Tianjin, Heping – Estación Heping Guangchang
El tren se detuvo 10 minutos después con un leve chirrido metálico, el movimiento hizo que Hendery abriera los ojos lentamente.
Parpadeó, confundido, al notar dónde estaba.
—Ah… ¿me dormí? —preguntó con una sonrisa adormilada.
—Un poco —respondió ZhanYu, sin mirarlo directamente—. No te preocupes, ya llegamos.
El omega se frotó los ojos, apenado.
—Lo siento, gege… debí darte sueño.
—No —dijo él, casi sin pensarlo—. No fue molestia.
Hendery sonrió, aún medio dormido, mientras se ponía de pie. ZhanYu esperó a que bajara primero, siguiéndolo de cerca.
El alfa miró hacia el pasillo, sorprendido por la cantidad de personas que esperaban para subir. La estación estaba mucho más concurrida de lo habitual: voces entrecruzadas, pasos apurados, el sonido lejano de un anuncio por los altavoces.
—Hay mucha gente —advirtió, girándose hacia Hendery, que apenas asomaba la cabeza por detrás de su hombro—. Cuidado, no te vayas a perder.
—Sí… —respondió el omega, en un tono bajo. Su incomodidad era evidente.
Desde que había llegado a China, apenas usaba transporte público. Su rutina se había limitado a taxis o al auto de su padre; nada de multitudes ni pasillos abarrotados. El caos de la estación le resultaba abrumador, y el constante empuje de la gente hacía que su respiración se acelerara.
ZhanYu lo notó enseguida.
El omega mantenía los hombros tensos y miraba hacia el suelo, esquivando miradas.
El alfa apretó los labios, avanzando con cuidado entre la multitud.
—Vamos —dijo con decisión.
Sin pensarlo, extendió la mano y tomó la de Hendery.
El gesto fue firme, seguro, pero no brusco. Sus dedos se entrelazaron de forma natural, como si hubieran hecho eso muchas veces antes.
El corazón de Hendery dio un salto inmediato.
El calor que emanaba de la mano de ZhanYu era tan reconfortante que por un momento se olvidó del ruido, del gentío, de todo. Solo existía ese tacto cálido guiándolo, abriéndose paso entre el tumulto.
Bajó la cabeza, avergonzado, intentando esconder el rubor que le subía por las mejillas.
“Es solo una mano… pero su mano es tan cálida…”, pensó, apretando un poco más, sin darse cuenta.
ZhanYu, concentrado en avanzar, no comentó nada. Pero a pesar de su semblante serio, sentía una extraña calma.
La mano de Hendery era pequeña y suave, casi frágil, pero no temblaba. Se aferraba con confianza. Esa confianza le provocó algo en el pecho: una sensación de responsabilidad… o tal vez de orgullo.
Finalmente salieron al aire libre. El ruido del subterráneo se desvaneció, reemplazado por el murmullo distante de la ciudad y el viento de la noche.
Hendery respiró hondo, sintiendo cómo la tensión se deslizaba de sus hombros.
—Lo siento —dijo ZhanYu, soltando un leve suspiro—. No sabía que habría tanta gente.
—No te preocupes, gege. Fue… divertido —respondió con una sonrisa tímida, aunque la palabra divertido apenas le hacía justicia al torbellino de emociones que sentía.
ZhanYu arqueó una ceja, incrédulo, pero no replicó.
—Dijiste que tu casa estaba cerca de aquí, ¿verdad? Te llevo.
—N-no es necesario —titubeó Hendery—. No quiero quitarte más tiempo.
—Claro que lo es —replicó el alfa, sin dudar—. Te invité a salir, así que lo correcto es dejarte en casa.
Las palabras resonaron en la mente del omega.
“Te invité a salir.”
El corazón de Hendery dio otro brinco, y una sonrisa suave se dibujó en sus labios.
Entonces… ¿sí era una cita?
—Está bien. Vivo a unas calles de aquí.
—Perfecto —respondió ZhanYu, dando un paso al frente.
Fue entonces cuando notó algo: aún sostenía su mano.
El movimiento se detuvo de golpe. Ambos bajaron la mirada al mismo tiempo, y el contacto cobró una nueva consciencia.
—Oh… —ZhanYu carraspeó, soltándola enseguida—. Lamento haberte tomado la mano sin preguntar.
—No importa —respondió Hendery rápidamente, riendo nervioso—. En realidad… me ayudó mucho.
El alfa asintió, sin saber qué más decir.
Caminaron el resto del trayecto en silencio, aunque no era incómodo.
El viento soplaba con suavidad, arrastrando el olor de los árboles y las luces de los faroles titilaban sobre el pavimento. Ambos estaban perdidos en pensamientos que no se atrevían a compartir.
ZhanYu, serio, caminaba con las manos en los bolsillos.
“Olvidé soltarla… pero se sintió bien.”
Miró el suelo, sonriendo apenas. “¿Será que todos los omegas son así de cálidos?”
Hendery, en cambio, apenas podía contener la sonrisa.
A cada paso revivía la sensación del contacto, la calidez de esos dedos envolviendo los suyos.
“Hoy fue tan bonito… ¿también le habrá gustado a él?”
Llegaron a la casa de los Lu poco después.
Las luces del jardín proyectaban un brillo dorado sobre los rosales del camino, y el aire tenía ese aroma limpio que solo existía en los barrios tranquilos.
Hendery se detuvo frente a la puerta.
—Es aquí —dijo en un murmullo.
ZhanYu levantó la vista y observó la fachada con atención. Era una casa amplia, elegante, de líneas occidentales. No era difícil notar la diferencia con su propio hogar, pero a él no le causó incomodidad; solo curiosidad.
Lo que sí lo detuvo fue la expresión de Hendery.
Sus ojos brillaban bajo la luz cálida, y la sonrisa que acompañaba ese brillo era tan genuina que por un segundo ZhanYu se olvidó de todo.
—Gracias por hoy, ZhanYu gege —dijo el omega, entrelazando las manos al frente—. Me divertí mucho.
—Me alegra escucharlo —respondió el alfa, su voz más baja de lo habitual. Algo dentro de él vibraba con fuerza, aunque no sabía nombrarlo—. Espero que te haya servido para conocer mejor la zona.
Hubo una breve pausa. Ninguno se movía.
El viento nocturno sopló entre ambos, levantando el cabello de Hendery.