Julio 30, 2001
Tianjin, Hongqiao – Casa Huang
El zumbido del teléfono rompió el silencio disciplinado de la habitación de ZhanYu.
El alfa levantó la vista del cuaderno de matemáticas que llenaba su escritorio. Eran casi las nueve de la noche, y, como cada día desde que iniciaron las vacaciones de medio año, se había propuesto adelantar materia antes del segundo semestre.
Tomó el teléfono sin muchas expectativas, pero al ver el nombre en la pantalla, la rigidez de su postura se relajó.
Hendery Lu:
Gege, ¿te gustan los duraznos?
ZhanYu arqueó una ceja.
La pregunta parecía salida de la nada, pero sonrió. Desde hacía semanas, Hendery encontraba cualquier excusa para escribirle.
Gege:
Sí. ¿Por qué preguntas?
El mensaje de respuesta no tardó.
Hendery Lu:
Porque me sobraron algunos de la cena y pensé en llevarlos mañana. Así no gastamos en snacks, ¿qué opinas?
ZhanYu no pudo evitar sonreír ante la lógica práctica del omega.
Era exactamente el tipo de razonamiento que él apreciaba… y sin embargo, le hacía gracia lo ingenuo que sonaba en Hendery.
Gege:
Suena bien. Aunque no hace falta que traigas nada, solo con verte me basta.
Apenas presionó “enviar”, se quedó mirando la pantalla, dudando.
¿En qué momento había empezado a escribirle así?
Desde que salieron juntos la semana anterior, sus mensajes parecían salir sin filtro, con una naturalidad que no reconocía en sí mismo.
No era el tipo de cosas que él decía. O al menos, no solía decir.
El teléfono vibró de nuevo.
Hendery Lu:
Jajaja, claro, gege. Mañana a las 3, ¿en el Parque Qinghe?
Gege:
Ahí estaré.
ZhanYu dejó el móvil sobre la mesa, pero una leve sonrisa se quedó en su rostro.
Por alguna razón, el simple hecho de pensar en verlo lo tranquilizaba.
Y eso, para alguien tan estructurado, era… inquietante.
Poco después, otro mensaje apareció en la pantalla.
Esta vez, el remitente no lo hizo sonreír del mismo modo.
Jian:
¿A qué hora nos reunimos mañana en la biblioteca? Si puedes temprano, llevo los apuntes de física.
ZhanYu se quedó quieto.
Durante las vacaciones, estudiar con Jian en la biblioteca estatal se había vuelto parte de su rutina diaria.
Ella nunca fallaba en recordarle el horario, y él nunca fallaba en cumplirlo.
Era lo más natural del mundo.
Pero mañana no quería ir.
No podía.
Sus dedos se movieron con cierta lentitud.
Yuu:
Mañana no podré. Tengo que ayudar a mi madre con unas cosas.
Miró el mensaje antes de enviarlo.
Era una excusa simple, convincente… pero no del todo cierta.
Y mentir no era algo que hiciera.
Aun así, presionó “enviar”.
No pasaron ni dos minutos antes de que llegara la respuesta.
Jian:
Oh, entiendo. Entonces te veo pasado mañana. Saludos a tu mamá.
ZhanYu soltó un suspiro, dejando el teléfono boca abajo.
No era culpa de Jian. Era una buena amiga, y se había vuelto su compañera más constante desde el año pasado.
Pero desde que Hendery llegó, algo en su rutina se sentía… alterado.
Pensaba en él más de lo necesario: en su forma de reír, en lo torpe que era para hablar chino, en los mensajes que siempre empezaban con algo trivial y terminaban haciéndolo sonreír.
Y aunque no entendía por qué, esas pequeñas cosas le daban una calma extraña.
No sabía si era simple simpatía, una preocupación natural o algo más que no lograba identificar.
Solo sabía que, últimamente, todo parecía volver a Hendery.
***
Tianjin, Heping — Residencia Lu
En el otro lado de la ciudad, Hendery giraba en su cama, incapaz de conciliar el sueño.
Había leído la conversación con ZhanYu al menos veinte veces antes de dejar el teléfono sobre la mesita de noche.
Lo había tomado como una broma, pero cada vez que lo recordaba, el corazón le latía más rápido.
Sabía que para ZhanYu aquello probablemente no significaba nada, pero para él…
Para él lo significaba todo.
Enterró el rostro en la almohada, reprimiendo una sonrisa que se le escapaba igual.
Nunca antes alguien le había dicho algo así, y menos con ese tono tranquilo y sincero que tenía su gege.
No era coqueto, ni exagerado. Era simplemente… bonito.
Cerró los ojos, pero no logró dormir enseguida.
Entre pensamientos, imaginó cómo sería verlo al día siguiente, qué ropa usaría, si debía llevar los duraznos en una bolsa o en una caja.
El nerviosismo y la ilusión se mezclaban como un nudo en el pecho.
A la mañana siguiente, Hendery despertó con una sonrisa que no lograba esconder.
La luz de la mañana entraba por los ventanales, iluminando el comedor donde sus padres ya lo esperaban.
Como todos los días, la familia Lu desayunaba junta: era una regla no escrita, un momento que, sin importar la carga de trabajo o los horarios, siempre se respetaba.
—Buenos días, cariño —saludó Amelia, sirviendo café con la elegancia distraída de quien ya piensa en la oficina.
—Dormiste bien, hijo —añadió WeiRong, leyendo el periódico, aunque alzando la vista lo suficiente para dedicarle una sonrisa breve.
Hendery asintió, tratando de ocultar su leve rubor.
En realidad, no había dormido casi nada.
Se quedó despierto hasta tarde, mirando el techo, repasando una y otra vez el mensaje que había recibido la noche anterior.
“Solo con verte me basta.”