Agosto 14, 2001
Tianjin, Nankai – No. 7 International Senior High School
El calor del verano envolvía la ciudad, pero ZhanYu sentía una fría incomodidad en el pecho que no lograba disipar.
Los días habían pasado desde la confesión de Hendery, y aunque el omega había comenzado a evitarlo, ZhanYu no podía dejar de pensar en él.
Aun cuando intentaba concentrarse en sus estudios, el recuerdo de aquella tarde lo perseguía en cada rincón del instituto.
El silencio entre ambos se había vuelto evidente, tanto que incluso los demás empezaban a notarlo.
El alfa se había convencido de que todo volvería a la normalidad.
Que Hendery, con su habitual dulzura, terminaría sonriéndole otra vez.
Pero no fue así.
Cada vez que lo veía cruzar los pasillos con Qiang Hao o su pequeño grupo de amigos, ZhanYu sentía una punzada incómoda.
Hendery desviaba la mirada con nerviosismo, fingiendo no haberlo visto, mientras Hao —siempre a su lado— le lanzaba miradas frías cada vez que pasaban cerca.
ZhanYu no sabía si era una advertencia o simple desconfianza, pero la intensidad en esos ojos ámbar lo incomodaba más de lo que quería admitir.
Y cuando, por accidente, sus ojos se cruzaban con los de Hendery, el omega solo alcanzaba a saludarlo con una inclinación torpe de cabeza antes de alejarse con prisa, como si temiera quedarse quieto demasiado tiempo frente a él.
Los murmullos en los pasillos tampoco ayudaban.
El rumor sobre Qiang Hao y el alfa de segundo año seguía corriendo por toda la escuela: un alfa de segundo año había terminado en la enfermería con una marca de mordida en el brazo.
El rumor decía que se había burlado de un omega de primero, y el beta había reaccionado sin pensarlo dos veces. Por supuesto ambos terminaron suspendidos por un día por pelearse.
ZhanYu no necesitó preguntar quién era ese omega.
Sabía que se trataba de Hendery.
Aquello lo dejó inquieto.
No porque desconfiara de Hao, sino porque le dolía no haber estado allí.
No tenía por qué involucrarse, lo sabía, pero la idea de que Hendery hubiera pasado por algo así sin su apoyo le revolvía el pecho.
“¿Por qué me siento así?”, pensó mientras miraba el teléfono que descansaba junto a sus apuntes, sin atreverse a marcar el número de Hendery.
La última vez que lo intentó, Hendery no respondió.
Los mensajes quedaron sin contestar.
Las llamadas cayeron en el vacío.
El alfa suspiró, frustrado, dejándose caer sobre el respaldo de la silla.
El calor pegajoso del verano no ayudaba, y aun así, él sentía frío.
Un vacío raro, como si algo se hubiera desprendido de su rutina y no supiera cómo volver a colocarlo.
Sin saber qué más hacer, decidió —una vez más— recurrir a Jian.
El tema ya se había vuelto recurrente entre ellos, tanto que ella ya ni necesitaba preguntarle de quién hablaba.
ZhanYu y Jian estaban sentados en la biblioteca, como casi todas las tardes.
El ambiente era silencioso, apenas interrumpido por el zumbido del aire acondicionado y el sonido de las páginas al pasar.
Ambos tenían los libros abiertos frente a ellos, aunque desde hacía un buen rato ZhanYu no había leído una sola línea.
Jian subrayaba con concentración, ajena a cómo él giraba el bolígrafo entre los dedos, distraído.
La quietud del lugar contrastaba con el desorden de sus pensamientos; por eso, al final, rompió el silencio.
—Jian —dijo ZhanYu finalmente, evitando mirarla directamente—. ¿Qué hago? No sé si fue mi culpa, o si realmente lo rechacé, pero no quiero que se sienta así.
Jian levantó la vista lentamente.
Una ligera sonrisa curvó sus labios, una que contenía un aire de frustración apenas disimulado, aunque la suavizó enseguida.
—ZhanYu —comenzó con tono sereno—, ya te lo dije. Hendery está bien. Solo está asimilando las cosas. Tú no correspondes a sus sentimientos, y eso le duele. Es normal.
—No estoy seguro de eso —replicó el alfa, frunciendo el ceño—. No me convence… no sé. Todo se siente más complicado de lo que parece.
Jian entrelazó los dedos sobre la mesa.
—Lo que sientes ahora, esa culpa, es normal. Es lo que pasa cuando rechazas a alguien —dijo con calma, aunque su voz sonaba forzada—. No es tan complicado, ¿no?
ZhanYu bajó la mirada, moviendo el bolígrafo entre sus dedos.
—No lo sé, Jian. Siento que… algo más está pasando. No le dije que no me gustara, solo… no supe qué decir. Pero esto que siento no es solo culpa. No puede serlo.
La beta lo observó en silencio, arqueando una ceja.
—¿Qué quieres decir con eso? Si no es culpa, ¿qué más podría ser?
El alfa se mordió el labio, buscando palabras que no encontraba.
—Es como… si me faltara algo cuando no está cerca —confesó al fin, bajando la voz—. Cuando lo veo, me siento bien, tranquilo. Pero cuando se aleja, es como si algo dentro de mí cambiara. No sé por qué me importa tanto. No debería.
Jian lo miró fijamente. Entendía perfectamente lo que él quería decir, pero se negó a aceptarlo.
Una punzada le atravesó el pecho, aunque no lo mostró.
—Eso es solo… —dijo tras una breve pausa, controlando el temblor en su voz—. Eso es lo que pasa cuando no correspondes a alguien. Tu mente te engaña, te hace pensar que sientes algo más, pero solo es culpa o empatía. No significa que lo ames o que lo desees de esa manera.
ZhanYu guardó silencio.
La explicación era lógica, como todo lo que Jian decía, pero no lo convencía.
La frialdad de sus palabras le sonó hueca, como si estuviera intentando convencerlo de algo que ni ella misma creía.
—¿Y si no es solo culpa? —preguntó, alzando la vista hacia ella—. ¿Y si lo que siento es algo… más? Algo que no sé cómo explicar, pero que me hace querer estar cerca de él. Me hace preocuparme por él como nunca antes por nadie.
Jian sintió cómo se le tensaban los hombros.
Su sonrisa se debilitó.