Abril, 10 – 2002
Tianjin, Nankai – No. 7 International Senior High School
Pasaron dos días desde la discusión, y aunque nadie sabía exactamente qué había ocurrido, el ambiente en Tianjin No. 7 International Senior High School estaba… raro. No incómodo a nivel escándalo, sino ese tipo de atmósfera que hace a los estudiantes bajar un poco la voz sin entender por qué.
La razón era simple:
dos personas que siempre se buscaban… ya no lo hacían.
Durante dos días completos, ZhanYu y Hendery no se habían dirigido ni una sola palabra.
Ni un gesto.
Ni una sonrisa.
Ni siquiera ese cruce de miradas que muchos fingían no ver pero que todos reconocían.
Y lo raro no era que estuvieran separados físicamente. Eso ya había pasado antes, con los horarios imposibles de ZhanYu. Lo raro era que ahora también estaban separados en presencia.
Ni un saludo discreto.
Ni un “¿ya almorzaste?”.
Nada.
Los estudiantes lo notaron inmediatamente.
Claro que lo notaron.
Hendery siempre había sido una figura llamativa en la escuela: el extranjero dulce, amable, que saludaba a todo el mundo y veía el lado bueno de cualquiera. Para algunos era adorable, para otros irritante, pero ninguno podía ignorarlo.
Y ZhanYu… bueno, ZhanYu era ZhanYu. El alfa respetado, el genio académico, el que imponía silencio sin abrir la boca.
Que esos dos no interactuaran era como si el reloj del patio dejara de sonar.
A varios les picaba la lengua para preguntar si habían terminado.
Pero nadie era tan tonto como para ir y preguntarle a ZhanYu.
El alfa no se veía molesto, pero sí más concentrado que nunca en sus cosas, como si estuviera blindado. Y si normalmente ya era reservado, ahora se veía francamente inaccesible.
Y a Hendery tampoco podían acercarse, porque Qiang Hao llevaba dos días poniendo cara de que iba a morder a cualquiera que se acercara con intenciones de chisme.
Literalmente morder.
No era metáfora.
***
La actitud de ZhanYu había sido la primera pista de que algo no iba bien.
No era que se comportara de forma extraña repentina; más bien era como retroceder un año.
Volver a ver al ZhanYu antes de Hendery:
callado, rígido, atento únicamente a su cuaderno, a su horario, a la siguiente clase.
Ni siquiera estaba dictando tutorías; dijo que las pausaría por falta de tiempo. Y todos sabían que si ZhanYu decía eso, era inútil intentar insistir.
Pasaba por los pasillos sin levantar la mirada.
Ni buscaba a Hendery, ni evitaba mirarlo.
Simplemente… actuaba como si no hubiera nada más que hacer excepto avanzar en línea recta.
Hendery era otro cuento.
Era evidente que estaba afectado.
Su forma de caminar era más lenta, su postura más recogida. Saludaba como siempre, con educación, pero sin esa calidez espontánea que lo volvía adorable incluso para quienes lo molestaban.
Y hablaba poco.
Muy poco.
El extranjero que antes llenaba el aire con risas, comentarios entusiastas, historias innecesarias y preguntas curiosas, ahora se mantenía pegado a Qiang Hao, mirando hacia el piso o hacia ningún sitio específico.
Apenas sonreía.
Y cuando lo hacía, Hao sabía que era una sonrisa que no llegaba a ninguna parte.
***
Para Hao, los últimos dos días habían sido un infierno emocional disfrazado de paciencia.
Él quería muchísimo a Hendery. Eso no estaba en duda.
Pero si no fuera así, ya lo habría agarrado de los hombros, le habría tapado la boca con papel higiénico y lo habría obligado a cambiar de tema.
Porque durante dos días, Hendery no había hablado de otra cosa que no fuera “la discusión con ZhanYu”.
Dos.
Días.
Completos.
Hendery contaba lo de la discusión.
Lo analizaba.
Dudaba.
Volvía a contarlo con un matiz distinto.
Recordaba otra frase.
Preguntaba si había dicho algo terrible.
Decía que no había querido sonar así.
Luego se culpaba.
Luego culpaba a ZhanYu.
Luego se volvía a culpar él mismo.
Y Hao escuchó.
Por supuesto que escuchó.
Le dijo a Hendery lo que pensaba: le dio perspectivas, lo calmo, incluso le dio un poco de humor.
Pero el tema volvía.
Y volvía.
Y volvía.
Y Hao se estaba hartando.
No de Hendery, jamás.
Sino de la situación, del silencio, de verlos sufrir sin moverse.
Cada vez que Hendery se ponía triste, Hao tragaba su molestia, respiraba profundo y decidía no ser tan honesto como solía ser.
Porque Hendery estaba herido.
Y cuando Hendery estaba herido, Hao no podía ser brusco.
Aunque quisiera.
Aunque cada fibra de su ser le gritara que estaba cansado del tema.
En un inicio incluso se molestó con ZhanYu, lo admitía sin problemas.
“¿Cómo va a quedarse dormido? ¿Cómo no va a avisarle? ¿Y cómo le dice eso?”
Pero conforme escuchó la historia completa y otra vez y otra vez, entendió más de lo que esperaba.
ZhanYu estaba cansado.
Realmente cansado.
Y la discusión había sido un choque directo entre dos formas completamente opuestas de amar y de preocuparse.
“Qué desastre de pareja,” pensó Hao más de una vez.
“Pero se quieren. Eso es lo peor… o lo mejor.”
—¿Crees que… debería hablarle hoy? —preguntó Hendery de pronto, en voz baja, mientras caminaban por el pasillo.
Era la tercera vez que hacía esa pregunta en la misma mañana.
Hao apretó los dientes antes de suspirar.
—No sé, Hen… —respondió, tratando de no sonar brusco—. Si sientes que debes hacerlo, hazlo. Si no, espera. Pero no te rompas la cabeza con esto todo el día.
Hendery bajó la mirada.
—No puedo evitarlo…
Eso ya lo sé, pensó Hao con cansancio silencioso.
Pero no lo dijo.
En su lugar, le puso una mano en el hombro.
—Solo… respira, ¿sí? Ya se arreglará.