Nuestro Destino |abo|

Capitulo 16: Destinados

Agosto 17, 2001
Tianjin, Nankai – No. 7 International Senior High School

El sol de la tarde caía con fuerza sobre el patio del instituto. El calor hacía brillar el pavimento y el aire vibraba con un zumbido tenue de fondo.
ZhanYu caminaba por el corredor lateral, los libros bajo el brazo, con la intención de ir directo a la biblioteca.
Era un día cualquiera, o al menos eso parecía, hasta que algo detuvo su paso.

A unos metros, cerca de los árboles que bordeaban la cancha, distinguió una figura sentada en el césped.
Incluso desde la distancia, reconoció ese cabello rubio, el uniforme algo arrugado y la forma en que el omega mantenía la cabeza baja.
Hendery.

ZhanYu se quedó quieto. Hacía unos días que el omega lo evitaba. En los pasillos, fingía no verlo; en la salida, intento hablar con él para ver si podían fingir que todo estaba bien pero siempre que bajaba al salón de Hendery este ya se había ido, como si huyera de él.
Aun así, ZhanYu lo buscaba inconscientemente cada día, su mirada vagando sin querer por los pasillos solo para confirmar que seguía ahí.
Pero ahora… ahora verlo así lo inquietó. Había algo en su postura —los hombros encogidos, las manos apretadas sobre las rodillas— que lo hizo sentir una punzada en el pecho.

Iba a acercarse, pero se detuvo al escuchar risas.
Primero una, aguda, burlona. Luego varias, en coro. Voces adolescentes, ásperas, cargadas de burla.
Cinco chicos se aproximaban al omega, todos con esa actitud que ZhanYu conocía demasiado bien: la de quienes disfrutan de sentirse poderosos frente a alguien más débil.

—¿Qué pasó, Lu? —dijo el más alto, con una sonrisa torcida—. ¿Tu alfa se cansó de ti?

ZhanYu sintió cómo el aire se le atascaba en los pulmones.

Hendery no respondió. Solo apretó los puños con fuerza, los nudillos tensos, el mentón casi tocando su pecho.
Intentaba disimular, aguantar, hacer lo que siempre hacía: no provocar.

—Tal vez ni siquiera tienes un alfa destinado —añadió otro, con voz burlona—. ¿Quién querría estar atado a alguien tan patético como tú?

El grupo estalló en carcajadas.
ZhanYu se quedó inmóvil, pero el pulso en su sien golpeaba con fuerza.
Sabía de esos rumores, que molestaban a Hendery, los había escuchado tiempo atrás, pero como el omega nunca dijo nada, creyó que eran simples bromas.
Y él, idiota, pensó que mientras lo tuviera cerca, nadie se atrevería.

Hendery trago saliva y tomo algo de valor, como Hao siempre le decía.
—Por favor… váyanse —murmuró, casi inaudible.

—¿Qué dijiste? —preguntó otro, inclinándose hacia él—. No te escuchamos, repite.

—Dije que me dejen en paz… —susurró Hendery, la voz temblorosa, sin atreverse a levantar la cabeza.

El grupo rió más fuerte.
—¿En paz? —repitió el alto, acercándose más—. Vamos, míranos cuando te hablamos, omega.
Le tomó la barbilla con los dedos, obligándolo a levantar el rostro.

Hendery se encogió un poco, intentando apartarse sin hacer contacto visual, pero el gesto solo provocó más risas.

ZhanYu sintió un latigazo en el pecho.
Sintió cómo la sangre le hervía. El ruido del entorno desapareció, reemplazado por un zumbido sordo y el corazón empezó a martillarle las costillas.
Podía oír su propia respiración, pesada, irregular.
Su visión se redujo a eso: la mano del chico sujetando el rostro de Hendery.
Cada músculo de su cuerpo se tensó.
Quiso correr hacia ellos, arrancar esos dedos de encima, empujar, golpear, protegerlo. Podía imaginar perfectamente su puño estrellándose contra esa sonrisa arrogante, una, dos veces, la sangre cayendo al suelo.
En su mente se repitió una sola idea, salvaje, instintiva:
Suéltalo.
Su pie dio un paso adelante.
Pero se detuvo.

El ruido de su propia respiración le pareció un rugido.
Se obligó a contenerse, a quedarse quieto con los puños cerrados hasta doler.

No. No puedes. No aquí. No frente a él.
Pero la rabia era física, viva, como si algo dentro de él estuviera rugiendo por salir.
Tragó saliva, intentando controlar su respiración. Si se dejaba llevar, no sería diferente de ellos.
Pero cada segundo que pasaba, la rabia le quemaba más por dentro.
¿Cuántas veces tuvo que pasar por esto sin que yo lo viera?

El chico alto se inclinó más, con una sonrisa de superioridad.
—¿Ves? Sin tu alfa ya nadie te defiende. Ni siquiera debe soportarte, ¿verdad?

ZhanYu sintió el impulso de moverse, esta vez más fuerte.
Pero antes de hacerlo, una voz interrumpió el aire caliente con un golpe seco de sarcasmo.

—Wow, impresionante —dijo alguien con ironía—. Cinco genios contra un solo omega. ¿Así es como compensan sus complejos?

El grupo giró al unísono.
Qiang Hao estaba de pie a unos metros, con las manos en los bolsillos y una sonrisa tan tranquila que resultaba amenazante.
No era alto, ni musculoso, ni siquiera amenazante a simple vista. Pero en la escuela todos sabían una cosa: meterse con Qiang Hao nunca terminaba bien.

El chico alto frunció el ceño, soltando la barbilla de Hendery.
—¿Y tú quién eres?

Hao ladeó la cabeza, fingiendo pensarlo.
—El tipo que va a morderte si no te largas en tres segundos.

Chasqueó los dientes al aire. Un clac seco, rápido, tan real que uno de los chicos retrocedió instintivamente.

El más alto frunció el ceño.
—¿Y si no quiero?

Hao sonrió, sin perder la calma.
—Entonces te muerdo gratis. Y te juro que no me importa si me suspenden otra vez. Pregúntale al idiota de segundo año que todavía se pone manga larga para esconder la marca.

El grupo se quedó en silencio. Uno de ellos tragó saliva.
Sí, el rumor era cierto. Qiang Hao no medía las consecuencias cuando se trataba de defender a alguien.
Y su reputación no se debía solo a su carácter: cuando mordía, lo hacía en serio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.