Abril, 07 – 2002
Tianjin, Heping – Residencia Lu
Eran las 8:30 de la noche y la casa estaba en silencio. Hendery no había cenado; no tenía apetito. Había dejado de llorar hacía rato, más por miedo a que sus padres subieran a verlo que por verdadera calma. Aun así, sus ojos seguían hinchados, rojizos, al igual que la punta de su nariz.
Cada vez que respiraba, sentía un pequeño ardor.
Cada vez que pensaba en la tarde perdida, el pecho se le hacía un nudo otra vez.
Se repetía que ZhanYu debía tener alguna explicación… pero la pantalla del teléfono seguía vacía. Ni un mensaje. Ni una llamada. Nada.
“Quizás estoy exagerando… siendo dramático…”
La idea se clavó como una espina.
Eran solo dos semanas ocupadas.
Solo dos semanas sin tiempo para hablar como antes.
Solo dos semanas en las que ZhanYu prácticamente no había podido verlo.
“Debo apoyarlo… ¿no? Él está haciendo todo esto por su futuro. Yo debería entenderlo. Aunque me duela… debo entenderlo.”
Pero entender algo no quitaba la soledad.
Ni la herida que había dejado esa espera silenciosa de dos horas.
Nuevas lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos cuando un golpecito seco lo hizo sobresaltarse.
Tok.
Miró a su alrededor, confundido.
Tok.
Provenía de la puerta de vidrio que daba al balcón.
Hendery parpadeó, sin estar seguro de haber escuchado bien. Se acercó, limpiándose las lágrimas con la manga antes de abrir la puerta.
El aire frío de la noche lo recibió… y también una figura conocida.
Allí, parado en la entrada de la casa, bajo la luz tenue del farol, estaba ZhanYu.
El alfa levantó la mano e hizo una pequeña seña, pidiendo que bajara.
El corazón de Hendery dio un vuelco extraño: mezcla de alivio, sorpresa… y algo más que no supo nombrar.
No sabía qué decir.
No sabía cómo sentirse.
Pero terminó asintiendo.
Si iban a hablar, tenía que ser cara a cara.
Tomó aire, se secó lo poco que quedaba de lágrimas y salió de su habitación en silencio. Bajó con cuidado, casi de puntillas, asegurándose de que sus padres siguieran en el estudio. Por suerte, la puerta seguía cerrada y se escuchaban hojas moviéndose y voces bajas discutiendo sobre trabajo. Era esa época del año en que andaban llenos de trabajo.
Hendery llegó a la puerta principal con el pulso acelerado.
Su mano tembló apenas al girar la manija.
Salió al exterior y la cerró detrás de él con suavidad, como si el mínimo ruido pudiera romper lo poco que quedaba de calma dentro de él.
ZhanYu estaba ahí.
Desalineado, con la ropa puesta a toda prisa, el cabello desordenado y un ligero sudor que no coincidía con la brisa fresca de la noche.
Era tan raro verlo así.
ZhanYu, al verlo, sintió un golpe en el pecho.
Hendery se había arreglado para su cita e incluso ahora seguía vestido quizás con la esperanza de que él llegara.
Pero además de eso… el omega tenía los ojos hinchados y rojos.
—Hendery… —la voz del alfa tembló apenas—. Lo siento. De verdad.
El omega bajó la mirada, esperando la explicación.
ZhanYu respiró hondo, como quien confiesa un crimen.
—Ayer me quedé hasta tarde… preparando material para las tutorías. Casi no dormí. Hoy, antes de salir, pensé en tomar una siesta de media hora… —apretó los dientes, frustrado consigo mismo—. Me quedé dormido. El teléfono se apagó. Mis padres no estaban para despertarme. Cuando abrí los ojos, ya era de noche.
Silencio.
Hendery tragó saliva.
—Ah… —fue todo lo que dijo al inicio.
Su voz sonaba pequeña.
ZhanYu dio un paso hacia él.
—No fue intencional. Nunca… nunca te dejaría plantado a propósito.
Hendery asintió, pero no con comprensión.
Con dolor.
—Entonces fue por eso —murmuró—. Por las tutorías.
ZhanYu sintió que algo estaba por romperse.
—Sí, pero… Hendery, escucha. Yo empecé con eso porque—
El omega levantó la mirada, por primera vez con un brillo de enojo contenido.
—¿Por qué empezaste? —preguntó con un hilo de voz que solo sostenía gracias al orgullo—. Ya estabas agotado. Ya casi no tenías tiempo. Y aun así decidiste… añadir más.
—Quería—
—¿Por qué? —lo interrumpió, temblando—. ¿Por qué quitarte tiempo de descanso y tiempo conmigo? ¿Por qué hacer eso?
ZhanYu frunció los labios, nervioso.
—Porque es importante. Para mí… para el Gaokao… y para ti.
Hendery abrió los ojos de golpe, herido.
—¿Para mí?
ZhanYu asintió, dando el golpe final sin darse cuenta.
—Quiero ahorrar más. Poder llevarte a lugares que te gusten, comprarte algo bonito, darte algo que mereces. No quiero que nuestras citas sean siempre sencillas. Quiero poder… darte más.
La respiración de Hendery se quebró.
—Pero yo no te pedí nada de eso.
—Lo sé, pero yo quiero hacerlo.
—¿Por qué? —la voz de Hendery tembló más fuerte—. ¿Por qué haces algo que no necesito? ¡Ya tengo de todo aquí, ZhanYu! Ya tengo cosas, regalos, lugares bonitos. Yo no quería nada de eso. Solo quería estar contigo.
ZhanYu sintió el primer pinchazo de dolor.
Un dolor que se mezcló con su cansancio, con su orgullo, con sus inseguridades.
—Hendery… estoy haciendo esto por ti. ¿No lo entiendes?
—¡No! —Hendery retrocedió un paso—. No lo entiendo. Me quitas el poco tiempo que teníamos por algo que a mí no me hace feliz. ¿Quién te pidió eso?
El alfa tragó aire áspero por la nariz.
Estaba cansado, física y mentalmente. Y ahora, además, se sentía… no valorado.
—Es fácil decir eso —respondió más frío de lo que jamás le había hablado—. Cuando nunca has tenido que esforzarte por nada.
Hendery parpadeó, como si lo hubieran abofeteado.
—¿Qué…?
Pero ZhanYu ya no podía detener lo que salía de su boca.
El cansancio le pesaba en los hombros, en los ojos, en el alma.