Nuestro Destino |abo|

Capitulo 8: Expectativas

Julio 21, 2001
Tianjin, Hongqiao — Casa Huang

El sol entraba por la ventana del dormitorio de ZhanYu, dibujando un rectángulo dorado sobre su escritorio y calentando el aire desde temprano.
Afuera, las cigarras ya cantaban con insistencia, anunciando el tipo de verano que obligaba a caminar lento y buscar sombra cada pocos metros.

ZhanYu abrió los ojos a las 7:40, como todos los días. No tenía clases, no tenía deberes urgentes, pero su cuerpo jamás le permitía dormir hasta tarde. Se sentó en la cama, se pasó una mano por el cabello y miró su escritorio lleno de apuntes.
Debería estudiar.
Debería repasar.
Debería ser productivo.

Pero por primera vez en mucho tiempo, la idea no lo motivó.

Suspiró y bajó a desayunar.

—Buenos días —saludó, tomando asiento.

Su madre colocó un plato de pan tostado frente a él y una taza de té.

—Buenos días, hijo. ¿Dormiste bien?

—Sí.

Nada parecía fuera de lo normal… hasta que abrió la boca otra vez.

—Hoy saldré un rato.

Su madre detuvo el movimiento de la cuchara.
Su padre levantó la mirada del periódico.
ZhanYu rara vez usaba esa frase.

—¿Salir? —repitió ella, curiosa—. ¿Con quién?

—Con un compañero.

—¿Jian? —preguntó el señor Huang, con tono completamente natural. Era la única opción lógica.

—No. Otro compañero —respondió demasiado rápido.

Ese “otro” resonó en la mesa de una forma nueva.
La señora Huang entrecerró los ojos, pero su sonrisa apareció igual.

—Me alegra —dijo—. A tu edad es bueno tener compañía.

—No es gran cosa —murmuró él, mirando su taza.

Pero incluso su padre notó la tensión leve en su voz.

—Bueno, aun así, disfruta —comentó tranquilo—. No todo es estudiar.

ZhanYu no contestó.
Pero dentro del pecho algo se movió: una anticipación suave, incómoda y agradable al mismo tiempo.

Terminó el desayuno sin mucho apetito.

Se levantó para subir a su habitación, pero su madre lo llamó:

—ZhanYu, ¿a qué hora quedaste?

—A las tres.

—Tienes tiempo… ¿vas a estudiar un poco?

—Intentaré —respondió, aunque él mismo sabía que no funcionaría.

Subió, abrió un libro, leyó una página, luego otra… y nada se le quedó.
Releyó la misma oración tres veces.
Después de diez minutos, cerró el cuaderno con un golpe suave.

—Imposible…

Se quedó mirando el ventilador que giraba lento y decidió bañarse.
El agua fría lo despertó al instante.
En su casa no había otra opción, pero en verano no lo necesitaba. Aun así, ZhanYu se quedó bajo el chorro más tiempo del necesario, intentando calmar la agitación que no comprendía.

Al salir, ya vestido con ropa de casa, revisó el reloj: 11:20.

Era demasiado temprano para cambiarse, pero sintió el impulso de prepararse.
Abrió su pequeño armario —dos camisas buenas, tres pantalones, y algunas camisetas gastadas. Eligió lo mejor que tenía: la camisa clara de algodón y los pantalones azul oscuro que su madre planchó hacía unos días.

Pero no se la puso aún.

Primero se sentó en la cama con la prenda entre las manos.

Ridículo o no, quería verse presentable. No elegante, pero sí apropiado para alguien como Hendery. No podía explicarlo, pero deseaba no quedar como “el chico pobre” en su primera salida real juntos.

A las doce bajó a almorzar; apenas comió.
Subió otra vez.
Se cambió recién a la una.

Ahora sí se paró frente al espejo.

Se abotonó la camisa con cuidado, dobló las mangas hasta el punto exacto, alisó el cuello. Paso una mano por su cabello y, sin saber por qué, ensayó una sonrisa breve.

—Hola, te ves bien sin el uniforme —murmuró, mirando su reflejo.
La frase sonó torpe, pero no pudo evitar reírse suavemente de sí mismo.

Era ridículo.
Solo iba a mostrarle algunos lugares a Hendery, eso era todo.
Y sin embargo, la forma en que su pecho se agitaba no tenía nada de racional.

Miró por la ventana. El cielo estaba abierto, azul, con un calor firme que no cedería en todo el día. Pero recordó el aire acondicionado del centro comercial, y sobre todo, recordó una frase de marzo, dicha por Hendery mientras se frotaba los brazos:

“Se que soy de Canadá pero aun así soy friolente, gege.”

Una sola vez.
Pero ZhanYu lo tenía guardado.

Buscó una chaqueta ligera en su armario. La dobló sobre el antebrazo, como si fuera lo más normal del mundo.

A la 1:55 bajó.

Su madre, desde la sala, levantó la vista.

—Estás muy guapo hoy —comentó con una dulzura que lo hizo tensarse—. ¿Quieres que te prepare algo para llevar?

—No, mamá, gracias. No estaré mucho tiempo.

—Solo diviértete un poco, ZhanYu. Eso también es importante.

Él asintió, incómodo pero agradecido.
Se puso los zapatos, ajustó el reloj, respiró hondo.

Al abrir la puerta, el aire caliente lo golpeó de inmediato.
Se escuchaban radios encendidas, pasos, bicicletas, vida de barrio.

ZhanYu comenzó a caminar hacia la estación Hongqiao Sur.
Era un trayecto que conocía de memoria, pero esa vez se sentía distinto.
No como rutina, sino como un comienzo.

Mientras avanzaba, repasaba mentalmente lo acordado: encontrarse a las tres en Nankai Joy Plaza. Hendery ya conocía el lugar, pero él debía tomar tren y caminar. Había calculado el tiempo exacto, incluyendo margen para retrasos.

Fue tan meticuloso que no comprendió que esa “planificación perfecta” era, en realidad, una forma de controlar los nervios que llevaba desde que abrió los ojos.

“Todo saldrá bien”, pensó por enésima vez.

Pero en su interior sabía que no era una salida cualquiera.
Aunque siguiera repitiéndose, con torpe insistencia, que no era una cita.

***

Tianjin, Heping — Residencia Lu

Al otro lado de la ciudad, Hendery Lu también se preparaba.
El reloj sobre su cómoda marcaba las dos y media de la tarde, y él llevaba casi cuarenta minutos frente al espejo sin lograr decidirse.




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