Nuestro Destino |abo|

Capitulo 9: No es una cita

Tianjin, Nankai – Nankai Joy Plaza

ZhanYu llegó al centro comercial mucho antes de lo previsto.
El reloj digital de la entrada marcaba las 2:42 p.m. cuando cruzó el umbral de vidrio.

Había preferido llegar temprano.
No por ansiedad, se dijo… sino porque era mejor esperar que hacer esperar.

Afuera, el calor veraniego pesaba sobre las calles, pero al entrar, una bocanada de aire fresco lo envolvió. El contraste lo hizo parpadear. Los pisos brillantes del centro comercial, los carteles luminosos y el murmullo constante de gente pasándolo bien le resultaban extrañamente ajenos. No era un lugar que frecuentara.

El cine, al fondo del segundo piso, olía a mantequilla y papel viejo.
ZhanYu se detuvo frente a la cartelera, intentando no parecer desubicado.

Una vez, de niño, había ido al cine con sus padres cuando ganaron boletos en una rifa del barrio. Lo recordó con claridad: el olor a palomitas, el sonido del proyector… y cómo, al salir, su madre le había dicho que esperaba poder llevarlo otra vez. Nunca llegaron a hacerlo.

Inhaló hondo.

2:55 p.m.

No se sorprendió de que Hendery no estuviera.
El omega tenía una relación… complicada con la puntualidad.

Se detuvo frente a la cartelera del cine.
Las luces parpadeaban sobre los títulos de las películas, en inglés y chino. Se preguntó si Hendery entendería los subtítulos. Tal vez podría traducirle algunas frases.
O… tal vez sería más sencillo caminar por las calles cercanas, mostrarle los alrededores, como habían planeado originalmente.
Pero si iban al cine… ¿no parecería una cita?

«Tranquilo. No es una cita», se dijo, tensando la mandíbula.

El tiempo pasó con lentitud. Diez minutos.
Pensó en enviarle un mensaje, pero justo entonces escuchó unos pasos apresurados acercarse, y una voz familiar rompió el bullicio.

—¡Gege!

ZhanYu giró justo a tiempo para ver a Hendery correr hacia él, agitando una mano, con el cabello rubio algo desordenado por el viento y las mejillas ligeramente encendidas por la carrera.

—Lamento la demora… mis papás me entretuvieron—explicó, respirando agitado.

ZhanYu lo observó detenidamente. El corazón le dio un salto involuntario.
Sin el uniforme, los colores suaves hacían resaltar su cabello rubio y los ojos brillantes que, por un instante, lo dejaron sin palabras.

—No te preocupes —respondió con una leve sonrisa—. Acabo de llegar.

Los ojos azules de Hendery brillaron, y el rubor de sus mejillas aumentó apenas.
Pensó, sin poder evitarlo:
“Gege se ve tan… tan distinto sin el uniforme.”

—Pensé que te irías sin mí —bromeó, aunque por un instante sonó verdaderamente preocupado.

ZhanYu negó suavemente.

—Nunca haría eso.

Por un segundo, el silencio se extendió entre ambos, roto solo por el murmullo de la gente entrando y saliendo. Hendery jugueteó con el borde de su camiseta, sin saber qué decir, hasta que levantó la vista.
—¿Entonces… qué haremos? —preguntó Hendery, balanceándose ligeramente de puntas.

El alfa dudó un segundo, mirando la cartelera iluminada.

—¿Has ido al cine aquí antes?

Hendery negó.

—No aquí. En Vancouver sí iba bastante, con mis amigos. Los cines allá son enormes. Y fríos —rió, abrazándose un poco por costumbre—. Siempre llevaba un abrigo ligero… que hoy olvidé.

ZhanYu desvió la mirada un momento.
Ese comentario —“mis amigos”, “Vancouver”, “abrigo”— le recordó cuán distinto era ese mundo al suyo.
Hendery hablaba con naturalidad, sin presumir; simplemente contaba su vida.
Pero ZhanYu no pudo evitar sentir una ligera incomodidad en el estómago.

—Ah… entonces esto debe parecerte simple —murmuró.

—¿Eh? —Hendery inclinó la cabeza, genuinamente confundido.

ZhanYu carraspeó.

—Digo… podemos ver una película, o solo caminar. Como quieras.

—¡Una película está bien! —respondió el omega demasiado rápido—. Digo… me gustaría verla contigo.

ZhanYu asintió, tratando de disimular su propio nerviosismo.
—Entonces veamos algo.

Caminaron lado a lado hacia las taquillas.
El omega, sin querer, notó que sus pasos se sincronizaban, y esa simple coincidencia le hizo sonreír. “¿Esto cuenta como una cita?”, se preguntó, sin atreverse a decirlo en voz alta.

El aire en esa parte del centro comercial era más fresco, y Hendery notó un soplo de aire acondicionado que lo hizo suspirar con alivio.
—Ah, tienen aire aquí —comentó distraídamente—. Se siente como en casa.
—¿En casa? —preguntó ZhanYu, curioso.
—Sí, en Vancouver siempre hay aire en los cines… incluso en invierno —rió el omega, mirando las luces del techo—. Mis amigos se quejaban de que siempre hacía demasiado frío, pero a mí me gustaba, aunque creo que el de aquí es algo más fuerte ¿No?

ZhanYu asintió en silencio.
No sabía si sentirse inseguro o tranquilo por lo natural que Hendery hablaba de su vida anterior. “Para él esto no es nada. Seguro ha ido a decenas de cines más grandes, más cómodos, con gente que habla su idioma”, pensó con una punzada de algo que no quiso llamar celos.

Cuando llegaron a la taquilla, preguntó:
—¿Qué quieres ver?
—Lo que tú elijas —respondió Hendery, encogiéndose de hombros.
Por dentro, su mente iba a mil. “¿Algo romántico? No, eso sería muy obvio. ¿De terror? Así podría… no, no. ¡Cálmate, Hendery!”

ZhanYu, mientras tanto, pensaba lo opuesto. “¿Qué le gustará? ¿Algo tranquilo? No quiero que se aburra… ni que piense que es algo más.”

Finalmente, eligió una película de aventuras con subtítulos en inglés.
Pagó las entradas sin pensarlo demasiado. Bueno, tal vez un poco sí: sintió el peso del billete al entregarlo y recordó que tendría que ahorrar la próxima semana. “Vale la pena”, se dijo, sin admitir por qué.

—Gege, yo invito las palomitas —dijo Hendery al ver que ya tenía los boletos en mano.
—No es necesario. Yo te invité.
—Pero gege… —protestó el omega, preocupado.
—No te preocupes. Lo hago porque quiero —respondió él, con esa serenidad firme que a veces desarmaba a Hendery más que cualquier sonrisa.




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