a hablar:
—¿Te parece si… nos vemos mañana? Es Sábado
El sonido de su propia voz lo sobresaltó.
Demasiado directo.
Demasiado rápido.
Hendery parpadeó, sus ojos azules abiertos de par en par.
El corazón le dio un salto tan fuerte que tuvo que fingir que se acomodaba en la silla para disimular.
—¿V-vernos? —repitió, como si necesitara confirmar que había escuchado bien.
—Sí —dijo ZhanYu, intentando mantener la compostura—. No creo que conozcas bien la zona todavía. Podría enseñarte algunas calles, lugares útiles… —Su tono era lógico, controlado, pero el leve temblor en sus manos lo traicionaba.
En realidad, ni él mismo entendía por qué lo estaba haciendo.
Era una invitación torpe, casi improvisada. Pero la idea de pasar más tiempo con Hendery lo tranquilizaba… y lo asustaba a la vez.
El omega bajó la mirada, jugando con la esquina de su libro.
Intentó sonreír, pero la emoción en su pecho no sabía si era alegría o confusión.
—Oh… bueno, creo que estaría bien —respondió con voz baja.
ZhanYu lo observó un instante, y percibió algo en su expresión: una sombra leve de decepción.
Como si esperara otra cosa.
El alfa sintió un impulso repentino, una necesidad de reparar lo que ni siquiera sabía que había roto.
—Quizás después podríamos ir a comer algo —añadió, fingiendo no darle importancia—. Hay una cafetería cerca del parque central. Sirven unos pasteles de fresa muy buenos.
Su tono fue tan natural que cualquiera habría pensado que era solo una sugerencia práctica.
Pero su pulso no opinaba lo mismo.
Hendery levantó la cabeza.
Sus ojos brillaron apenas.
—Eso suena… muy agradable —murmuró, con una sonrisa que le iluminó el rostro.
El aire entre ambos se volvió más liviano, más cálido.
Una corriente invisible los unía, como si el silencio hablara por ellos.
ZhanYu asintió, intentando no sonreír demasiado.
—Entonces, así quedamos —dijo.
—Sí… —Hendery bajó la mirada, pero no podía ocultar el rubor que subía por su cuello.
Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse.
El ruido de las hojas, las voces lejanas, el viento que se colaba por la ventana… todo se volvió distante.
ZhanYu se obligó a mirar sus apuntes, pero su mente estaba en cualquier parte menos ahí.