Febrero, 14 – 2002
Tianjin, Heping – Feria de San Valentín del Haihe
El 14 de febrero amaneció con un cielo despejado, como si Tianjin hubiera decidido suavizar el invierno para esa fecha. En China San Valentín no se celebraba con tanta fuerza como el Qixi, ZhanYu sabía —porque Hendery lo había contado alguna vez— que en Canadá este día era importante.
Por eso él había elegido ese día para tener su “cita especial”. Luego de buscar mucho y con ayuda de WenJun, ZhanYu se enteró de que cada año instalaban una pequeña feria junto al río Haihe para las parejas jóvenes. Puestos de comida, juegos, luces colgantes… nada elegante, pero suficiente para convertir el Haihe en un lugar especial por una noche. Era perfecto.
El bullicio de la feria se escuchaba desde una cuadra antes. ZhanYu llegó primero, como casi siempre, ya que la feria quedaba en Heping Hendery le dijo que se encontraran ahí mismo, menciono algo sobre hacer algo con Qiang Hao antes de encontrase, así que ZhanYu no objeto.
Mientras esperaba, el alfa se sentía algo inquieto. No estaba nervioso por la cita en sí; estar con Hendery ya era parte natural de su vida. Pero sí se sentía un poco tenso, en ese modo reservado que le daba cuando quería que todo saliera bien.
Se acomodó el cuello de la chaqueta una vez más —costumbre que hacía sin pensarlo— y miró hacia la calle donde seguramente aparecería Hendery.
Solo con imaginarlo, el pecho se le aflojó y una sonrisa pequeña, involuntaria, le cruzó el rostro.
Y entonces lo vio.
Hendery apareció caminando con paso ligero, las mejillas rosadas por el frío y por la emoción. Llevaba un abrigo claro de lana suave, un suéter celeste pálido con cuello alto que hacía resaltar aún más sus ojos, y la bufanda blanca atada con un nudo flojo. Incluso su cabello parecía más ordenado que de costumbre, con ondas suaves que enmarcaban su rostro.
ZhanYu lo observó un segundo largo —demasiado largo— mientras el mundo alrededor parecía volverse lento.
Sintió algo extraño, una presión leve y silenciosa en el pecho. No era celos ni incomodidad con Hendery; era… una conciencia repentina.
Hendery se había arreglado. Mucho más de lo habitual. Se había tomado su tiempo para verse bonito —para él.
Y ZhanYu, con sus jeans oscuros, el abrigo negro algo gastado y el suéter que usaba para todo… bueno, no podía evitar notarlo. No era que le importara su propia ropa; nunca había pensado demasiado en eso. Pero al verlo allí, tan radiante, sintió por un momento que llevaba encima no solo el abrigo, sino todos los meses de repetir la misma ropa cuando no había uniforme que los igualara.
No dijo nada. No era algo que pudiera poner en palabras.
Aun así, cuando Hendery llegó a su lado, ZhanYu enderezó un poco la postura, como si eso fuera suficiente.
Así que simplemente sonrió, esa sonrisa suya, discreta y cálida, y alzó una mano para saludarlo.
—Hola —dijo, cuando Hendery llegó hasta él.
—¡Hola, gege! —respondió el Omega con entusiasmo, acomodándose la bufanda y mirándolo con los ojos brillantes—. ¿Llegaste hace mucho?
ZhanYu negó con la cabeza.
—Unos minutos.
Hendery asintió, y luego le ofreció la mano como si fuera algo nuevo, una costumbre que todavía le emocionaba repetir. ZhanYu la tomó con suavidad, sus dedos más grandes envolvieron los más pequeños con naturalidad.
—Mis papás me dejaron salir sin problemas —comentó Hendery mientras caminaban hacia la entrada de la feria—. Les dije que venía con amigos. No preguntaron más ya que Qiang Hao paso por mi.
ZhanYu lo miró de reojo.
—¿No se enojaron?
—No. Creo que todavía se sienten mal por la última vez. No quieren incomodarme, y... no sé, lo están intentando.
El Alfa asintió, sin decir nada más.
El ambiente de feria los recibió con luces de colores, olor a comida frita, algodón de azúcar, risas y sonidos de juegos mecánicos girando. Hendery soltó un pequeño “¡wow!” al ver una montaña rusa a lo lejos, y luego se volvió hacia ZhanYu con una mirada cómplice.
—¿Podemos subir a eso después?
ZhanYu asintió, divertido.
—Si no te da miedo, claro.
—¡Gege! No soy un bebé…
ZhanYu alzó una ceja.
—¿No lo eres?
—¡No! Aunque… si me asusto un poco, me puedes abrazar. Por si acaso.
El Alfa rió, bajito, y negó con la cabeza.
—Está bien, por si acaso.
La tarde transcurrió entre luces, risas y esos pequeños momentos que se quedan grabados sin que uno lo note. Hendery no podía dejar de sonreír; cada cosa simple —subir a la rueda de la fortuna, probar un algodón de azúcar, perder en un juego de aros— era motivo suficiente para mirarlo todo con ojos brillantes, como si el mundo fuera más bonito solo porque estaba al lado de ZhanYu.
Y ZhanYu, por su parte, aunque no era precisamente el alma de la fiesta, se dejaba llevar. No ganaba en todos los juegos, de hecho perdió más de los que esperaba, algo que le daba una ligera molestia competitiva, pero Hendery reía y le daba palmaditas animadas en la espalda como si fuese un gran campeón.
—Eres bueno, gege —le dijo tras perder por tercera vez en el tiro al blanco—. Solo que… el juego está claramente amañado.
ZhanYu entrecerró los ojos.
—¿Insinúas que el juego está mal diseñado?
—Es demasiado obvio —replicó Hendery con tono dramático, cubriéndose la boca como si fuera una doncella sorprendida—. Un Alfa tan talentoso no puede fallar a menos que el juego esté manipulado.
ZhanYu soltó una risa breve. Hendery lo había dicho en broma, pero ese tipo de frases dulces siempre le dejaban el pecho un poco más tibio.
Más tarde, en un juego de canastas, por fin logró ganar un pequeño peluche. No era gran cosa, un conejo blanco de orejas largas con un lazo rosa. ZhanYu lo tomó de manos del encargado y se lo ofreció a Hendery sin decir mucho, solo estirando el brazo y mirándolo con esa expresión suya de “toma, es tuyo”.