Nuestro Destino |abo|

Capitulo 21: Sra. Lu

Octubre 30, 2001

Tianjin, Calles de Heping

El día había comenzado como cualquier otro.
El sol de otoño caía con suavidad sobre Tianjin, y el aire olía a pan recién hecho y hojas secas.
Para ZhanYu y Hendery, era una tarde más de esas que parecían pequeñas pero se quedaban grabadas en la memoria: sin prisas, sin planes, solo la costumbre de caminar juntos después de clase.

Habían pasado algunos días desde aquella conversación sobre sus padres. Ninguno había vuelto a mencionarla; era un tema que ambos comprendían sin necesidad de palabras.
Por ahora, preferían disfrutar de lo que sí sabían manejar: la calma, las sonrisas, la sensación de tenerse cerca.

A medio camino, Hendery se detuvo frente a una pequeña heladería de esquina, con un cartel pintado a mano y mesas redondas al aire libre.
—Hoy yo invito —anunció, con una sonrisa determinada que contrastaba con su voz dulce.

ZhanYu arqueó una ceja, sorprendido.
—¿Tú? No tan rápido. Yo siempre invito.

El omega, con un brillo travieso en los ojos, dio un paso adelante hacia el mostrador antes de que el alfa pudiera detenerlo.
—Tú siempre dices “yo invito, yo pago”. Así que hoy me toca a mí decir lo mismo.

El alfa suspiró, resignado, cruzándose de brazos.
—Eso es trampa.

—No, es estrategia. Aprende la diferencia —replicó Hendery, sacándole la lengua con una risa contenida.

La heladera detrás del mostrador los miró con una sonrisa discreta mientras el omega pagaba con orgullo por ambos.
Poco después, salieron con sus helados en mano, caminando juntos entre el bullicio del final de la tarde.
ZhanYu, aunque fingía molestia, no dejaba de mirarlo con esa expresión suya, mezcla de ternura y asombro.
Cada gesto de Hendery —la manera en que se limpiaba la comisura con una servilleta, la risa suave que escapaba sin querer— le resultaba fascinante.

Caminaron así hasta llegar al barrio tranquilo de Heping, donde las sombras de los árboles se estiraban sobre el pavimento y las casas parecían respirar paz.
El cielo ya comenzaba a teñirse de naranja, y el aire se volvía fresco.

Frente a la puerta de la casa Lu, Hendery se volvió hacia él con esa mezcla de timidez y alegría que lo caracterizaba.
—Gracias por acompañarme, gege. Siempre haces que mis días sean especiales.

ZhanYu sonrió, bajando la mirada un instante antes de responder:
—Eso debería decirlo yo. Cada momento contigo lo es.

Su voz fue tan sincera que Hendery sintió un nudo dulce en la garganta.
Ambos se quedaron ahí, de pie, mirándose con la torpe necesidad de prolongar el momento.
ZhanYu acarició el dorso de su mano con el pulgar; Hendery se inclinó apenas hacia él.
Sus labios se encontraron en un beso suave, tímido, que olía a vainilla y promesas.

Pero el sonido de un motor deteniéndose los sobresaltó.
El omega se separó al instante, sus ojos ampliándose de pánico.
Un automóvil gris acababa de estacionarse frente a la casa.

El corazón de Hendery dio un vuelco.
—Oh, no… —murmuró, apenas audible.

Del vehículo descendió Amelia Brooks-Lu, elegante como siempre, con su abrigo claro y su bolso al hombro.
Al principio sonrió, divertida al ver a su hijo en un momento tan íntimo.
—¿Quién diría que mi niño tiene novio? —bromeó para sí, mientras cerraba la puerta del auto.

Pero cuando sus ojos se posaron en ZhanYu, la sonrisa se congeló.
Su expresión cambió, imperceptible pero tajante: la mandíbula se tensó, y sus ojos analizaron al muchacho con una rapidez que no dejaba lugar a error.
Postura erguida. Mirada firme. Presencia controlada.
Y un olor inconfundible.
Alfa.

El aire pareció volverse más frío.
Hendery sintió el estómago cerrarse y, sin pensar, tomó la mano de ZhanYu, apretándola con fuerza.

—Mamá… —empezó con voz trémula—. Este es…

Pero no alcanzó a terminar.
ZhanYu, con educación impecable y tono sereno, dio un paso al frente.
—Mucho gusto, señora Lu. Soy Huang ZhanYu, el novio de Hendery.

Amelia lo observó en silencio por unos segundos que parecieron eternos.
Su expresión era perfectamente neutral, pero en sus ojos brillaba una mezcla de sorpresa y desconfianza.
—Ajá —respondió finalmente, con una cortesía tan fría que dolía.

Hendery sintió cómo la tensión se apoderaba del ambiente.
Podía ver en la forma en que su madre lo miraba que algo dentro de ella había despertado; ese temor antiguo que nunca había desaparecido del todo.

—Es tarde, Hendery —dijo Amelia, sin apartar la vista de ZhanYu—. Entra a la casa.

—Pero mamá, yo estaba…

—No voy a repetirlo.

El tono firme, esa autoridad que no admitía réplica, le devolvió al omega los recuerdos de su infancia: su madre, siempre fuerte, siempre protectora, siempre asustada de que algo pudiera dañarlo.
Bajó la cabeza y asintió.

ZhanYu dio un pequeño paso hacia adelante, sin intención de desafiarla, pero sí de suavizar la tensión.
—Entiendo que esto pueda ser inesperado —dijo con calma—, pero quiero que sepa que mis intenciones con Hendery son serias.

Amelia levantó una mano, cortando sus palabras sin siquiera mirarlo directamente.
—Esto no es algo que debamos discutir ahora.

Su voz sonó firme, pero debajo había un temblor imperceptible, una grieta de emoción contenida.
Volvió a mirar a su hijo.
—Hendery, adentro.

El omega tragó saliva. Quería despedirse de su novio, aunque fuera con un gesto, un “nos vemos mañana”, algo que rompiera la frialdad del momento.
Pero la mirada helada de su madre lo detuvo.

—Nos vemos mañana, gege… —dijo al fin, apenas en un susurro.

ZhanYu asintió, intentando mantener la calma.
—Claro. Cuídate, Hendery.

Lo vio entrar lentamente a la casa, la cabeza gacha y los hombros encogidos.
Amelia se quedó en la puerta, mirando al joven alfa con esa expresión distante, entre cortesía y advertencia.




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