Noviembre 7, 2001
Tianjin, Nankai – No. 7 International Senior High School
La relación entre Hendery y sus padres se había vuelto insoportablemente tensa desde aquella noche.
El aire en casa era distinto: más denso, más frío. Las conversaciones se habían reducido a lo esencial, y las sonrisas —esas que antes llenaban el hogar— habían desaparecido casi por completo.
En la escuela, el cambio no pasó desapercibido.
Hendery llegaba con los hombros un poco más encorvados, los pasos más lentos. Su voz, que solía tener un brillo constante, sonaba apagada.
ZhanYu lo notó desde el primer momento.
Intentó fingir normalidad, hablarle de trivialidades, pero cada respuesta del omega era un eco débil, una versión deslavada del chico que amaba.
Fue durante el descanso, en la mesa de siempre, cuando el silencio entre ellos se volvió demasiado grande para ignorarlo.
Ese día, ni Qiang Hao ni WenJun estaban cerca; ambos habían notado el ambiente y decidido dejarlos solos. WenJun obligo a Jian hacer lo mismo.
ZhanYu observó a Hendery con atención: el omega movía la pajilla en su bebida sin tomar un solo sorbo.
Su mirada estaba fija en algún punto del suelo, perdida.
El alfa respiró hondo, tratando de no sonar impaciente.
Extendió su mano, posándola suavemente sobre la de Hendery.
—Hendery… —su voz era baja, firme pero llena de calidez—. Dime qué está pasando. Sé que algo no está bien.
El omega alzó la vista lentamente, con ojos cansados.
Durante un instante pareció debatirse entre callar o hablar.
Sus labios se entreabrieron, pero no salió sonido alguno.
Solo después de un largo silencio, suspiró y bajó la mirada otra vez.
—Mis padres… —empezó, con voz apenas audible— Ellos no están de acuerdo con que esté contigo —confesó, con un hilo de voz.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos, pesadas, casi físicas.
ZhanYu frunció el ceño, sorprendido, pero no completamente.
Sabía que los padres de Hendery no los aceptarían tan fácil por lo que su novio le había comentado anteriormente… pero jamás pensó que su rechazo sería tan directo.
—¿Qué dijeron exactamente? —preguntó.
Hendery jugueteó con sus dedos, sin mirarlo.
No podía repetir las frases duras, las comparaciones, ni el tono de desdén con el que su padre había pronunciado la palabra “alfa”.
Así que optó por lo más simple.
—Solo… que no confían en ti. Que no creen que sea buena idea.
ZhanYu apretó los labios, conteniendo la molestia.
Su mirada se endureció apenas, aunque el gesto fue rápido, casi imperceptible.
—No deberían ponerte en esta situación… —dijo finalmente, su voz grave, controlada.
Hendery bajó aún más la cabeza, su tono cargado de culpa.
—Lo siento, gege. No sé qué hacer… —murmuró.
ZhanYu lo observó en silencio durante unos segundos que se sintieron eternos.
Verlo así —temblando, inseguro, tan lejos de su sonrisa habitual— le dolía más de lo que quería admitir.
Apretó un poco la mano del omega, buscando transmitirle calma.
—No tienes que disculparte —dijo al fin, con un tono suave pero firme—. Esto no es tu culpa.
Hendery alzó los ojos, temblorosos, llenos de impotencia.
—Pero ellos no van a cambiar, gege… —susurró—. No van a entendernos.
—Entonces haré que lo entiendan —respondió él sin dudar.
El omega lo miró sorprendido, con un dejo de miedo y esperanza entremezcladas.
—¿Qué… qué podrías hacer? Ellos ya tienen una idea de ti, y no creo que eso cambie fácilmente.
ZhanYu sostuvo su mirada. En sus ojos había una determinación serena, la misma que mostraba cuando hablaba de sus metas, de su futuro, de todo lo que planeaba construir a base de esfuerzo.
—Hendery, no me importa cuánto me tome —dijo, su tono más bajo, más íntimo—. Si tengo que demostrarles quién soy, lo haré. No por orgullo… sino porque te amo.
Las palabras golpearon directo en el pecho de Hendery.
Su corazón se aceleró, pero el peso de la realidad seguía allí, oprimiéndolo.
—Gege… —susurró—. No quiero que tengas que luchar contra mis padres por mí.
ZhanYu esbozó una pequeña sonrisa triste.
—No lo haré por ellos. Lo haré por nosotros.
El omega tragó saliva, con los ojos brillando.
Durante un momento, ninguno habló.
Solo se escuchaba el murmullo del comedor, el sonido de las hojas movidas por el viento, y el eco distante de las risas de otros estudiantes que no tenían idea de lo que estaba pasando frente a esa mesa.
ZhanYu entrelazó sus dedos con los de Hendery y, con un gesto tranquilo, presionó su mano contra su pecho.
—Confía en mí —dijo, con una convicción tan clara que incluso el aire pareció detenerse.
Hendery lo miró, con lágrimas silenciosas en los ojos.
Asintió, sin poder hablar, y apoyó la frente contra su hombro.
***
Más tarde ese día, cuando el último timbre del instituto sonó y los pasillos comenzaron a vaciarse, Hendery se quedó un momento en su asiento.
El murmullo de los estudiantes saliendo se mezclaba con el sonido de las hojas moviéndose afuera, y por un instante, deseó poder quedarse allí, en silencio, lejos de todo.
Pero sabía que no podía seguir cargando con eso solo.
Así que, apenas vio a Qiang Hao cerrando su mochila, lo alcanzó.
—¿Tienes un momento? —preguntó con una voz que intentaba sonar normal.
Hao lo miró de reojo, y con solo una mirada entendió que algo no estaba bien.
—Siempre tengo un momento para los dramas de mi mejor amigo —respondió, intentando aligerar el ambiente.
El omega sonrió débilmente, y juntos salieron del aula.
Caminaron hacia el jardín lateral, el lugar donde solían refugiarse cuando querían hablar sin interrupciones. Hendery se sentó en una de las bancas de piedra, mientras Hao se apoyaba de pie a su lado, cruzando los brazos.