Marzo, 04 – 2002
Tianjin, Nankai – No. 7 International Senior High School
El aire de marzo aún guardaba un filo invernal en la ciudad. El cielo estaba despejado, pero el viento frío se colaba por los pasillos del instituto, obligando a los estudiantes a encogerse dentro de sus bufandas y abrigos. El bullicio del inicio de clases se mezclaba con el crujido de zapatos contra el suelo húmedo y el aroma tenue de tiza fresca que escapaba de las aulas abiertas.
Hendery avanzaba con paso ligero, el corazón acelerado por la ilusión. Volver al colegio siempre le parecía emocionante, pero este año tenía un brillo especial: sería otro ciclo al lado de ZhanYu. Claro, sabía que su alfa tendría más responsabilidades, que ahora estaba en el consejo y que el Gaokao se cernía sobre ellos como un gigante ineludible. Aun así, en su interior latía una convicción ingenua y dulce: todo saldría bien, porque estarían juntos.
A lo lejos distinguió una silueta conocida, ese cabello revuelto y la postura relajada.
—¡Hao! —lo llamó, agitando la mano.
Qiang Hao se giró apenas, lo suficiente para mirarlo con un gesto que rozaba el fastidio, aunque la comisura de sus labios se alzó en un saludo breve. Cuando Hendery llegó a su lado, el Beta lo recibió con su sarcasmo habitual.
—Pensé que ibas a llegar empalagando de la mano de tu alfa —dijo, cruzándose de brazos.
—Él vino más temprano, seguro está ocupado con el consejo —respondió Hendery con una sonrisa ligera.
—Claro… si no está estudiando, está representando a toda la escuela —murmuró Hao, rodando los ojos.
Caminaron juntos entre la multitud de estudiantes que se dirigían al patio central. No se habían visto mucho durante las vacaciones, y el Beta no tardó en soltar su queja más reciente.
—Por cierto —dijo Hao, cruzando los brazos con aire molesto—, ¿te acuerdas cuando le diste mi número a WenJun?
Hendery se encogió un poco de hombros, la sonrisa traviesa en el rostro lo delataba.
—Ah… ¿sí?
—Ese idiota se pasó todas las vacaciones escribiéndome. —Hao frunció el ceño—. Como si fuera su pasatiempo mandarme mensajes a todas horas.
—Seguro solo quería hablar contigo —dijo Hendery, conteniendo una risa.
—Pues que moleste a su novia entonces. —Hao soltó con sarcasmo—. Esa tal JingYi de la que me chismeaste… o ni siquiera ella aguanta todos sus mensajes y por eso me cayó la maldición a mí.
Hendery estalló en risas, llevándose una mano a la boca.
—¡Hao! No digas eso, ella sí lo quiere.
—Entonces que se lo quede solo para ella —replicó él, con un gesto de fastidio exagerado—. A mí que me deje en paz.
—Por cierto ¿viste a Jian? Dijiste que estaban en la misma academia durante las vacaciones—preguntó Hendery.
—La vi varias veces, pero hablamos poco. Mejor. Ya la tendré encima todo el año… fastidiando como siempre.
Antes de que Hendery pudiera replicar, un murmullo recorrió el patio. La ceremonia de inicio estaba a punto de comenzar. Los alumnos se acomodaron frente al escenario, y tras el discurso del director comenzaron a llamar a los representantes de cada curso.
Cuando el turno llegó a los de tercer año, Hendery contuvo el aliento.
Allí estaba ZhanYu.
Subió al estrado con paso firme, uniforme impecable, la postura erguida que imponía respeto sin necesidad de palabras. El maestro lo presentó como el mejor promedio del año anterior y el representante elegido para guiar a la promoción que enfrentaría el Gaokao.
Hendery sintió una oleada de orgullo que le hizo vibrar el corazón. Lo había visto en sus facetas más simples, en la rutina del día a día, en la calidez discreta de su habitación; pero verlo ahí, admirado por todos, lo hacía sentir que su gege brillaba más que cualquiera.
A su lado, Hao arqueó una ceja, inclinándose hacia él.
—Mira a los de primero —susurró con burla—. Todos con ojitos de cordero mirando a tu alfa.
Hendery frunció los labios, haciendo una mueca. Claro que lo había notado. La mayoría de los estudiantes miraban a ZhanYu con admiración, como si ya estuviera destinado a cosas grandes.
—Tranquilo —añadió Hao, divertido—. Si algún Omega de primer año intenta meterse en tu relación, peleamos.
El rubio no pudo contener la carcajada, negando con la cabeza.
—No hace falta. Sé que solo me ve a mí.
Y aunque lo dijo con tono ligero, había en sus ojos una seguridad firme, esa confianza que solo alguien enamorado de verdad podía sostener.
El resto de la mañana transcurrió con la normalidad propia del primer día: profesores repasando reglas, presentaciones breves y la sensación colectiva de que aún no empezaba lo difícil. Aun así, Hendery apenas podía concentrarse. El reloj parecía avanzar más lento de lo normal, y cada vez que pasaba la página de su cuaderno sentía que lo único que esperaba con ansias era la hora del almuerzo.
—No te emociones tanto —le advirtió Hao en voz baja cuando notó la sonrisa de su amigo—. Seguro tu alfa está ocupado con sus cosas del consejo.
—No importa —respondió Hendery, apoyando la barbilla en una mano—. Igual quiero almorzar con él, aunque sea un ratito.
Cuando por fin sonó la campana del mediodía, Hendery prácticamente salió con paso apurado hacia el pasillo, con Hao siguiéndolo a regañadientes.
—Pareces niño esperando dulces —refunfuñó el Beta, ajustándose la mochila al hombro.
—No es eso —replicó Hendery, aunque la sonrisa lo traicionaba—. Es que… me gusta almorzar con él.
Hao rodó los ojos.
—Ya te dije que seguro está ocupado.
Pero Hendery no lo escuchó del todo; sus ojos ya buscaban una silueta familiar. Y entonces lo vio.
ZhanYu caminaba hacia ellos, impecable como siempre, aunque con una carpeta de documentos en mano. Su expresión era seria, casi tensa, y aun así, cuando se detuvo frente a Hendery, algo en su mirada se suavizó.
—Gege… —susurró Hendery, feliz de verlo.