Nuestro Destino |abo|

Capitulo 14: Momento equivocado

Agosto 8, 2001
Tianjin, Nankai – No.7 International Senior High School

El patio de la escuela estaba tranquilo.
Los sonidos habituales de los estudiantes se habían disipado a medida que la tarde avanzaba. El sol descendía con lentitud, tiñendo los ventanales del edificio de un dorado cálido que parecía envolverlo todo.

ZhanYu estaba sentado en una de las bancas cercanas al camino principal, con el uniforme perfectamente ordenado y la mochila apoyada a un lado.
Su expresión, normalmente seria, parecía más relajada; sin embargo, su mente estaba lejos de estar en calma.

—¿Por qué lo invité a tomar un helado? —murmuró para sí mismo, dejando escapar un suspiro.

Sabía que debería estar en la biblioteca, revisando el temario de matemáticas o adelantando ejercicios. Pero no...
La imagen de Hendery sonriendo cuando le hizo la invitación se repetía una y otra vez en su cabeza.
Una sonrisa luminosa, sincera, que desarmaba su lógica sin pedir permiso.

El simple recuerdo le curvó los labios en una pequeña sonrisa inconsciente.

Ridículo.

Negó para sí justo cuando escuchó pasos apresurados acercarse por el sendero.

—¡Gege! —la voz familiar lo sacó de su ensimismamiento.

Hendery llegó corriendo, con el cabello rubio revuelto por el viento y el aliento entrecortado. Su rostro estaba levemente sonrojado por el esfuerzo, y los tirantes de su mochila se le deslizaban por un hombro.

—¡Lamento la demora! —exclamó, inclinándose hacia adelante mientras apoyaba las manos en las rodillas—. Qiang Hao no quería soltarme —añadió con un suspiro cansado, casi risueño.

ZhanYu lo observó con calma, bajando la mirada un segundo hacia el mechón despeinado que le caía sobre la frente.
Negó suavemente con la cabeza.
—No te preocupes. Acabo de llegar —mintió, levantándose de la banca con su habitual serenidad.

Hendery sonrió con alivio.
—Menos mal —dijo, ajustando la correa de la mochila—. Entonces... ¿a dónde dijiste que íbamos?

—A una heladería no muy lejos —respondió ZhanYu mientras comenzaban a caminar uno junto al otro—. Su helado de chocolate es delicioso. ¿Es tu favorito, verdad?

Hendery lo miró sorprendido, su corazón dando un pequeño salto.
Solo lo mencioné una vez... pero lo recuerda.

El calor subió hasta sus mejillas.
—Sí —respondió, esbozando una sonrisa tímida—. Gracias por recordarlo.

ZhanYu solo asintió, metiendo las manos en los bolsillos. Caminaba con paso tranquilo, dejando que Hendery marcara el ritmo.
El omega hablaba animadamente de cosas triviales: los nuevos uniformes, las flores del jardín, un gato que había visto cruzar la calle esa mañana.

ZhanYu lo escuchaba en silencio, interviniendo de vez en cuando con comentarios breves.
Aunque no lo decía, disfrutaba de la compañía del omega.
Incluso si eso significaba sacrificar una tarde de estudio, sentía que algo en su interior se aliviaba cada vez que lo tenía cerca.

El sonido de sus pasos acompasados se mezclaba con el canto de los pájaros.
Por primera vez en mucho tiempo, ZhanYu no pensaba en horarios ni en metas.
Solo en lo extraño —y agradable— que resultaba no pensar en nada.

Llegaron a la heladería Muguang poco después.
El aroma dulce y fresco del lugar los envolvió en cuanto cruzaron la puerta: una mezcla de vainilla, frutas y galletas recién horneadas.
El local era pequeño, con paredes color celestes, algunas decoraciones relacionadas con helado y mesas redondas de madera clara. Una campanilla colgante tintineó suavemente cuando entraron, y el aire frío del refrigerador les rozó el rostro.

ZhanYu se acercó al mostrador y pidió sin dudar:
—Uno de chocolate y otro de… fresa.

Hendery lo miró, ladeando la cabeza con curiosidad.
—Pensé que no te gustaban los sabores dulces.

ZhanYu alzó una ceja, como si estuviera considerando sus palabras.
—No me gustan —admitió—, pero últimamente se me hacen agradables.

El heladero sonrió y comenzó a preparar los pedidos. Hendery, mientras tanto, rebuscó en su mochila.
—¿Cuánto es?

—Yo te invité, yo pago —respondió ZhanYu con firmeza.

Hendery se detuvo, algo avergonzado, bajando la mirada.
—Gracias —dijo en un susurro, recibió su helado con ambas manos.

ZhanYu pagó y, mientras recibía el cambio, hizo un cálculo mental rápido. Otra semana tomando el bus y caminando medio camino sería inevitable.
Pero cuando miró a Hendery —que probaba su helado con una sonrisa tan pura que parecía iluminar el local—, pensó con serenidad: Vale la pena.

Salieron del lugar y caminaron hasta unas bancas cercanas, bajo la sombra de unos árboles que movían sus hojas al paso del viento.
Hendery se sentó primero, girándose ligeramente hacia él.
—Gege, últimamente has sido muy amable conmigo —dijo con voz suave—. Me gustaría poder hacer algo por ti también.

ZhanYu sintió un leve cosquilleo en el pecho, aunque mantuvo su expresión neutral.
—Lo hago porque quiero —respondió con calma, casi rígido—. Solo... me gusta ser amable.

Hendery soltó una risa ligera, ladeando la cabeza.
—Me haces sentir como si fuera alguien especial.

ZhanYu desvió la mirada, incómodo por lo que esas palabras le provocaban.
—Bueno, lo eres —dijo finalmente—. Eres especial.

El rostro de Hendery se calentó, y una corriente de nervios recorrió su cuerpo.
Debería decírselo... si soy especial para él, entonces...

Pozo una mano sobre su regazo nervioso, dispuesto a hablar, pero antes de que pudiera hacerlo, ZhanYu se inclinó hacia él.
Con un gesto espontáneo, le rozó el rostro con la yema del pulgar, limpiando un poco de helado que se había quedado en su mejilla.

Hendery se quedó inmóvil.
La cercanía era tan repentina que sintió cómo el aire le abandonaba los pulmones. Sus pestañas temblaron y, por reflejo, cerró los ojos.
ZhanYu lo observó en silencio, fascinado por la expresión dulce del omega y por la suavidad inesperada de su piel.
El tiempo pareció detenerse.




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