—No pienso casarme.
La voz fría de Valentina Rossi llenó la enorme oficina de cristal mientras dejaba la carpeta sobre el escritorio.
Frente a ella, su padre apenas levantó la mirada de los documentos que estaba firmando.
—No te estoy preguntando, Valentina.
Ella soltó una risa seca, incrédula.
A sus veinticuatro años, Valentina era conocida por ser tan intocable como peligrosa. Dueña de una de las empresas tecnológicas más importantes del país, multimillonaria, elegante y completamente inaccesible.
Nadie la veía sonreír.
Nadie lograba acercarse demasiado.
Y ella prefería que siguiera siendo así.
—¿Un matrimonio por contrato? —preguntó cruzándose de brazos—. Suena desesperado incluso para ti.
Su padre cerró la carpeta lentamente.
—La familia De Luca quiere fusionar negocios con nosotros. Este matrimonio evitará problemas financieros y fortalecerá ambas compañías.
—Tengo suficiente dinero para comprar media ciudad.
—Y él también.
Eso llamó su atención.
Valentina guardó silencio unos segundos.
Conocía el apellido De Luca. Todos lo conocían.
Poder. Dinero. Influencia.
Y al frente de todo estaba Alessandro De Luca.
Frío. Intocable. Inteligente.
El hombre del que nadie conseguía información personal.
Perfecto para los negocios.
Peligroso para cualquier mujer.
—Ni siquiera lo conozco.
—Lo conocerás esta noche.
Valentina tomó aire lentamente, intentando controlar el enojo que quemaba dentro de ella.
Odiaba que decidieran por ella.
Odiaba perder el control.
Pero lo que más odiaba… era sentirse atrapada.
—Esto no significa que voy a enamorarme de él.
Su padre sonrió apenas.
—Eso espero.
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Esa misma noche, Valentina llegó al hotel más lujoso de la ciudad usando un vestido negro ajustado y una expresión imposible de leer.
Las luces elegantes, el sonido suave del piano y las miradas de la gente no le importaban.
Solo quería terminar con aquello.
Hasta que lo vio.
Alessandro De Luca estaba de espaldas, hablando con unos empresarios.
Traje negro.
Postura impecable.
Presencia dominante.
Y cuando giró lentamente hacia ella, Valentina sintió algo incómodo atravesarle el pecho.
Porque él era incluso más atractivo de lo que imaginaba.
Pero también parecía igual de frío.
Los ojos grises de Alessandro recorrieron a Valentina sin mostrar emoción.
Ni sorpresa.
Ni interés.
Eso le molestó más de lo que debía.
—Valentina Rossi —dijo él acercándose—. Finalmente nos conocemos.
Su voz grave le provocó un pequeño escalofrío que ella disimuló perfectamente.
—Esperaba a alguien menos arrogante.
Él sonrió apenas.
—Y yo esperaba a alguien menos hermosa.
Valentina entrecerró los ojos.
—¿Eso funciona con las mujeres?
—No intento impresionarte.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien no parecía intimidado por ella.
Y eso era peligroso.
Muy peligroso.
Alessandro tomó una copa de vino y luego habló con total tranquilidad:
—Solo hay una condición importante en este contrato.
—¿Cuál?
Él la miró fijamente.
—No enamorarnos.
Valentina sostuvo su mirada durante unos segundos antes de responder:
—No te preocupes. Jamás cometería ese error.
Pero ninguno de los dos imaginaba que el verdadero problema no sería el contrato…
Sería la manera en que empezarían a sentirse.
Editado: 01.06.2026