Agosto 20, 2001
Tianjin, Nankai – No. 7 International Senior High School
El aire de la mañana estaba tibio, pero en el ambiente flotaba esa calma espesa que antecede a los días largos. El sol se filtraba entre los árboles del patio, proyectando sombras suaves sobre los pasillos del instituto. Los murmullos de los estudiantes llenaban el aire, y entre ellos, caminaban ZhanYu y Jian, uno al lado del otro, en silencio.
El alfa tenía el ceño ligeramente fruncido. Desde su conversación con su madre, no había logrado encontrar paz. Las palabras “compañero destinado” seguían dando vueltas en su cabeza, resonando con una fuerza que le resultaba incómoda. Cada vez que intentaba concentrarse en algo más, la imagen de Hendery volvía a interponerse, como si su mente lo buscara sin permiso.
Jian lo observó de reojo mientras caminaban. Sabía perfectamente en qué estaba pensando; lo veía en la forma en que sus pasos se volvían más lentos y su mirada se perdía en el suelo.
—Deja de darle tantas vueltas, ZhanYu —dijo al fin, cruzando los brazos con una mezcla de paciencia y fastidio—. Vas a terminar agotándote solo de pensar.
Él levantó la vista, sorprendido por la interrupción.
—Es que no sé qué hacer, Jian —respondió con honestidad, bajando un poco la voz—. Creo que me gusta. No... no creo, sé que me gusta. Pero no entiendo si esto es normal o si solo estoy confundido.
La beta suspiró y giró la cabeza hacia él.
—ZhanYu, no estás enamorado de Hendery —dijo con suavidad calculada, como quien busca razonar con un niño testarudo—. Solo estás confundiendo todo con culpa. Pasaste mucho tiempo con él, eso es todo. Es la primera vez que convives tanto con un omega, y ellos tienen esa forma de ser... envolvente. Si no eres cuidadoso, pueden hacerte sentir cosas que no son reales.
El alfa se detuvo unos segundos, mirándola con una mezcla de incredulidad y molestia.
—Eso no es cierto. —Su voz fue firme, más de lo que él mismo esperaba.
Jian se tensó un poco ante la réplica. ZhanYu rara vez la contradecía.
Él desvió la mirada, frotándose la nuca, intentando ordenar las ideas.
—No es eso, Jian. Es diferente. Estar con él... me calma, pero también me altera. Me hace pensar de otra forma. No se trata solo de su aroma o de su forma de hablar. Es como si... nada tuviera sentido cuando no está.
—ZhanYu, estás viéndolo con demasiada emoción —replicó ella, forzando una sonrisa—. Lo que sientes pasará.
—¿“Pasará”? —repitió él, con un tono casi dolido—. No creo que algo así se disuelva solo.
Antes de que Jian pudiera responder, una voz conocida interrumpió la conversación.
—Eso no “pasa” tan fácil, créeme —dijo Li WenJun, acercándose con paso tranquilo y una sonrisa socarrona.
Ambos se giraron.
WenJun llevaba las mangas de la camisa arremangadas, el uniforme algo desordenado y el aire confiado de siempre. Su tono era despreocupado, pero su mirada estaba atenta.
Su cabello castaño reflejaba la luz del sol, y sus ojos tenían ese brillo sereno que siempre parecía esconder más de lo que decía.
—WenJun —dijo Jian, frunciendo el ceño—. Esto no tiene nada que ver contigo.
—Claro que sí —respondió él con tranquilidad, inclinando ligeramente la cabeza—. Si puedo evitar que mi amigo cometa un error por miedo o por orgullo, claro que es mi asunto.
ZhanYu lo miró con leve desconcierto.
—No sabías de qué hablábamos.
—Oh, por favor —rió WenJun con naturalidad—. Se escucha desde el final del pasillo. Además, Jian habla como si diera clases de psicología emocional.
—Muy gracioso —murmuró Jian, apretando los labios —¿Y desde cuándo tú das consejos sobre amor, eh? ¿Desde tus gloriosas relaciones de dos semanas?
WenJun sonrió con un brillo divertido en los ojos.
—Vaya golpe bajo, Jian. Pero mira, esas “dos semanas” me sirvieron para aprender algo que tú todavía no entiendes. —Se cruzó de brazos con serenidad—. No importa cuánto dure una relación; lo importante es lo que sientes mientras la vives. Si te da paz, si te hace querer ser mejor, si te mueve algo aquí —se llevó una mano al pecho—, entonces vale la pena intentarlo, aunque duela después.
Jian bufó, rodando los ojos.
—Por favor, hablas como si fueras un experto en amor eterno.
WenJun sonrió con cierta tristeza que se asomó apenas un instante.
—No soy experto —admitió—, pero sé reconocer cuando alguien siente de verdad. Y créeme, ZhanYu no está confundido. Lo que tiene es miedo.
El alfa lo observó, sin decir nada.
Las palabras de WenJun tenían una calma distinta, como si hablara desde un lugar que conocía demasiado bien.
—¿Miedo de qué? —preguntó Jian, cruzando los brazos.
—De cambiar —respondió WenJun, sin apartar la vista de ZhanYu—. De aceptar que lo que siente lo va a hacer diferente. Y de perder el control, claro.
WenJun se detuvo frente a ellos y apoyó una mano sobre el hombro de ZhanYu.
—Escucha —dijo, ahora con un tono más serio—. No te voy a decir qué hacer, pero sí te voy a decir algo: si te gusta, no huyas de eso. Lo peor que puedes hacer es quedarte callado esperando que las cosas se arreglen solas.
El silencio cayó entre los tres.
ZhanYu bajó la mirada, como si sus palabras hubieran tocado algo que llevaba tiempo evitando.
—No estoy huyendo —murmuró, aunque ni él mismo lo creyó del todo.
WenJun arqueó una ceja, sin dejar de mirarlo.
—Claro que lo estás haciendo —dijo con naturalidad—. Y no solo de él, sino de ti mismo. Y si realmente te importa —continuó WenJun, con tono más suave—, entonces haz algo al respecto. No te quedes esperando a que todo se arregle solo. Eso solo termina dañando a los dos.
Mientras hablaba, su mirada se desvió brevemente hacia Jian, apenas un segundo, pero lo suficiente para que ella lo notara.
El gesto fue sutil, como si esas últimas palabras también fueran para ella.